Poco tiempo tiene Eduardo Abuauad, gerente general de Essbio, entre sus múltiples actividades, pero nada se compara a estar con su familia. Cuando llegan los días de descanso, y si el clima lo permite, sale a hacer deporte con sus hijos, y si llueve, no pierde la oportunidad de ver una buena película. Claro que sin dejar de lado el asado familiar con los amigos, circunstancia que Abuauad aprovecha para realizar otra de sus actividades favoritas: hacer el asado.
Junto a su señora, Leyla Safatle, son padres de tres hijos Magdalena (10), Alberto (6) y Victoria (1). Su mayor “carrete” es salir a diversos restaurantes de la ciudad y opina que algunos no tienen nada que envidiarle a los de otros países con mayor tradición culinaria. También va mucho a su departamento en Pingueral, que para él, es el lugar más lindo del mundo. La adquisición de este inmueble es una prueba más de su cariño y arraigo por la zona, que se traduce, como declaró recientemente a un diario local, en la pretensión de que las decisiones importantes de la empresas se tomen desde la región, que los responsables de esas resoluciones vivan en la provincia para que logren imbuirse de los temas locales y no que los resuelvan desde un edificio en Santiago, lejos del contexto del problema.
De abuelos palestinos, Abuauad llegó a Concepción hace siete años y ya se declara un penquista más, amante de todas las bondades que ofrecen las regiones y sin echar de menos nada en Santiago. Su primer traslado fue a la ciudad de Temuco, donde empezó su incursión en el mundo de las sanitarias, ahí estuvo a cargo del plan de inversiones que la familia Solari tendría en las plantas de tratamientos de agua de esa ciudad. Después de un año y medio, lo llamaron para el puesto de gerente de Ingeniería de Essbio, y en mayo de 2009 asumió la gerencia general.
Concepción lo cautivó de inmediato, encontró grandes amigos y disfruta lo que más le gusta, el deporte. De pequeño jugó rugby por su colegio, el Craighouse de Santiago. En la universidad, mientras cursaba Ingeniería Civil en la universidad de Chile, practicó karate, más específicamente full contact, actividad en la que llegó a ser cinturón negro. Y ahora, ya más “reposado”, es un fanático del motocross, deporte que práctica junto a sus hijos Magdalena y Alberto. Sin duda, su pequeña hija Victoria también se subirá a la moto cuando tenga edad.
Los tres motoqueros pertenecen al grupo Enducross que corre en las pistas de La Escalera, en la Desembocadura, el Jumbo y Hualqui. Dos o tres veces al año viene desde Curicó el experto Felipe Podestá, quien imparte clases técnicas a los niños y donde, por supuesto, Eduardo Abuauad es un acérrimo oyente, quien no se cansa de aprender sobre el mundo del motocross, y de paso, dejar en sus hijos la huella de pertenecer a una disciplina que forja el carácter, la superación y el aprendizaje diario que lleva a mejorar la técnica para ser cada día mejor.
¿Por qué le gustan los deportes no tradicionales?
No los escojo así, simplemente me gustan. Más que no tradicionales, busco los que tienen adrenalina. La mejor manera de distraer la cabeza de las millones de cosas que veo durante la semana es con un deporte que requiera de toda mi atención y concentración, de lo contrario siempre hay una parte de mi cabeza que sigue pensando en la pega.
PINGUERAL Y EL TERREMOTO
Seguramente, y sin saberlo, a Eduardo Abuauad, la vida lo estaba preparando para la prueba más grande que llegaría la madrugada del sábado 27 de febrero de 2010, cuando fue testigo presencial junto a su familia de todo lo ocurrido en la bahía de Dichato, desde una vista panorámica en el piso 10 de su departamento en Pingueral. Probablemente otro hubiese arrancado despavorido, pero él no, con la templanza que lo caracteriza relata que nunca pensó en huir. Gracias a sus conocimientos en sismología y tsunamis, sabía que aquel edificio no podía caer y que la ola no podía alcanzarlo, así que se quedó. Sin embargo, no se libró de presenciar aquella escena dramática: el mar recogiéndose, la bahía completamente seca y después, la tragedia:casas,autos,escombros,todoselo tragaba el océano en interminables remolinos.
