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Entrevistas

EDICIÓN | Octubre 2013

El alquimista

Cristián Warnken
El alquimista

Conversamos frente a un horizonte de gaviotas, en el corazón de su querido Valparaíso. Llegó con su mochila universitaria y la mirada curiosa para hablar de su última aventura como director de la editorial UV de la Universidad de Valparaíso. Y terminamos hablando de religión, del fallido maletín literario, de su amor desmesurado por los libros, de Dostoievski, Parra y el fin del mundo. A continuación, un extracto del comentarista de libros, del poeta de la belleza, del lector empedernido. Un extracto de Cristián, el alquimista de libros.

por Macarena Ríos R. / fotografía Vernon Villanueva B.
Fue un almuerzo distendido. Refrescante, igual que la mineral sin gas que pedimos. De pensamiento rápido y palabra fácil, el nieto de la poetisa Patricia Morgan y sobrino de Enrique Lihn dice que uno de los momentos más gratificantes de la lectura es la relectura, que Chile es un país que tiene una riqueza poética inagotable y que El Quijote es de un humor desopilante.
 
Enamorado de su señora, Danitza Pavlovic, aquella mujer despampanante que un día se le plantó adelante para decirle que había sido un mal moderador y que le robó el corazón, tiene seis hijos y una biblioteca con seis mil libros. “Me gusta que los libros estén gastados, subrayados, destacados, yo los libros los saco, los uso, los cito, los toco”. Tiene una productora, una columna en El Mercurio y un programa en la radio Oasis, El desierto florece. Tiene sus clases y sus talleres de poesía. Y aunque confiesa estar leyendo unos diez libros a la vez, sigue abrigando hambre de respuestas. Esas que fue buscando en forma inconsciente en cada uno de los libros que iba cayendo en sus manos y que tejieron un mundo interior pleno en matices.
 
“Hay un poema muy lindo de Herman Hesse que dice: “Ninguno de los libros de este mundo te aportará la felicidad, pero secretamente te devuelven a ti mismo. Allí está todo lo que necesitas, sol y luna y estrellas, pues la luz que reclamas habita en tu interior”.
 
¿A quiénes lees?
Yo creo que así como hay libros escritos con sangre, como decía Nietzsche, también hay libros leídos con sangre, que tocan un punto muy íntimo. Para mí Dostoievski, Hesse y Eduardo Anguita son autores que me ayudaron a un descubrimiento interior. Los libros te deben transformar, hay una suerte de alquimia que se produce.

 
EL DÍA MÁS OSCURO
 
Cristián Warnken, el ciudadano, el niño cuyos héroes de infancia fueron escritores y poetas y que alucinaba con el comediante Lucho Córdova, el mismo que hace poco sorprendió a sus alumnos cantando boleros a capela y que silba para pensar mejor, ha entrevistado a cientos de artistas. De científicos, de filósofos, escritores, teólogos, urbanistas.
 
Por estos días está colaborando en una edición del poeta estadounidense Thomas Merton, está releyendo un libro del escritor y filósofo griego Nikos Kazantzakis y acaba de adquirir El callejón de los milagros del escritor egipcio Naguib Mahfuz.
 
¿El mejor entrevistado?
Soy enemigo de los rankings fáciles, más que el mejor, te puedo hablar de las entrevistas que me marcaron como entrevistador y como persona, como la que le hice al poeta chileno Jorge Teillier poco antes de que muriera. Un poeta maravilloso al que admiro profundamente, dueño de una gran delicadeza y sencillez, que me conmovió. Y al empresario viñamarino Pierre Jacomet que escribió Un viaje por mi biblioteca, en el que guiaba al lector y le mostraba sus lecturas. Ese es el caso de un entrevistado que terminó siendo un gran amigo mío y al que echo mucho de menos.
 
¿La entrevista más desafiante?
La de Francisco Varela, uno de los pensadores más importantes que ha tenido Chile en el siglo XX, un científico que fue capaz de tender puentes interdisciplinarios entre los mundos de la sabiduría budista tibetana y el pensamiento científico de punta del siglo XX. Un investigador, un innovador, un creador conceptual brillante. Me obligó a pensar mis preguntas a partir de las respuestas que me iba dando.
 
¿La más difícil?
La de Augusto Monterroso, un escritor guatemalteco, autor del cuento más breve de la historia de la literatura que tiene solo una línea. Él era como sus cuentos, sus respuestas eran breves, lacónicas: “pos no sé”, “¿pos yo lo dije?”. ¡Me hizo sudar para poder sacar algunas respuestas! Ahí aprendí a soltar amarras, a reírme un poco, y a disfrutar. Cuando entré en su juego, la entrevista funcionó.
 
