Si algo identifica el trabajo realizado en el taller de Pamela Videla, es la empatía que los objetos logran con las personas. Es que por alguna razón, quienes confían sus muebles para ser restaurados por el equipo de trabajo conformado por esta ebanista —sus hermanos y maestros— logran enamorarse con el resultado.
Es dueña de una sensibilidad especial para interpretar las necesidades de sus clientes y de los objetos, de modo que estos vuelvan a tener el encanto que los caracterizaba y logren el efecto de acoger a las personas que los ven al interior de sus hogares. En definitiva, “volver a establecer cierto lazo afectivo de la persona con el objeto”, según explica.
En el taller se reciben solicitudes para fabricar y restaurar todo tipo de mobiliario; aunque una opción muy interesante es atreverse a buscar algún mueble antiguo que espera ser descubierto en los galpones y rincones del extenso terreno en que se encuentran.
Sillas, mesas, veladores, respaldos de camas, cunas, estanterías, entre otros tantos objetos de maderas nobles como laurel, ciprés de las Guaitecas, lingue, raulí, por mencionar algunas; o de bronce, mimbre o fierro, esperan a quienes quieran descubrir su historia.
“Aquí se puede encontrar de todo”, nos advierten, mientras seguimos a un cliente que entró para buscar una rueda de carreta. También, vimos puertas y ventanas de casas antiguas, tinas de loza, marquesas, pupitres, radios con cubierta de madera. Todos ellos, objetos que nos salen al encuentro entre árboles de guayabas, damascos, naranjas, plantaciones de rosas y las habitaciones que funcionan como talleres, en el patio trasero de la casa de Pamela y su familia.
En el frontis, la tienda. Es allí donde se encuentran los trabajos terminados. Aquí se observa la intervención realizada y destaca el colorido de las telas y el trabajo de las pátinas en la madera, que es labor principal de Pamela.
PIEZAS ÚNICAS
Para Pamela, cada trabajo que realiza es un proyecto que la involucra al ciento por ciento. Hacerlo con amor, le permite plasmar toda su creatividad, configurar una pieza única y contagiar con su estilo de vida.
¿Por qué crees que las personas aprecian tu trabajo?
Creo que está en la lógica de que su objeto o mueble será una pieza única y equilibrada, ya sea por el color, la textura, el pulido.
¿Cómo logras esa conexión con las personas?
Mi trabajo tiene que ver con la felicidad. Yo debo ser feliz en lo que hago y lograr que otros también lo sean. Y para eso hay que empatizar con el otro. Para mí, es primordial la conversación con el cliente, el conocimiento de su casa, realizar un bosquejo que muestre los detalles involucrados para consensuar que calce con los espacios, colores de la casa, etc.
¿Tus clientes reconocen un estilo en tus muebles?
Dicen que son los colores que uso, la terminación o acabado de los muebles...
¿Que no se vean perfectos?
Exacto. No me gusta que se vea perfecto, porque lo perfecto está hecho por la máquina. En la imperfección está el carácter del detalle, eso es lo que le impregna su sello. Es trabajo de artesanos. No usamos máquinas para pulir, porque dañan y borran los tallados o sobre relieves de los decorados. Preferimos el raspado con vidrio, formones o pequeños discos con filamentos de alambre. En el tallado antiguo hay muchos detalles y en ellos se destaca la suavidad y armonía de las líneas.
Recuperar lo que un mueble antiguo tiene que decir, con sus líneas, colores y texturas originales o dar nueva vida a muebles faltos de energía, es parte del trabajo que realiza Pamela, pues su búsqueda está enfocada a ser un aporte a la armonía de los espacios y de sus habitantes.
“La restauración tiene que ver con sentir. Usamos tratamientos muy naturales como la cera de abeja o el barniz a base de goma laca (de semillas) que incentiva el color, protege la madera y hace que se vea lustrosa. Es una forma cuidadosa para que la madera transmita su energía.
¿Te guías por alguna tendencia?