Sin dudarlo un momento, el domingo llegó a su empresa, Essbio, reunió a su gente y con toda calma frente al clima de incertidumbre y descontrol del momento, les indicó que llevaran sus familias a un lugar seguro fuera de la ciudad, cosa que él ya había hecho, porque la labor iba a ser ardua. Lo más importante, devolver el agua potable lo antes posible a las regiones de O ́higgins, Maule y Bío Bío. Al otro día, los equipos de trabajo estaban constituidos para resolver desde qué comerían hasta la reparación de la última cañería.
El plan de contingencia incluyó comités operacionales, de crisis y ejecutivo. El personal trabajó veinticuatro horas durante cuarenta y cinco días seguidos, tiempo que sirvió para estrechar lazos y compartir una vivencia que los hizo ser parte de una obra de todos.
¿Qué significó el 27F?
Lo primero es que fue una experiencia familiar muy difícil, en que el papá era el que tenía que decidir qué hacer en ese momento y que la consecuencia de una mala decisión era mi familia. Respecto de lo que enfrentamos como Essbio, ha sido uno de los desafíos más grandes que me ha tocado vivir en mi vida. No es solo una empresa que hay que reconstruir sino que estaba en mis manos la salud y calidad de vida de miles de personas. Siento que a pesar de que fuimos muy criticados en algunos sectores y con justa razón, en general nos apoyaron mucho y hasta el día de hoy la gente nos dice que sienten orgullo de cómo una empresa regional asumió su responsabilidad con mucha fuerza hasta lograr tener todo al ciento por ciento.
Sin duda, gracias a su temple y liderazgo, Abuauad logró salvar una situación que no sólo incluía al personal de su empresa, sino que a la población entera que contaba con la pronta respuesta de la sanitaria. Un ejemplo de que se puede salir adelante razonando y no dejándose llevar por las emociones que muchas veces juegan en contra.
LA RSE COMO FORMACIÓN BÁSICA
La responsabilidad social empresarial (RSE) ha sido uno de los pilares de la carrera profesional de Eduardo Abuauad, haciéndola parte de su vida, no solo en la empresa, sino también en las organizaciones Pacto Global, IRADE (Instituto Regional de Administración de Empresas), Acción RSE y Corporación de Desarrollo Regional. Organizaciones dedicadas a integrar las empresas y a compartir el gran desafío de llevar a la región al desarrollo, uno que vaya de la mano con el progreso social y el cuidado del ambiente.
Su interés por la RSE nace de su contacto con el sistema empresarial canadiense que tiene como formación básica este principio. Fue él quien imprimió este sello a Essbio, un tipo de negocio de carácter monopólico cuyos clientes son toda la comunidad y que no se sabía si estaban contentos o no con el servicio.
“Con la RSE se recogen las inquietudes de los usuarios, se buscan soluciones y se resuelven los conflictos, la empresa se involucra con la comunidad en que está inserta y se obtienen buenos resultados en armonía con el medio. La RSE permite la sostenibilidad de la compañía en el tiempo, lo que es el objetivo fundamental de cualquier negocio”.
¿Qué representa para usted la RSE?
Creo que es ser persona. No me imagino alguien que no sea capaz de convivir con sus vecinos, con su barrio, con su trabajo, etc. Como sea que uno decida vivir, la capacidad de escuchar, comprender y llegar a buenos acuerdos para todos es lo que nos hace ser personas. Estoy convencido que el egoísmo es el camino al fin.
Abuauad siente la RSE un deber social, lo que le ha valido el reconocimiento de sus pares: fue elegido como uno de los tres empresarios más admirados, junto a Andrés Arriagada y Jorge Serón.
Dichos premios se han traspasado a la empresa que él dirige: Recientemente y por segundo año consecutivo, Essbio obtuvo el “Sello Bronce” en el ranking de Responsabilidad Social Empresarial que elabora la fundación Prohumana y Revista Qué Pasa, consiguiendo el 11° lugar entre las dieciocho empresas más relevantes en el área de RSE.
Los logros no obnubilan la mirada de Abuauad. Los recibe como un reconocimiento a una labor que lejos de terminar sigue avanzando. Los estímulos sólo son un indicador de que va por buen camino. Se declara humilde, un hombre que no lo sabe todo y que siempre escucha a los demás. Esto le ha servido para cada día seguir creciendo como ser humano, profesional y finalmente, como líder de su comunidad.