Un sol que entibia la mañana invernal del Limarí, acompaña nuestro rumbo hacia un destino que nos inquieta por conocer. Llegamos a Ovalle y nos internamos hacia Montepatria, bordeando las curvas del embalse La Paloma, con un panorama emblemático que revela amargamente nuestra falta de agua.
Kilómetro 38 de esta ruta y a la derecha un letrero de madera nos indica que ya estamos en la hacienda. Un sendero de añosas palmeras nos da la bienvenida. Sale a recibirnos, cubierta con una ruana, Rosa Claussen Calvo, a quien cariñosamente la llaman Oti. Es ella la cara visible del lugar y el brazo derecho de su hermano Carlos Claussen, un reconocido abogado de Antofagasta y propietario de esta idílica hacienda de más de ciento veinte hectáreas.
La casona de dos pisos, rodeada de amplios jardines, corredores coloniales y una pileta al centro con pequeñas y grandes tinajas, se impone con una presencia que cautiva la mirada y la curiosidad. Son dieciocho acogedoras suites, con baño privado, dispuestas para recibir hasta cinco personas. Priman en la decoración los muebles de pino oregón, la amplitud de los espacios y la privilegiada vista hacia el valle, cubierta con parronales de uva de exportación. Desde aquí se respira historia y un relajo que apacigua a cualquiera. Una sensación que se prolonga, a través de sus cuatro salones, terrazas y jardines centenarios, incluso en su gimnasio, canchas de tenis, salón de pool, tina de aguas calientes, sala de masajes y restaurante.
Sentadas frente a la piscina semi olímpica, Oti inicia su relato y nos cuenta del origen de esta hacienda, con tantos personajes que, a ratos, se asemeja al realismo mágico de García Márquez.
REFUGIO FAMILIAR
La historia se remonta al año 1892, cuando la bisabuela de Carlos y Oti, Peta Castro de Claussen, compra la hacienda de dieciocho mil hectáreas, para que sus tres hijos, aquejados por serios problemas bronquiales, vivieran aquí. Peta pertenecía a una distinguida familia serenense. Se casó con el inmigrante alemán Johan Claussen, de quien enviudó dejándola con sus tres hijos, quienes se dedicaron a la ganadería.
Arturo Claussen fue el único de los hijos que se casó y tuvo descendencia. Con su mujer ovallina, Rosa Vega, tuvo siete hijos, de los cuales el quinto, Enrique Claussen —casado con Inés Calvo— es el padre de Oti, Carlos y dos hermanos más.
“Al morir el último de los hermanos Claussen se repartieron la hacienda. Quedaron tres paños que se dividieron para las mujeres; el terreno donde estaba la casona quedó para mi tía Paula. Ella se lo heredó a sus dos hijos que no pudieron mantenerla y quedó en muy malas condiciones. Un día en un funeral, mi hermano Carlos, conversando con mi primo Patricio Cantín, le comenta que no puede sostener las deudas de la hacienda. Finalmente, en el año 1995, Carlos decide comprársela”, afirma Oti.
¿Con que objetivo compra la hacienda?
Para reunir a la familia. Todos tenemos muy buenos recuerdos de nuestra infancia en Juntas, entonces, Carlos soñaba con juntarnos acá nuevamente.
¿Y así comienza el proceso de reconstrucción de la casona?
Carlos contrató a una cuadrilla de cien personas para reconstruirla. Tardaron dos años en terminarla. Esta es la niña bonita de mi hermano.
¿En qué momento deciden darle un vuelco comercial?
Todos coincidimos en la idea de que fuese un hotel, con el fin de que se mantuviera mientras la familia no lo ocupaba. En junio del año noventa y siete lo inauguramos como hotel, es decir, llevamos dieciséis años trabajando en el rubro.
¿A qué se debe su nombre?
Se llama Juntas porque precisamente en este lugar se juntan el río Grande y el río Rapel.
CATEGORÍA DE LUJO
El espíritu de la familia fue seguir utilizándolo para vacaciones. Esto los llevó a no publicitar el lugar y que las personas solo llegasen por el boca a boca. “La temporada fuerte siempre ha sido desde septiembre hasta diciembre, porque realizamos una serie de eventos, entre ellos, matrimonios, bautizos, cumpleaños, fiestas de Navidad de empresas, etc”, relata Oti.
¿Y cómo evalúas hoy, todo ese proceso?
¡Ha sido espectacular! Lo único difícil fue congeniar la casa con el hotel, porque seguíamos recibiendo a la familia.
¿Cuándo deciden cambiar esa modalidad?
Desde que nos certificamos como hacienda de lujo. El año pasado iniciamos este proceso y fue un gran desafío porque nos exigían una serie de requisitos en materia de infraestructura.
En febrero del año pasado, los Claussen comenzaron con todo el proceso de certificación y en diciembre contrataron un asesor para que les ayudase a revisar todos los requerimientos, especialmente de gestión. A comienzos de este año, la empresa CESMEC, del grupo Bureau Veritas, los auditó.
¿Qué significa para ustedes trabajar con la categoría de hacienda de lujo?
Haciendas hay muchas y muy bonitas, pero esta categoría significa trabajar con sensibilidades y sensaciones. Nosotros no somos un hotel cinco estrellas, somos el tope de lo que puede llegar una hacienda y para postular a esto, debe existir una historia que lo avale...
En estos dieciséis años de funcionamiento como hotel, Juntas se ha convertido en un refugio de descanso y desconexión para todos quienes la visitan. Hasta aquí han llegado parejas y numerosas familias provenientes de distintas latitudes de nuestro país y del mundo. Relajo, tranquilidad y simples sensaciones con la “Q” de calidad y distinción, es lo que buscan y lo que, sin duda, siempre encuentran. En comisión de trabajo o simplemente de vacaciones, han pasado por este lugar, los ex presidentes de nuestro país: Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet.
ANKO: EXPLOSIÓN DE SABORES
En los amplios salones de la casona, proyectados hacia una acogedora terraza con vista al valle y a la piscina, está ubicado el restaurante de la hacienda: Anko. El creador de su exótica y variada carta, es el chef internacional Luis Garay, quien desde hace más de tres meses se instaló en este lugar, para lograr que los pasajeros se sientan como invitados.
Anko es una mezcla de cocina chilena, de autor e internacional. Su fuerte es el menú de cuatro y ocho tiempos, acompañados de un maridaje. Con estos se luce cada vez que un invitado hace su reserva. Tome nota, para una próxima visita. Pebre de harina tostada con salsa de betarraga y pan de vino tinto. Salteado caliente de pollo con carne de res y queso de cabra, saborizado con setas, granada y hojas de oxsalis. Crema de brócoli, cebollines y zuchines, espesado con harina de arvejón y sazonado con merquén. Lomo vetado con salsa de borgoña en compañía de un sedoso puré de garbanzos. Y el imperdible dulzor del postre: helado de betarraga con yogurt de queso de cabra, merengue crocante asado y pétalos de diente de león. Acto final: una explosión de sabores, en el que la identidad de productos locales y silvestres marcan la diferencia.
El día en la hacienda Juntas parece detenerse y en realidad, eso quisiéramos. