Por su parte, la escolástica considera la belleza como un disfrute que parte del conocimiento sensorial superándolo después. Santo Tomás, en su Summa Theologiae (I,q.5,a.4,ad 1 um), señala que de lo bello importa la aprehensión y en modo especial el disfrute: lo bello sería “agradable al conocimiento” porque lo bello exige ser “conocido” por un ser que tenga alma racional.
Para Santo Tomás existe un estrecho vínculo entre belleza y orden. Antes, san Agustín afirmaba que: “No hay nada ordenado que no sea bello”. También para los griegos el tema de la belleza se encuentra indisolublemente unido al bien.
Según Santo Tomás, lo bello y lo bueno “se identifican en el sujeto, porque se basan en la misma realidad, es decir, en la forma, y por esto lo que es bueno es alabado como bello”. Lo bello se refiere al intelecto, mientras que el bien se refiere a la voluntad, en consecuencia, participa toda la persona.
Juan Pablo II, en la Carta a los artistas, escribió: “Por eso la belleza de las cosas creadas no puede saciar del todo y suscita esa arcana nostalgia de Dios que un enamorado de la belleza como san Agustín ha sabido interpretar de manera inigualable ¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé”.
En un artículo anterior en esta revista, nos habíamos planteado qué quiere decir ser artista y con Rodolfo Papa (*) señalábamos que en la sociedad actual surge la opinión que artista no es una condición particular, solo sería necesaria la creatividad libre, ya sea pintor, músico, arquitecto o poeta.
En consecuencia, el artista no solo debe conocer la belleza, sino que debe contemplarla; por este motivo, el artista es el primer testigo de la verdad de la belleza.
(*) Rodolfo Papa, Historiador Del Arte, Profesor En La Facultad De Filosofía De La P. Univ. Urbaniana De Roma.