Se conocieron y se hicieron amigas en la universidad. Como estudiantes de ingeniería en alimentos, el tema de los antioxidantes siempre estuvo presente en sus carreras, tanto que realizaron juntas su tesis sobre el tema. La vida personal y profesional las llevó por caminos distintos. Mientras Claudia pasó varios años de su carrera trabajando en Sodexho como gerente de Recursos Humanos, Isabel se dedicó a la biotecnología, en el laboratorio y trabajando en el desarrollo de productos. Volvieron a encontrarse el 2010, ambas en búsqueda de nuevos rumbos.
“Decidimos que queríamos hacer algo juntas. No teníamos muy claro qué, pero partimos a la Biofac, una feria en Alemania, y otra en Las Vegas. Queríamos ver tendencias, habíamos hablado de la idea de fabricar productos kosher y exportarlos… siempre en la línea de la innovación”, recuerda Claudia.
¿Cómo empezó a gestarse Nativ for Life?
Isabel (I.L): Yo llevaba harto rato dándole vueltas al maqui como fruto, me había tocado fabricar con él un colorante natural, por lo que estudié sus cualidades y su capacidad de tinción, que tiene que ver con un alto contenido de antioxidantes, así que insistí en que visualizáramos algo por ese lado. En la feria vin muchos productos que aplicaban perfecto con ese fruto, además de observar la manera en que países como Perú y Brasil potenciaban sus productos nativos alrededor del mundo.
Claudia (C.G): Al poco tiempo viajé sola a la Natural Expo East, una feria muy grande e importante, donde me encontré a un gringo que me preguntó si conocía el maqui; me explicó que estaba teniendo muchos problemas para conseguirlo y me mostró el precio que estaba dispuesto a pagar. Sin pensarlo dos veces le dije que yo se lo podía conseguir. Y ahí partimos.
Los roles quedaron definidos rápidamente. Claudia desde los negocios, como la “implementadora”, e Isabel desde lo teórico, lugar en que inmediatamente comenzó a darle vueltas a la idea de usar los antioxidantes como nutracéuticos (alimentos con beneficios para la salud). “La Isabel se preocupa de meter el producto al paquete, yo de tenerlo en la góndola”, resume Claudia.
FRUTOS PARA LA VIDA
Aunque el gringo finalmente no les compró nada, su propuesta fue suficiente para alentar a estas socias a trabajar juntas. Isabel aprovechó su experiencia en manejo de proyectos para CORFO y ganaron un capital semilla de treinta y dos millones de pesos, que invirtieron en envases y materia prima.
“Teníamos la visión de la evolución que estaba teniendo el mercado y sabíamos que la tendencia era pasar de las cápsulas al alimento. Hicimos hartos cursos y ferias y descubrimos que si uno es capaz de relacionar conceptos puede lograr algo novedoso”, dice Isabel.
¿Cómo llegaron al formato en polvo?
C.G: Habíamos decidido que queríamos hacer algo con frutos nativos y antioxidantes, como cranberry, arándano, murta y, obviamente, maqui. Y alimentos funcionales.
I.L: Vimos muchos formatos y nos dimos cuenta que, por ejemplo, en Estados Unidos, los supermercados tienen pasillos completos con frascos y la gente se pierde entre tanta cápsula. Queríamos marcar la diferencia.
¿Cuáles son las características del producto?
C.G: Es ciento por ciento natural, sin aditivos, pura fruta, mientras que las cápsulas siempre tienen excipientes. Acá, si te comes el paquete completo no te pasa absolutamente nada.
I.L: Los frutos no están deshidratados sino que liofilizados, lo que implica que no haya ningún deterioro de los componentes. El proceso consiste en congelar la fruta a través de sublimación (que permite cambiar el estado de sólido a gaseoso sin pasar por el líquido), para después meterlo a una cámara de vacío y sacar el líquido sin modificar su temperatura. Es un proceso caro, pero que asegura la conservación del antioxidante.
¿Por qué eligieron esos frutos y cuáles son sus características?
I.L: Escogimos frutas para dar salud, con sabores puros y agradables, aunque evidentemente existe una relación inversa entre el dulzor y la cantidad de antioxidantes. Por el formato, su uso más frecuente es en el desayuno, espolvoreado sobre el yogurt, los cereales o la leche, aunque también puede consumirse en un batido, espolvoreado en la comida, en la papilla de las guaguas o en el jugo de los niños.
C.G: Cada una tiene propiedades específicas, aunque los antioxidantes los cruzan a todos. El arándano está avalado por cien años de estudios clínicos y está comprobado que mejora la concentración y la memoria, lo que lo hace óptimo, por ejemplo, para niños con déficit atencional. El cranberry tiene propiedades inigualables en prevención y tratamiento de enfermedades del tracto urinario. La murta es antiinflamatoria, vaso dilatadora y posee altas cantidades de centella asiática, así que se recomienda mucho para la piel. Por último, el maqui disminuye el índice glicémico y también hay estudios que relacionan su consumo con prevención de Alzheimer, síndrome metabólico y desinflamación celular.
I.L: Toda nuestra fruta es chilena y la gracia es que el cincuenta por ciento de los antioxidantes necesarios en un día están en dos gramos del producto, o sea, en media cucharadita que, además, solo tiene cinco calorías.
¿Por qué resulta tan importante el consumo de antioxidantes?
I.L: Con el tipo de vida ajetreada que tenemos hoy se ha perdido mucho de nuestra alimentación saludable y hay hábitos que ya no existen, como el consumo de ciertas vitaminas que no podemos olvidar. Antes la gente almorzaba con tiempo, con una entrada, una ensalada y una fruta de postre, eso hoy es una utopía, por lo que hay que buscar la forma de suplir esas carencias nutricionales.
C.G: Está comprobado que lo único que desinflama las células y que, con eso, previene enfermedades como cáncer, diabetes, Alzheimer y Parkinson, es el consumo de polifenoles, sustancias químicas con altísimo poder antioxidante.