El único lugar de Chile en donde aún se mantiene la tradición de los tejidos de chamantos es en la comuna de Doñihue. En este lugar están las mejores chamanteras del país. No hay huaso o corralero que no vaya a este pueblo a comprarse un chamanto especial. Los más elegantes mandan a hacer sus propias mantas con coloridos y dibujos únicos.
Así llegamos a la casa de la señora Rosa Sepúlveda (66), quien trabaja el chamanto hace cuarenta y seis años. Aquí tiene un pequeño espacio en donde hay dos telares de grandes dimensiones, uno que trabaja ella, otro en el que trabaja su nuera, Pamela Oyarzún (33), y más allá uno pequeñito, en donde su nieta realiza sus primeras creaciones.
La señora Rosa no recuerda desde qué generación las mujeres de su familia conocen este oficio. Sí sabe que sus tías, abuela y madre tejían, porque desde chica las vio y aprendió de ellas. A pesar de que esta labor es tremendamente difícil, la familia Sepúlveda seguirá luchando por mantener la tradición. Y es que para lograr un solo chamanto, se necesitan al menos seis meses de factura, para luego vender la prenda en cerca de un millón y medio de pesos. Pero los conos de los hilos “filo seda” de colores, y que provienen de Francia y Brasil, con los que trabajan, cuestan cada uno alrededor de cien mil pesos. Por lo mismo, la ganancia no es mucha, pero apreciar una de estas prendas terminadas y puestas por un huaso arriba del caballo, no tiene precio.
Ver el trabajo de estas mujeres es realmente impresionante, ellas mismas mandan a hacer sus telares de la forma que más les acomode e inventan métodos para realizar la labor de manera más fácil. Telares especiales para hacer piezas más pequeñas, otros para las más grandes, además de estructuras para hilar. Un chamanto tiene más de tres mil quinientas vueltas de hilo.
DE ORIGEN
Con la señora Rosa fuimos a conocer a la señora Filomena, la presidenta de la Asociación de Chamanteras de Doñihue, de la que forman parte cerca de treinta y cinco mujeres. Aquí el taller es más grande, hay más telares, y una alumna sentada está terminando una de sus creaciones. Filomena trabaja el chamanto hace sesenta y tres años. “Nosotras nacimos en un telar, mi madre no nos enseñó, simplemente cuando ya tuvimos la edad teníamos que sentarnos a trabajar”. Dos de sus hijas siguen la tradición. “Son tantas las horas que uno le dedica a esto, que quien se lleva una prenda, se lleva un bien hecho con especial cariño. El problema es que nuestras mantas están tan bien hechas que duran toda la vida, así que volver a vender una a la misma persona es más difícil (se ríe)”.
¿A qué famosos les ha vendido un chamanto?
El señor Eduardo Frei tiene un chamanto tejido por mi madre, que se lo regalaron cuando era presidente. El señor Augusto Pinochet tuvo dos de mis chamantos. Don Agustín Edwards tiene una colección de mantas, otra pertenece a don Carlos Cardoen. En fin, me falta la memoria.
¿Ha sido muy difícil el camino para ser reconocida?
Yo ya tengo un nombre en este oficio, pero ha sido muy difícil. Hay que recorrer un largo camino para ser reconocida. Hay que estar en todas las ferias, en todos los rodeos, y cumplir con grandes desafíos y compromisos.
¿Las cualidades que debe tener una chamantera?
Tener buen gusto, porque hay que crear combinaciones de colores, saber dar ese matiz especial. Por otro lado, se requiere mucha paciencia. La idea es que una quede contenta y sepa que hizo lo mejor que pudo. Quizás no crear una pieza perfecta, porque está hecha a mano, y la artesanía no es perfecta...
¿Recuerda el chamanto que más le ha costado hacer?
Gracias a Dios, nunca me he dado vencida con los hilos; los hilos son muertos y yo estoy viva, y sigo adelante. Si veo una falla, hay que sacarla. Es necesario ser cuidadosa al urdir y tener la convicción de que uno puede llegar al mejor resultado.
¿Tipos de chamantos?
Está la manta para correr, que es más liviana, larga y rápida para tejer porque no lleva diseño. La otra es más pesada lleva mucho diseño y es de doble faz, es decir, se puede poner por ambos lados.
¿Hay algún objetivo pendiente ahora?
Estamos haciendo todos los trámites para obtener la denominación de origen. El chamanto es de Doñihue.
¿Su sueño?
Que nunca se pierda esta tradición.