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Entrevistas

EDICIÓN | Septiembre 2013

Antofagasta en las venas

Marco Kútulas
Antofagasta en las venas

Ciudadano comprometido, asume su rol desde la gerencia de Aguas Antofagasta como algo más que un simple trabajo, y lo cumple desde un puesto estratégico para mejorar la calidad de vida de las personas, trabajando día a día para optimizar la entrega del elemento que logra que hasta hoy le doblemos la mano desierto: el agua. 

por Claudia Zazzali C. / fotografía Andrés Gutiérrez V.

Hasta hace algunos años, en Antofagasta el agua era racionada. A ciertas horas del día, sobre todo en el verano, simple y llanamente de las llaves no salía nada. Y uno se acostumbró a crecer entre bidones, duchándose rapidito para aprovechar el agua de los estanques y si la cosa se ponía grave,
haciendo cola en los camiones repartidores.
 
Es que vivir en el desierto no es fácil. Y menos aún cuando las ciudades e industrias crecen a un ritmo que es difícil de asumir, hasta que vemos los edificios que crecen por todos lados y los incipientes “tacos” se vuelven pan de cada día en nuestras todavía angostas calles.
 
Por eso, cuando Marco Kútulas asumió la gerencia de Aguas Antofagasta, el desafío no fue menor. Tal como él lo grafica, fue como subirse a un avión y tratar de arreglar el motor en pleno vuelo. El agua es un elemento imprescindible y por muchos ajustes que deban hacerse en los sistemas, la idea de “parar unos días” es impensable.
 
Este año se cumple el décimo aniversario desde que Aguas Antofagasta está instalada en la región. Marco Kútulas nos cuenta cómo ha sido esta aventura, sus proyecciones y su estrategia para seguir creciendo.
 
¿Cómo han sido estos diez años?
Los últimos tres años han sido de una evolución mucho más acelerada de lo habitual. Las ciudades han crecido a unas velocidades nunca vistas en el país, lo que ha implicado un mayor consumo de agua potable en la región, donde evidentemente no hay muchas alternativas de fuentes naturales desde donde proveerse. Todos los ajustes debemos hacerlos con el sistema funcionando, lo que nos ha obligado a aprender mucho. Tenemos muchos aciertos, algunos errores, pero yo te diría que esta década ha sido de un tremendo aprendizaje, para todos los que trabajamos en la empresa.
 
¿Cuál es el cambio más radical que han tenido que realizar?
Lo más trascendental ha sido que ya no podemos depender del río Loa, simplemente porque ya no da abasto. Hoy, extraemos agua del Océano Pacífico. Más de doscientos años de historia trayendo el agua de la cordillera, con gravedad hacia abajo, y ahora es al revés, la sacamos del mar y la tenemos que elevar con bombas. Ese cambio para nosotros y para los trabajadores más antiguos ha sido tremendo.
 
¿Y la comunidad como enfrenta esto de tomar agua salada?
Si a mí me preguntan cuál es el mejor tipo de agua, lejos es el agua de mar desalinizada, porque es un agua con la calidad que tú quieras, es un agua con un proceso industrial, tecnológico, que no depende de ningún factor externo; tú le das la cantidad de sales que quieras, la puedes vitaminizar, mineralizar y hasta se podría influir en el sabor. 
 
¿Hubo muchos miedos al cambiar de “proveedor”?
Más atemorizante que sacar agua de mar, era la idea de no encontrar fuentes de agua lo suficientemente abundantes como para acompañar el crecimiento de la región, con una población que llega en cantidades importantes, con industrias que se desarrollan. No tener agua potable hubiese significado un tremendo retroceso, incluso perder la gran oportunidad que tenía Antofagasta de dar el salto definitivo al desarrollo. El agua es clave para la vida y, en esta zona, no es fácil tener agua en cantidad y calidad suficiente.
 
¿Qué pasa en lo relativo a la calidad del agua?
En estos diez años de historia, uno de los hitos fundamentales fue mejorar de manera sustancial la calidad del agua. Los que somos de Antofagasta sabemos lo que pasó en la década del sesenta con el arsénico, situación que se extendió hasta el año setenta y uno, aproximadamente. Esta situación fue mejorándose, hasta que el 2005 ya pudimos confirmar de manera objetiva que nuestra agua posee un estándar de calidad aceptado dentro de los parámetros internacionales.
 
Es decir que hoy en día calidad y cantidad están aseguradas...
De todas maneras. Contamos con una fuente enorme que es el Océano Pacífico y la calidad está respaldada por tecnología de nivel mundial. Nos sentimos en condiciones de responder a las necesidades de una población en constante crecimiento, con un ritmo que ninguna otra región puede alcanzar.
 
¿Cuáles son los desafíos futuros?
Estamos enfocados en mejorar el servicio, optimizar el call center, la atención a los clientes, disminuir al mínimo la rotura de cañerías. Este es un tema no menor, pues la topografía de Antofagasta, con pendientes de cerro a mar, hace que haya que manejar muy bien la presión del agua. Otro punto a considerar es la densificación del centro de Antofagasta, la cantidad de torres y edificios que aparecen, lo que requiere inyectar más agua a la red y el recambio de tuberías mediante un sistema de operaciones inteligente, con sensores y control automático. Ya llevamos varios años aplicando este sistema de mantención y vamos a perseverar en ello, porque es la única manera de seguir con el avión en vuelo en esta ciudad que crece tanto y tan rápido.