¿A quién resucitarías para conversar con él?
A muchos. De los chilenos, a Eduardo Anguita, Enrique Lihn, Vicente Huidobro. De los universales, a Dostoievski y Hermann Hesse.
 
¿Qué le preguntarías a Huidobro?
Si después de escribir el poema Altazor, sintió que de alguna manera se había acabado la poesía para siempre.
 
¿A Dostoievski?
Si estuviera vivo le diría: ¿siente usted que las peores visiones proféticas que tuvo sobre el hombre de occidente se cumplieron?
 
¿A Hesse?
Usted tuvo muchas crisis durante toda su vida. Crisis que significaban pequeñas muertes y lo llevaban a volver a reinventarse. Cada uno de sus libros corresponde a esos pequeños quiebres. ¿Llegó finalmente a sentir la sensación de que se había conocido a sí mismo?
 
¿Y cuál es tu respuesta frente a tus crisis existenciales?
Más que de respuestas, yo soy de perplejidades. Cada vez siento que sé menos, que todos los libros que he leído me sirven menos, a pesar de que los amo.
 
¿Qué te provoca una página en blanco?
Una invitación a viajar. La maravilla de la escritura es que es una aventura inesperada.
 
¿Cura el tiempo todas las heridas?
No estoy seguro. Yo creo que depende de cada historia, de cada persona. Las heridas se producen en pieles distintas. La herida para mí es una palabra muy gráfica, muy concreta, muy real, porque todo está escrito en nuestro cuerpo, que en cierta forma es el espejo de nuestros dolores. Y cada herida cicatriza de manera distinta, así como cada cuerpo se enferma de manera diferente.
 
¿El día más oscuro?
El día de la muerte de mi hijo. La noche oscura del alma.

 
EXPERIENCIA RELIGIOSA
 
Admirador de los místicos de todas las religiones y lector ávido de la literatura espiritual, dice que se siente fuera de la iglesia católica aunque la respeta y que las experiencias espirituales no las monopolizan las religiones. “Dios no es un comodín. Dios está en lo inesperado. Dios es el riesgo total. La verdadera experiencia espiritual requiere riesgos. ¿Dónde te has arriesgado?”.
 
¿Crees en Dios?
No creo en Dios, he buscado a Dios muchas veces. He tenido experiencias que he interpretado como divinas, pero también he sentido la ausencia de Dios.
 
¿Qué harías si supieras que mañana es el fin del mundo?
Si viniera el fin del mundo, la muestra más visible que no tenemos nada controlado, lo único que queda es esperar. La fragilidad de la existencia hace que uno viva la vida más intensamente, con más capacidad de asombro, con mayor conciencia de cada momento, de cada instante, de cada encuentro. Si supiera que la Tierra se acaba haría eso. La tierra es un milagro, la vida es un milagro, debiéramos estar cantándole a la tierra todos los días, cuando sale el sol.
 
¿Tu primera acción si fueras Ministro de Cultura?
Lo primero que haría sería tratar de estudiar y rescatar lo bueno que han hecho los anteriores ministros. No tratar de cambiar por cambiar. Dejaría a las mejores personas aunque tuvieran posiciones ideológicas distintas, integraría, escucharía a la gente con experiencia antes de anunciar grandes transformaciones. Sería prudente y creativo.
 
¿Reflotarías el maletín literario?
Como política pública me pareció bien intencionada, pero mal enfocada. Y resultó un fracaso. La gente terminó vendiendo los libros en las ferias... Más que regalar libros, tienen que generar nuevas bibliotecas públicas, mejorar las que hay, capacitar mediadores de la lectura, que hacen más amable la llegada del libro con los jóvenes.
 
¿Qué programas ves de TV?
Muy poco. Veo Tolerancia Cero. Me río, me indigno. Prefiero buscar películas.
 
¿El mejor escritor?
César Vallejo, poeta peruano, ese que dice: “hay golpes en la vida tan fuertes, yo no sé/ golpes del odio de Dios/ como si ante ellos la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma”.
 
¡Qué memoria! ¿Puedes conversar sin citar a alguien?
Me cuesta. Siento que uno siempre está citando a alguien, y que finalmente no hay nada original. Pero tienes razón, creo que tengo el defecto de la “citomanía”.
 
