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EDICIÓN | Octubre 2013

Sabor Natural

Nelson Yáñez, Papayas Yáñez
Sabor Natural

Hace cuarenta años, la cocina de su casa en Algarrobito se transformó en una especie de laboratorio de pruebas. Junto a su mujer, crearon su propia receta magistral, no solo para mantener las papayas en conserva, sino para preservar el auténtico sabor, color y calidad del reconocido producto estrella de la región. Este fue su éxito y lo que hoy marca la preferencia, tanto así, que la sala de ventas —a un costado de la carretera hacia el Valle—es parada obligada para miles de turistas que visitan esta zona, cada año. 

por Verónica Ramos B. / fotografía Patricio Salfate T.

Con una reciente quiebra de un negocio de abarrotes en la espalda, Nelson Yáñez (70) y su esposa, María Sonia Alzamora, encontraron, en la cocina de su casa, la habilidad y el talento que les cambiaría la vida. Afanados en dar el punto exacto de cocción y entre vasijas humeantes de frutosos aromas, fabricaron, primero, manjar casero, y luego, mermeladas de frutilla y de damasco.

En Algarrobito tierra rtil para el cultivo de la papaya— los patrones de los padres de María Sonia contaban, en aquel entonces, con varias hectáreas para la producción de esta fruta. “No teníamos mayor conocimiento de cómo elaborar productos con la papaya, así que comenzamos a experimentar y a buscar la forma de mantenerlas en conserva. No usamos productos químicos, tampoco preservantes, ni colorantes. Las guardamos para ver su comportamiento y nos resultó”, comenta Nelson Yáñez, y agrega que este proceso, ciento por ciento natural, fue el gran éxito del nuevo emprendimiento.

Cinco años después, la casa ubicada en la calle principal de Algarrobito, se convirtió en fábrica. Las papayas en conserva y el néctar fresco y concentrado de la fruta, a poco andar, se transformaron en los preferidos, para miles de clientes. “La gente se pasaba el dato y fue creciendo como una cadena. Nosotros no hacemos mayor publicidad. Quien prueba nuestros jugos, siempre vuelve”, afirma orgulloso don Nelson.

¿Qué marca la distinción de Papayas Yáñez?
Cada a existen s personas qu se dedican a la producción de la papaya. Hoy debe haber treinta personas que trabajan en esto y cuando empezamos con mi señora éramos seis papayeros. Nos prefieren a nosotros porque nuestro producto es natural, no tiene aditivos y su calidad es lo que sobresale. Los clientes nos dicen que el sabor marca la diferencia. Un detalle importante, nosotrono agregamos agua al jugo de papaya e, incluso, en las conservas su color es distinto, es un amarillo natural, porque no usamos colorantes.
 

APRENDER HACIENDO
 
Son cuarenta años de trayectoria en el rubro. Nelson Yáñez y su mujer iniciaron este largo camino e incorporaron también a sus hijos. Una empresa familiar que fue creciendo con la venta de sus productos a supermercados de la zona y, en ese entonces, a otras ciudades, entre ellas, Santiago, Concepción y Coyhaique. “Durante quince años, Papayas Yánez estuvo presente, además, en el Aeropuerto Internacional de Pudahuel. La persona que estaba a cargo dejó de tener ese local hace un año, así que dejamos de venderle nuestros productos”, enfatiza don Nelson.
 
¿Con esto también se hicieron famosos en el extranjero?
Estar en el aeropuerto nos hizo aún más conocidos. Imagínese que nos han hecho treinta y seis reportajes en televisión y no solo para el país, sino para el extranjero: Brasil, Perú, Argentina.
 
¿Le han ofrecido exportar sus productos?
En una oportunidad, me llamó un empresario de Estados Unidos y ofreció comprarme toda la producción. Yo me negué, porque esta empresa es nuestra creación y hemos puesto todo nuestro trabajo y sacrificio en ella. No le copiamos a nadie y llegamos a la calidad de este producto sin conocer nada del rubro, entonces ¡no es llegar y vender!
 
¿Le ofrecieron mucho dinero?
Por supuesto, pero aún así nos negamos.
 
