En poco tiempo se transformó en la reemplazante oficial de Tonka Tomicic en Bienvenidos, pero ella no se vuelve loca con la televisión ni la fama. Este es un trabajo más y así prefiere enfrentarlo, por lo que combina su tarea en pantalla con su casa, sus hijos y su faceta de empresaria.
por Mónica Stipicic H. / fotografía José Luis Salazar A.
Cony es el “nombre artístico” de Constanza Roberts. Nadie le dice así. Nadie nunca ni en su casa, ni en el colegio ni en la universidad la conoció con ese seudónimo. Por lo mismo, se ha transformado en una especie de “chapa” ligada con su trabajo y con la televisión. Es como su otro yo.
A Constanza todos le dicen Oton. Este extraño apodo surgió, tal como ella misma reconoce, “porque cuando era chica era súper potona. Mi papá me decía ‘venga mi potito’ y la cosa fue derivando hasta llegar a Oton…”.
Periodista de la Universidad Católica, partió su carrera trabajando en revistas y a cargo del área cultural de la Municipalidad de Vitacura. Después de eso se tomó un tiempo sabático y partió a vivir por un año a las Torres del Paine. Al regreso entró a trabajar a Telecanal, de ahí a la Red y después a Mega, siempre como panelista, siempre frente a la cámara. Hasta que en diciembre de 2012 aterrizó en Bienvenidos, el exitoso matinal de Canal 13.
¿Siempre quisiste trabajar en televisión?
Para nada, jamás lo busqué. Las cosas se dieron así. Llegué al Bienvenidos a hacer una sección de belleza, pero muy entusiasmada porque siempre me gustó este programa. Lo veía desde fuera como un espacio muy fresco, súper variado en las temáticas, con contingencia, ayuda social, farándula.
¿Cómo llegaste a ser la reemplazante de Tonka Tomicic?
En Mega me había tocado reemplazar por dos semanas a Javiera Contador en el Mucho Gusto, así que algo de animación había hecho. Pero acá fue distinto. Simplemente me pidieron que llegara temprano al día siguiente para participar en la lectura de la prensa. Cuando estaba ahí me informaron que la Tonka se había tomado unos días y que yo iba a reemplazarla. Ahí mismo, el mismo día y a pocos minutos de salir al aire. Ni siquiera tuve tiempo de ponerme nerviosa, tuve que aperrar no más. Y supongo que lo hice bien, porque me lo pidieron de nuevo.
“Me propuse ser yo en un ciento por ciento, no quise jugar un rol ni aprovechar mis cinco minutos de fama. Cero ansiedad, me lo tomé con harto relajo y tuve la suerte de hacerlo acompañada de Martín (Cárcamo), que es un súper compañero, muy generoso. Además me mantengo siempre informada, leo los diarios y sé lo que pasa en el mundo, aunque estoy convencida de que en la televisión actual hay que mostrarse tal cual uno es, tener conocimientos pero entender que no saber acerca de un tema no es ningún pecado, ser humilde y preguntar es parte del día a día, porque nadie es especialista en todos los temas. Me interesa ponerme en el lugar de la persona que está en su casa y responder las dudas de la gente común y corriente”.
¿A qué crees que se debe el éxito de Bienvenidos, que ha logrado desbancar a Buenos días a todos?
La clave está en el equipo que hay detrás. Los buenos equipos dan buenos resultados. El director, la editora general, los periodistas... se respira muy buena onda, es imposible no sentirse grato y eso se traspasa en la pantalla. Es mucha pega, todos trabajan mucho, desde las seis de la mañana a las nueve de la noche...