Este material se diferencia de la loza por la alta temperatura de cocción, el color de su pasta, su composición y el tipo de producto al que está destinado. Está compuesto por arcillas refractarias y
feldespato, que se adiciona como fundente, y forman una pasta que es cocida en dos oportunidades, primero como bizcocho y la segunda a una temperatura que oscila entre los 1.220oC y 1.400oC.
Las piezas de gres se caracterizan por su dureza y baja porosidad, ya que la pasta se torna compacta como resultado de su completa vitrificación, y por el tratamiento de superficie donde se aplica un baño de esmalte de plomo o sal, y a veces pintura basada en pigmentos de óxido metálicos (fierro). La mayoría de estos envases tienen también inscripciones y/o marcas incisas en bajo relieve, o bien sellos de metal o etiquetas pegadas sobre la superficie lo que permite identificar su lugar de fabricación y estimar su antigüedad.
El gres es originario del área del Rhin y norte de Europa y se remonta a los siglos XVI y XVII; pero fue durante el siglo XVIII, en Gran Bretaña, donde se dio inicio a su producción en mayor escala y a la exportación a las colonias americanas. En nuestro continente su importación alcanzó mayor masividad en el siglo XIX, gracias a la apertura del comercio con Inglaterra, desde donde llegaron botellas de cerveza, ginebra, agua mineral y whisky, cantimploras, guateros, tinteros y frascos para tintas.
En varios sitios arqueológicos de la zona central de nuestro país (por ejemplo, Avenida Freire y Plaza de Los Héroes en Rancagua) se han recuperado restos de envases de gres correspondientes a botellas de cerveza, ginebra o whisky y de acuerdo con su morfología, decoración e inscripciones de fábrica. Estos envases se remontan a la segunda mitad del siglo XIX. En esta época el consumo de cerveza ya se había masificado en Chile, lo que se refleja en la gran cantidad de fábricas productoras de cerveza que se registran por entonces. En 1867 existían, solo en Santiago, cuarenta y seis fábricas de cerveza y licores y, en 1876, había un total de setenta fábricas en todo el país.
Si bien gran parte de las fábricas nacionales embotellaban sus brebajes en envases importados, había también una importante importación de cerveza foránea. Es así que, entre 1865 y 1881, el volumen de cerveza embotellada importada superó en algunos años las ochenta mil docenas de botellas. De modo que junto a la gran producción de cerveza nacional, también circulaba en el país una gran cantidad de cerveza y envases importados desde Europa.