Un paisajista, por definición, planifica y diseña entornos urbanos y rurales en el tiempo y en el espacio, basándose en las características naturales y en los valores históricos y culturales del lugar. La formación de esta profesional fue en Inacap, en Santiago, donde adquirió los conocimientos humanísticos y técnicos para desarrollar sus habilidades artísticas y creativas.
Siempre me gustó el tema de la jardinería y creo que fue vocación pura. Desde chica he estado ligada a la naturaleza y al campo. Incluso mis abuelos, desde que los recuerdo, fueron aprendiendo de esto, al ensayo y error. Mi familia siempre ha tenido campo y como mi papá es ingeniero agrónomo, al principio pensaba estudiar algo que tuviera que ver con eso. Después quise combinarlo con diseño y me tuve que ir a Santiago porque acá no había dónde estudiar lo que yo quería. Arquitecto del paisaje se llama la carrera y dura cinco años, a diferencia del título de paisajista que es más técnico y dura cerca de dos años.
Llevas poco tiempo, pero ya has realizado varios proyectos, ¿cómo ha sido tu experiencia?
Desde que egresé de la universidad comencé a trabajar y llevo tres años ya en la Seremi. Cuando volví a Concepción me llamaron de inmediato de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, para un proyecto en el campus San Andrés, también participé en el máster de un proyecto para el Instituto Virginio Gómez y, entre ellos, fui desarrollando mis primeros proyectos particulares, Ha sido una experiencia bonita donde, además, he tenido la fortuna de asesorar en temas específicos de paisajismo a empresas importantes de la región como Huachipato y Mall Plaza, entre otros.
¿Tienes algún mentor, algún paisajista que admires?
La verdad es que no. Cuando entré a estudiar comencé a conocer más sobre quiénes se han destacado como paisajistas, pero no tuve algún mentor en especial. Sin embargo hay profesionales como Teodoro Fernández o Juan Grimm, paisajistas-urbanistas de importantes trabajos, que se han ido reinventando con el tiempo y eso es clave en esta pega.
¿Te sientes más artista o creativa?
Creativa, de todas maneras, creo que no son muchos los artistas en este rubro. Sin embargo, hay que tener mucha creatividad en esta profesión, y es que debes poder proyectarte a largo plazo porque trabajas con seres vivos y tienes que pensar en ellos y cómo será su desarrollo futuro. Trabajar con plantas y árboles, significa entender que van a reaccionar distinto dependiendo de los climas, de la tierra y de otros factores que te obligan a tener que planificar el proyecto a largo plazo.
VIDA Y JARDÍN
El ámbito de actuación de los profesionales de la arquitectura del paisaje, considera desde paisajes urbanos y periurbanos, hasta los rurales y naturales. Loreto nos cuenta que los proyectos varían considerablemente según la escala de trabajo: desde el diseño de un pequeño jardín familiar, pasando por proyectos de grandes parques, hasta la planificación a escala regional.
Tratas con particulares y también con grandes empresas, ¿cómo podrías definir tu cliente tipo?
A mí me gustan más los jardines familiares, porque me encanta trabajar con el concepto de los niños y su jardín, comprendiendo en todo su alcance la dinámica familiar y plasmarla. Sin embargo, los proyectos más grandes los he hecho en la Seremi y uno de mis trabajos, que recuerdo con mucho cariño, es el de la Universidad Católica, por dos factores, porque me hizo volver a Concepción y porque fue mi primera pega. Fue muy especial, estuve cerca de cuatro meses en ello y trabajamos mucho con plantas y árboles nativos. Como era un campus, fue clave considerar las áreas verdes, lo que debería hacerse más en otros establecimientos educacionales; es algo que valoro mucho y debe ser también porque tuve la suerte de estudiar en una universidad donde estas eran especialmente cuidadas.
¿Cuál es el alcance de tu trabajo como paisajista en tu propio hogar?
La verdad es que con mi marido vivimos en un departamento, por lo que tengo un espacio muy chiquitito, pero que está muy arreglado. Tengo una pequeña huerta en la cocina con plantas, y algunos mandarinos chicos; me gusta que sea así, es más contenido y para el poco tiempo que tengo, me permite jardinear siempre. Todo el mundo queda fascinado con mi terraza, por lo creativa.
¿Cómo ves el mercado para los profesionales del área, en Concepción?
He notado que ha crecido mucho la demanda de paisajistas. Creo que puede ser por el boom inmobiliario y de construcción. Tengo la suerte de que me han llamado mucho este año y he tenido que decir que no, lo que hasta me da una sensación de culpa. Se están haciendo muchas cosas siempre y hay bastantes personas dedicadas a esto.
¿Cuál es tu principal objetivo como paisajista?
Siempre hay un criterio profesional que uno no debe dejar de lado, siempre te van a pedir muchas cosas, pero no hay que olvidarse que es tu nombre y tu sello el que va a quedar grabado. Complementar tu proyecto con lo que realmente quiere el cliente es lo ideal, mostrándole y dándole opciones entre las cuales elegir. Yo me preocupo de los detalles y observo hasta el recorrido que usa el perro y los lugares que les gustan a los niños. Mi sello puede reflejarse en la idea de un jardín como de la abuelita, con muchos colores, olores y sensaciones, no tanto como los más modernos que van con líneas simples y rectas, con menos contrastes. Me gusta que lo que se cree tenga texturas y olores que lo hagan particular.
¿Tienes alguna fórmula especial para tus proyectos?
Más que una fórmula, tengo muy presente que en Concepción hay ciertos comodines, sobre todo por la lluvia que nos limita la cantidad de especies con las que trabajar. Uso mucho plantas como las azaleas, las camelias y rododendros, es que el invierno es muy gris, entonces me gusta poner color, más en el follaje que en las mismas flores. Uso mucho las coníferas porque sus tonalidades tienen rojo, amarillo, etc., entonces no necesitas floración para tener colorido en el jardín. Respecto a los árboles, en la Seremi trabajo mucho con nativos, es el ochenta por ciento de lo que planto. Me gustan los maitenes y las pataguas, por la copa que tienen y porque son ordenadas a la vista; el quillay por cómo atrae y arma ecosistemas en función a él y el arrayán por su tronco. Hay muchos más, pero son más complejos por su crecimiento lento o por la altura.
¿Existe algún estilo de jardín que esté más de moda?
Están pegando mucho las fuentes y cascadas pequeñas. Pero si es que podemos hablar hoy de un concepto de jardín, el tema ecológico sustentable con el poco requerimiento hídrico, está en boga y espero que no sea una moda solamente. Tenemos que empezar a diseñar con esta idea integrada, dejar atrás el uso de tanto pasto y que los árboles que plantemos se mantengan en el tiempo. Traer ecosistemas que se formen en torno al jardín lo tengo incorporado porque en mi trabajo en la Seremi es casi una normativa y en mis diseños particulares trabajo con plantas que no necesitan de muchos cuidados, porque la idea es que ese jardín pueda mantenerse solo en el tiempo.