Hay cosas que me gustan, colores que me fascinan y épocas por las que uno pasa, pero yo no me guío por tendencias. El amarillo que estuvo muy de moda hace un tiempo, ya cansó. Ahora viene toda la gama de los tonos cafés y azules. Los grandes diseñadores generan tendencias como una forma de vender. Para mí, en la decoración de una casa puede coexistir lo moderno, lo rústico y los objetos con más historia, siempre que la disposición de los elementos, el colorido y los distintos detalles generen un espacio de equilibrio y armonía. Lo más importante es la tendencia individual de cada ser, aquello que le haga feliz. Yo digo: “si usted abre la puerta de su casa y siente que su casa lo abraza, es porque su casa está equilibrada”.
VERDE INSPIRACION
“Hay muchas reflexiones que uno puede hacer si nos damos el tiempo para observar la naturaleza, para conectarnos con momentos que se vuelven esenciales porque enriquecen al ser humano”, explica Pamela. “Soy una persona que vive observando la naturaleza; para mí eso es un punto principal de motivación. Sin naturaleza no puedo vivir, estar en contacto con el verde de las plantas o escuchar los pájaros, me da la fuerza, el equilibrio y el deseo de hacer muchas cosas”.
¿Cuándo es tu mejor momento del día para trabajar?
Como ocurre en los observatorios cuando se abren las compuertas para mirar un universo de cosas, así siento que ocurre con mi mente en la noche. Entonces, me pasa que cosas que no he hecho en el día, las termino muy rápido en la noche. Fluye el ser más profundo y surgen con mayor facilidad las ideas que luego voy plasmando. Muchas veces los clientes me preguntan en qué plazo tendré los trabajos y, generalmente, no tengo la certeza.
¿Cómo comienza tu historia relacionada con la restauración de muebles?
Partí en esto, después de que me quedé sin trabajo. Era profesora de artes plásticas en un colegio, pero —como dicen—, gracias a Dios cuando una puerta se cierra, es para que otra se abra. Intenté postular a trabajos como profesora, pero no había ofertas, ya que disminuyeron las horas de esta asignatura en los colegios. Yo ruego que vuelvan a incorporarlas porque el arte equilibra y hace mejores a las personas.
¿Aprendiste del trabajo de tu papá y hermanos?
De toda la familia, partiendo por mi papá. Hipólito Videla era una persona muy reconocida porque trabajaba el mimbre de una forma maravillosa. Cuando perdí mi trabajo, vi la posibilidad de hacer algo con las hortensias que tenía mi mamá en la casa y que se iban secando. Le pedí a mi papá que me hiciera unos canastos para decorarlos con flores y, luego, se me ocurrió empezar a comprar algunos cachureos para arreglarlos para mi casa. Cuando los clientes de mi papá me comenzaron a comprar esos muebles, supe que debía seguir.
“Un día puse un aviso en el diario para que la gente viniera a mi casa a comprar. A la gente le gustó mucho y me felicitaron. Fue un momento muy potente para mí, porque me reforzó en las ideas que yo quería seguir haciendo y perdí el miedo. Eso fue hace treinta años atrás”, enfatiza.
En dos oportunidades realizó muestras fuera de su tienda y anhela que ello pueda volver a ocurrir, pero esta vez reuniendo a otros artistas para hacer un proyecto integrado.
¿Cuál es tu idea?
Que se pudiera montar una muestra generando un ambiente decorado con muebles, pinturas, cerámicas, esculturas, una diversidad de trabajos armonizados como si estuvieran decorando una casa. De esa forma, a las personas les llegaría mucho más este trabajo.
Pamela sueña con un espacio de artistas, para compartir ideas, ayudarse, motivar y enseñar. “Heredé de mi madre y de mi padre esos valores. Vi cómo mi madre tenía un jardín maravilloso, porque antiguamente todas las vecinas se compartían patillas, plantas... y lo vi en mi papá, que era un profesor innato. Entonces, yo también siento que debo sembrar”, comenta la ebanista.