¿Neruda o Huidobro?
Soy huidobrista, pero no anti nerudiano. Para mí Huidobro cambió el estado de ánimo en la cultura chilena, pero reconociendo que el Neruda de las Residencias y Alturas de Machu Pichu es superior.
 
¿La promesa literaria?
Rafael Rubio, uno de los poetas más extraordinarios de hoy en día que vuelve a las rimas y a los viejos ritmos, pero lo recarga con temas nuevos. Con su poemario Mala siembra, publicado por la editorial UV en mayo de este año, Rubio sintetiza lo mejor de todas las vertientes de la poesía chilena con muy buena crítica.
 
¿Por qué no le han dado el Premio Nobel de Literatura a Parra?
Creo que la obra de Parra es superior al Nobel. Es el poeta que produjo la revolución idiomática más grande, el golpe de cátedra a la metrópoli. Su originalidad, su genialidad poética lo hacen lejos el mejor poeta de Hispanoamérica vivo de las últimas décadas.
 
Si no hubieses sido escritor, ¿qué hubieras sido?
Me gustaría haber sido un caminante, como esos caminantes rusos que van recorriendo los pueblos, las ciudades, libres, sin fronteras ni un lugar donde quedarse. Para mí el placer más grande es caminar sin rumbo fijo. No creo que se pueda pensar bien sin caminar. Como decía Nietzsche, “hay que desconfiar de los pensamientos que nacen sentado en un escritorio”.

 
EDITORIAL EN EL PUERTO
 
Corría el 2011 cuando lo invitaron a formar parte del proyecto para reflotar la editorial universitaria de la Universidad de Valparaíso. Estaba en pleno año sabático, pero no pudo decir que no. A pesar de que sabía lo que se estaba echando al hombro, a pesar de que sabía que se iba a desvelar, a pesar de su ritmo obsesivo, a pesar de lo épico que resultaba refundar una editorial desde una universidad estatal y regional, con todas las dificultades que ello conlleva. “Son esos proyectos que te conquistan inmediatamente y que cuando te los proponen ni siquiera tienes tiempo para pensarlo. Decir que no era restar ese capital de trabajo que tengo y no sumarlo”.
 
¿Cuánto pesa la editorial sobre tus hombros?
Es un proyecto entrañable, casi épico, que tiene un tremendo sentido por mi vinculación con Valparaíso. Queremos irradiar desde la región libros de gran factura y calidad, libros que sean verdaderas joyas, tanto en su contenido como en su presentación. Con costuras a la vista, como rescate al noble oficio de la encuadernación.
 
¿Qué significa Valparaíso?
Siempre tuve una relación con Valparaíso que iba mucho más allá de un enamoramiento fugaz y un poco traicionero del santiaguino que viene el fin de semana y ya cree que con eso lo conoce. Yo creo que a Valparaíso hay que amarlo con todo, con sus maravillas y sus desastres. Para mí las ciudades no son solo edificios y monumentos históricos, sino las personas. ¡Valparaíso es mucho más que una postal!
 
¿Qué libro le recomendarías a Michelle Bachelet?
La haría leer Demonios, de Dostoievski y Nieve del premio Nobel turco Orhan Pamuk, dos novelas
muy interesantes donde hay un análisis político profundo, que va más allá de una primera lectura.
 
¿A Evelyn Matthei?
Para una persona cuya visión está mucho más sesgada por un economicismo de cuna sería bueno leer una visión crítica y profunda del libro teórico El otro modelo, (escrito por dos abogados, dos economicistas y un sociólogo). Y le recomendaría las prosas de Gabriela Mistral.
 
¿Y a Piñera?
A Piñera no le gusta leer, ¿para qué lo vamos a obligar? Y no te lo digo en forma despectiva ni irónica. No creo que el nivel de la lectura tenga que ver con el coeficiente intelectual. La literatura aporta riquezas, matices. Hay gente muy inteligente que no le gusta la lectura, que son más de acción. A Sebastián Piñera le haría leer una biografía de Andrés Bello. Coraje, visión, audacia, capacidad de emprendimiento... todo ello cabe en el arte de gobernar, pero la política está llena de subjetividad, de historia, no es una ciencia exacta. A él le faltó prudencia e inteligencia emocional.

 

 

“Más que de respuestas, yo soy de perplejidades. Cada vez siento que sé menos, que todos los libros que he leído me sirven menos, a pesar de que los amo”.

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