 
ROMPER PARADIGMAS
 
Marco Kútulas es un rostro conocido en la ciudad. Con una familia fuertemente vinculada al mundo público y una trayectoria ligada a empresas de servicio, hace casi diez años asumió el desafío de liderar el proceso de cambio de ESSAN a lo que hoy es Aguas Antofagasta.
 
¿Cómo enfrentó este enorme proyecto?
Fue un reto por partida doble, porque debíamos hacer un traspaso de una empresa estatal pública a un sistema privado y en un servicio tan básico como el agua. No fue algo simple, sobre todo con los estigmas y la carga histórica del pasado. En lo personal, mis principales metas al aceptar el cargo eran, eliminar el fantasma de la escasez, mejorar la calidad del agua. Todos los que nos criamos en esta región, crecimos escuchando que a pesar de las grandes potencialidades de nuestra zona, no tendríamos mucho futuro, simplemente porque no había agua. Yo lo tengo grabado de conversaciones con mi abuelo, con mi padre. Lo satisfactorio es que, al menos, esos dos grandes desafíos para nuestra región, están resueltos. Ahora viene mucho por delante.
 
¿Cuál es el rol que debemos ocupar quienes vivimos en Antofagasta?
Debemos seguir el ejemplo de los primeros inmigrantes. Yo creo que nuestros antepasados vivieron el sueño de venirse a este desierto a buscar una mejor vida, mejores posibilidades. Vinieron con un tremendo esfuerzo, con mucho vigor, con mucha dedicación, en tiempos en que todo era más difícil, en que no había la abundancia que hoy existe. Ese sueño es lo que nos ha llevado a los logros actuales y que permiten que hoy Antofagasta tenga una oportunidad histórica de ser la primera región desarrollada en Chile.
 
¿Qué falta para lograr este desarrollo?
Es fundamental reducir la brecha que existe entre el desarrollo y la inversión privada versus la inversión y el desarrollo público. Por un lado, tenemos una industria de clase mundial y proveedores de alto estándar, pero la inversión pública está rezagada, nos faltan parques, arreglar las veredas, proporcionar lugares de esparcimiento, arte, cultura, música. Si tomamos este asunto en serio todos los sectores, públicos, privados, universidades, gobierno central; si nos aplicamos y conseguimos los recursos necesarios, vamos a acortar esta distancia y lograremos el sueño de que en el corto plazo Antofagasta sea una ciudad más linda, una ciudad vivible, entretenida, segura, con buena educación, con buena salud, con buenas posibilidades de esparcimiento en todos los sectores, de norte a sur y de cerro a mar.
 
¿Y este crecimiento podrá ser sustentable?
Ese es un buen punto porque debemos trabajar en que nuestra fortaleza no solo sea tener más energía, más agua o más minerales sino lograr que la gran diferencia radique en la calidad de educación y la instalación de habilidades en los más jóvenes, preparándolos para ocupar un rol dentro de este crecimiento, que sean emprendedores, que sean innovadores, que sean buenos técnicos. La oportunidad de mantenernos en la primera línea va a estar dada por nuestra capacidad como sociedad de formar emprendedores, nuevos servicios, nuevos productos. Impulsar los talentos para hacer florecer esta ciudad. El precio del cobre por si solo no nos va a permitir saltar en desarrollo; ayuda, te da la base para querer algo más, pero necesitamos una nueva cultura de emprendedores, que ya se está impulsando desde el mundo privado, pero que requiere mucho más esfuerzo.
 
¿Y cuál es el rol de los que no son antofagas- tinos y que por diversas circunstancias han llegado acá?
Nuestros antepasados, inmigrantes que llegaron a este desierto desde Italia, desde Grecia, desde Croacia, de China, de Inglaterra, del sur de Chile. Ellos vinieron a hacer patria, a desarrollar este desierto, a crear nuevas capacidades e instalarlas, a desarrollar la vida, traer talentos, traer más gente para acá. Hay mucha gente que viene de afuera y es muy valiosa. En este desierto somos todos inmigrantes y aquí hay trabajo, hay posibilidades para todos. Somos una amalgama de culturas y ese es el sentido de Antofagasta y del norte de Chile, la cultura que se ha ido desarrollando acá es de mucho rigor, de mucho esfuerzo. Nosotros vivimos en una tierra de oportunidades.
 
¿Ser antofagastino influye en el ejercer un cargo tan estratégico para el futuro de la ciudad?
El hecho de ser antofagastino y criado en la ciudad te da otra sensibilidad y estos logros que hemos estado conversando se asumen con una emoción distinta, te toca la fibra saber que haces algo por tu comunidad. Más allá de los logros medibles y cuantificables, yo estoy convencido de que uno se mueve por emociones, que uno se motiva por el impacto que se puede lograr en mejorar la calidad de vida de las personas y eso es lo que al final nos impulsa día a día a asumir este cargo como algo más que un trabajo.

 

 

“La oportunidad de mantenernos en la primera línea va a estar dada por nuestra capacidad como sociedad de formar emprendedores, nuevos servicios, nuevos productos. Impulsar los talentos para hacer florecer esta ciudad”.

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