Leonel Villarroel Ortiz (48) es nacido y criado en La Serena. Para esta entrevista nos recibe amablemente en su hogar, junto a su esposa, compañera inseparable de vida y del arte.
“Aprendí solo”, señala orgulloso y reconoce que solamente terminó los estudios básicos. En esa búsqueda por encontrar su vocación y sustento, pasó por varios rubros probando suerte. Trabajó como cargador de verduras, albañil, gasfiter, incluso buzo, sin embargo y siendo lo último que aprendió, el oficio que más lo marcó fue el de soldador.
¿Cuánto tiempo lleva esculpiendo con chatarra y materiales reciclados?
Hace más de diecisiete años, imagínate que cuando empecé era el único en esta técnica.
¿Siempre supo trabajar con metales?
Aprendí a soldar hace veinte años. Trabajé en un campamento con un grupo de carpinteros, pero solo uno sabía de soldadura. Él me enseñó...fue casi como hacer un curso.
¿Pero se instruyó al respecto?
Mi padre era minero y cuando yo era pequeño lo observaba cuando reciclaba la chatarra. Nunca estudié. Fabricaba repisas y así fui tomando confianza con la soldadura.
¿O sea, es autodidacta?
Desde la infancia me gustó muchísimo el arte y las manualidades. Jugando, hacía caminos y casas en el piso, eran maquetas de materiales reciclados. Fui aprendiendo en el camino, siempre confiando en la creatividad que desde niño tuve a flor de piel.
MATERIA PRIMA RECICLADA
Cada vez que crea, lo hace consciente de que una figura nunca será igual a otra, debido a que no desperdicia ni un trozo de metal. Cada uno de ellos los consigue en talleres mecánicos y de bicicletas. Tiene una colección con cientos de diseños y formas que entremezclan la dureza del metal con la delicadeza de sus terminaciones.
¿Cómo llegó a elaborar esculturas?
Buscando una mejor fuente laboral, me acordé de cualidades que podía explotar: lo artístico y la soldadura. Pero debo reconocer que la idea de llevar esta técnica a las murallas fue de mi mujer. Ella es mi musa inspiradora.
¿Qué fue lo primero que confeccionó?
Ceniceros con forma de carrito. Luego, los amigos empezaron a pedir más diseños acorde a sus rubros. La gente me felicitaba y eso me demostró que tenía una idea de negocio.
¿Cuánto tiempo lleva esculpiendo con chatarra y materiales reciclados?
Hace más de diecisiete años, imagínate que cuando empecé era el único en esta técnica.
¿Qué materiales usa, por ejemplo, en los cuadros del Quijote?
El Quijote y Sancho están hechos de tubos de bicicleta, clavos, rodamientos y resortes. Clavos viejos forman las ramas de árboles, el tronco es de fierro de hormigón, la base de una plancha es el cuerpo del molino, canastillos de cubeta de rodamiento crean las aspas, cadenas de bicicleta dan vida al suelo y los marcos son de raulí, alerce, aplicaciones de cuarzo molido o piedras semi preciosas, todo reciclado.
¿Realiza algún tratamiento con los metales?
Si los fierros están oxidados o en mal estado, los limpio y los “chasconeo” (pulo) y si vienen de talleres los lavo, les saco la grasa y los soldo. Una vez terminada la figura se vuelve a pulir, luego se lava con aguarrás para que tome color y al final se rocía con pintura de laca para cuidar el metal de óxido.
DE MENOS A MÁS
Su afán por los detalles y observar el entorno, ha ampliado cada vez más su imaginación para crear nuevas piezas en fierro; tanto así que además elabora parrillas. Afirma que su mayor incentivo para no rendirse, es marcar la diferencia y hacerlo con pasión.
¿Cómo partió el negocio?
Comencé haciendo cosas, pero no vendía. El que ofrecía era mi cuñado, tomaba el bolso y se iba a la Recova, plazas o supermercados. Cada vez que llegaba, me contaba el buen recibimiento que tenía. Un día lo acompañé y lo corroboré. Empecé a gestionar los permisos correspondientes para instalarme, pero me tomó más de siete meses lograr uno.
¿Fue un inicio difícil?
Al principio no era tan valorizado, pero unos amigos me motivaron diciéndome que nunca dejara de hacer esta artesanía. Aunque a veces veía que no era rentable vivir de esto.
¿Y qué lo motivó a seguir?
La reacción de los turistas, eso sin duda fue lo que hasta hoy me entusiasma a continuar. Me sacan fotos, me abrazan y felicitan. Me comentan que es algo que nunca habían visto.
¿Hasta dónde ha llegado con su trabajo?
He pasado por ferias navideñas y otras tantas de verano. Estuve varias veces en el Mall Plaza La Serena, de hecho fui el último en exponer en la sala de arte que había hace tiempo. El año 2008 fui a Córdova a representar a La Serena en una feria latinoamericana. Hace años que voy en marzo a exponer mis trabajos a Calama.
¿Cómo calificaría su trabajo?
Como una innovadora artesanía. En algunos medios que he salido lo describen como “algo distinto”; la gente, especialmente turistas extranjeros, me felicitan porque son obras originales; mientras otros lo han calificado directamente como un arte.