Frule es una de las más importantes exportadoras de productos congelados del país en el rubro de los berries. Con un promedio de más de un millón de cajas exportadas anualmente entre cerezas, frutillas, frambuesas, moras y arándanos, hoy también trabajan con kiwis, uvas y manzanas. Cuenta con modernas cámaras frigoríficas, packings de embalaje para frutas fresca, congelada, deshidratada y sulfatada.
Los comienzos de Frule se remontan al año 1997, cuando Jaime León (46) comenzó con tres hectáreas de frutillas cuya producción vendía como “pan caliente”, principalmente en la vega de Santiago y a particulares. Tiempo después, las tres hectáreas se convirtieron en siete. Se entusiasmó con el negocio, compró un sitio de seis mil metros en Los Niches, armó una oficina, una cámara y una línea de maquinaria para hacer frutillas envasadas en cajas plásticas, las que entregaba a Hortifrut, dándole un valor agregado a su trabajo.
A poco andar, con mucho olfato y ganas de salir adelante, se las ingenió y aprovechó una buena oportunidad para comprar un túnel de refrigerado y así comenzó a vender frutillas congeladas a Comercial Frutícola. En ese entonces, León no llegaba a los mercados internacionales, eran otros los que exportaban. Como pocas, Frule logró crecer y desarrollarse gracias al esfuerzo y trabajo de Jaime, quien en todos estos años ha buscado diversificarse e irse armando de la maquinaria necesaria para seguir adelante.
Él sabe que muchos consideran que su audacia es extrema, pero cree firmemente que esa característica suya han hecho posible el no quedarse estancado y seguir creciendo. Con especial cariño recuerda su época de juventud, cuando se las arreglaba para conseguir lo que quería. Gracias al empuje y sacrificio de su mamá, Cristina Moreno, Jaime pudo estudiar, y confió y aprovechó sus capacidades para salir adelante. Reconoce también que, en la vida, todos necesitamos tener a un Sancho Panza a nuestro lado que nos siga solo porque nos quiere. “Si encuentras a alguien que crea en tu cuento, eres muy afortunado”.
Antes de empezar con Frule, León tenía arrendadas ocho hectáreas de frambuesas en Los Niches, trabajaba en seguros con su mamá y junto a ella y su hermano Carlos formó la Agrícola Santa Eliana, en donde tenían treinta hectáreas de manzanos. “Toda la vida he sido machaca y nunca he aceptado un no por respuesta; me creo mucho el cuento y utilizo todas mis herramientas y recursos para vender mis proyectos. Sin duda, esto me ayudó a la hora de ir a los bancos”.
Hoy, Frule cuenta con trescientas treinta hectáreas productivas entre berries, carozos, pomáceas y vides de empresas relacionadas. En la empresa trabajan setenta personas de planta. León ha logrado formar un buen equipo junto a su hermano menor, Juan Pablo, que es el gerente de exportaciones. Además de comprar fruta a otros productores, Frule posee sus propios campos que los abastecen principalmente de frutillas, en un setenta por ciento. Sin embargo, hoy la alimentación de la empresa viene más de los productores, casi en un noventa por ciento. De ellos, Frule se preocupa de que cuenten con las certificaciones necesarias, tiene un catastro de productores, centros de acopio, entre otros.
REGIÓN DEL MAULE: MAYOR PRODUCTOR DE BERRIES
Hoy en día, nuestro país se ha convertido en el principal proveedor de frutas del hemisferio sur para los países del norte, por lo que para este empresario es fundamental que, cada año, Frutícola León busque garantizar a sus clientes el control absoluto sobre la fruta en sus distintos procesos, desde que está en el huerto hasta que es trasladada a su punto de destino, lo que hoy se conoce por “trazabilidad”. Reconoce que hay también una especial preocupación porque el proceso de plantación, crecimiento y cosecha de la fruta sea acorde a las más altas exigencias internacionales. “Los consumidores de hoy no solo quieren saber el lugar de procedencia de la fruta, sino también como fue todo su proceso productivo”.
¿Cuáles son las bondades del negocio de los congelados?
La durabilidad, no hay fecha de vencimiento porque el producto dura cuarenta y ocho meses congelado. No existe el tema de la maduración como en la fruta fresca. Hay mucha demanda de estos productos en los supermercados. El consumo de yogur, de berries ha aumentado cualquier cantidad. Muchos cereales también contienen frutas liofilizadas (solo pierden el agua), y hoy solo se pueden liofilizar los productos congelados. Chile pasó a ser el centro de abastecimiento de los berries para las empresas de yogur, por ejemplo, en el hemisferio norte. Allá la fruta que producen la consumen fresca.