¿Los clientes han sido su mejor publicidad?
Nuestros clientes nos han permitido que los turistas nos conozcan. Llevan nuestros productos a las familias como obsequios y eso va formando una cadena. La recomendación ha sido nuestra mejor publicidad.
 
¿Cuándo comienzan a incorporar la papaya en otros productos?
A los tres años comenzamos a agregar bombones de papaya y papaya confitada. Después fuimos agregando otros productos de elaboración propia con materia prima de la zona, tales como: dulce de membrillo, alfajores rellenos con manjar, turrón de coco, manjar en barras, cachitos de nuez, turrón de nuez, torta de higo y nuez y turrón de damasco, entre otros.
 
¿Y todo esto lo aprendieron haciendo?
Así es, experimentando... nada más.
 
¿Qué otros productos vinieron después?
Hemos preparado mistelas de almendruco, con aguardiente de cincuenta grados. Esto es muy sabroso, porque el almendruco se da solo en Chile, especialmente en el Valle de Elqui. Este duraznito pequeño es una segunda cosecha del mismo año y es de la mata del durazno blanquillo. Con esta fruta hacemos el licor, que se usa como bajativo. A la gente le gusta mucho, de hecho ahora está agotado.
 
¿En qué momento se suman los hijos a la empresa?
Tengo cuatro hijos y tres de ellos trabajan conmigo. Marcelo es jefe de personal, porque conoce todas las recetas; Exon es encargado de reparto y Verónica trabaja como secretaria.
 
¿Cuentan con su propio transporte?
Teníamos un pequeño furgón y hoy tenemos dos camiones nuevos.
 
¿Fue difícil trabajar sin conocimientos de administración?
Fuimos aprendiendo de todo en el camino y si era necesario pedíamos ayuda. Todo lo aprendimos solos.

 
MATERIA PRIMA
 
Hace diez años construyeron una sala de ventas, junto a la ruta que va hacia el Valle de Elqui y a escasos metros antes de Algarrobito. Los seiscientos cincuenta metros de la casa se convirtieron, finalmente, en la fábrica y en ella trabajan diez personas.
 
Actualmente distribuyen a varios super- mercados de la región; sin embargo, hoy se han encontrado frente a un nuevo escenario y que se relaciona con el producto estrella. “La mayor parte de la producción de papaya de la zona fue adquirida por una fábrica de Santiago, ellos compraron toda la cosecha de la temporada y eso nos bajó el ritmo de trabajo. Nos cuesta conseguir la materia prima”, enfatiza don Nelson.
 
¿Nunca pensaron tener su propia producción?
Hace poco un agricultor me ofreció producir papaya para nuestra empresa, en dos hectáreas. El compromiso es que yo le compre la fruta a él, de manera que eso me solucionaría en gran parte el problema. Tiene buena tierra y antiguamente tuvo plantaciones de papaya así que sabe del tema. Vamos a firmar muy pronto el contrato.
 
¿Siempre ha tomado las decisiones correctas?
Creo que sí, siempre he sido muy mesurado y tranquilo, pero como es una empresa familiar decidimos en conjunto.
 
¿Y se da el tiempo para gratificarse?
Sí, con mi señora hemos viajado y nos hemos dado un tiempo para descansar, pero ahora con este problema de la fruta hemos estado más esclavizados. Cuando se solucione, pensaremos, tal vez, en retirarnos y que nuestros hijos sigan a cargo de la empresa.
 
¿Piensa jubilar?
Harta falta que nos hace (risas).
 
¿Se siente orgulloso de la empresa que formó?
Tenemos cerca a nuestros hijos, a los trece nietos y un bisnieto. Vivimos de esto, cuidamos nuestro trabajo, la gente nos estima y nos prefiere, entonces con eso más que orgulloso.
 
¿Cuál es su balance hoy, de este crecimiento?
Hemos avanzado mucho y es muy especial para mí, porque es un trabajo de la familia, donde todos aportan y las utilidades quedan en ella. Han sido años de bastante sacrificio y sobre todo en las temporadas de verano y en Septiembre, pero aún así es una gran satisfacción. 

 

 

“Los clientes nos dicen que el sabor marca la diferencia. Un detalle importante, nosotros no agregamos agua al jugo de papaya e, incluso, en las conservas su color es distinto, es un amarillo natural, porque no usamos colorantes”.

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