¿Mano de obra: recurso que se agota?
La escasez de mano de obra es el gran riesgo que tiene actualmente la agroindustria. Los que cosechan hoy día son los mismos que lo hacían hace veinte años y ya están más viejos. Hoy nadie quiere ser cosechador de arándanos. Posibles soluciones serían el tratar de automatizar en todo lo que se pueda la cosecha y buscar mano de obra extranjera que trabaje en nuestro país en buenas condiciones. La mano de obra chilena hoy en día es más cara que la norteamericana porque allá el que cosecha trabaja corriendo, sacan doscientos kilos en el mismo tiempo que aquí se consiguen sesenta. Al final el costo de recolectar es más caro acá que allá.
¿Cuál es hoy el producto estrella para Frule?
Hoy la demanda de frambuesas y cerezas congeladas es muy grande. Sin embargo, nuestra gran apuesta en el corto plazo es el programa de cerezas. El yogur de cerezas, por ejemplo, ha tenido un éxito enorme en el mercado internacional y va a ser una opción de mercado súper importante. Tenemos el packing más grande en Chile en el programa de cerezas agroindustriales, contamos con maquinaria especializada para despalillar y descarozar esta fruta. Por otro lado, los productos que envasamos para el retail, los que tienen código de barra, las cajas con gráfica que van envasados directamente para el consumidor, tienen un valor agregado. Distinto es cuando exportamos a granel lo que va a convertirse en una leche o en un yogur. El producto estrella es el más difícil de hacer, el que llega envasado, directo al consumidor.
¿Cuál es la real importancia de las certificaciones?
Las certificaciones son exigencias del mercado para poder manejarte en los grandes mercados internacionales. Si no las tienes hay pocas posibilidades de llegar con tus productos al resto del mundo. Ellas garantizan la trazabilidad, inocuidad, el embalaje, etc. Es la forma en cómo trabaja la empresa. Es el seguimiento de la fruta, de qué productor es, cuándo se congeló, qué packing la procesó, en qué formato se exportó, cuál fue la cadena de frío que tuvo, entre tantos otros...
¿Con qué otro tipo de formatos están llegando al mercado?
Hoy hacemos mezclas de berries en distintos mix, somos envasadores de diferentes empresas, para cadenas de supermercados y otros.
¿A qué países exportan y cuál es el mercado más exigente?
Hoy estamos llegando a Japón, Canadá, Estados Unidos, Francia, Nueva Zelanda, Australia, Brasil, Alemania, Italia. Para mi gusto, el mercado más exigente es el de Japón.
¿Cuál es la capacidad de proceso al día de Frule? ¿Y de guarda?
En los meses que hay fruta en los campos, de noviembre a abril, ocupamos nuestras instalaciones para detener el proceso de maduración de la fruta y clasificarla, separar lo que es Iqf —proceso de congelación rápida de manera individual— de lo que no es. Y de abril a noviembre, básicamente, hacemos los procesos de envasados, los re embalajes que ya están definidos a qué clientes van y en qué formato. Entonces entre noviembre y abril nuestra capacidad de proceso es de ciento veinte toneladas día, pudiendo congelar doscientos mil, pero con el problema del recurso de mano de obra no se puede más. Antiguamente había turnos de tarde. Hoy no existen, entonces se bajó a la mitad la capacidad de proceso, problema que hemos tratado de suplir con mejorías en la automatización, y dando más bienestar a nuestros trabajadores. Hay que tener mayores instalaciones para producir lo de años anteriores, pero no hay mano de obra. Ese es un tema para la agricultura nacional. Por otro lado, nuestra capacidad de guarda es para siete millones de kilos.
¿Cuáles son tus proyectos personales?
La necesidad de Frule hizo que iniciáramos una empresa de transportes por el alto costo que estábamos teniendo en fletes, entonces nos hemos ido diversificando y para eso hoy lo importante es contar con una buena gerencia. Por eso he ido delegando. Hay un gerente que ve los campos, otro los transportes, otro lo agroindustrial, se tomó la decisión de armar equipos con buenos profesionales a cargo de cada área. A veces asusta tener tanta gente, pero es la única forma de evitar errores porque el que todo pase por uno es peor. Cuesta dejar de creer que uno lo puede hacer todo. Mi idea es irme desligando un poco del día a día de Frule y estoy barajando la posibilidad de irme a vivir a Santiago, junto a mi señora María Eliana Ojeda, para estar más cerca de dos de mis tres hijos que ya están en la universidad. Hay un dicho que me hace mucho sentido en este momento de mi vida: “el conquistador, por cuidar su conquista, se transforma en un esclavo de lo conquistado”.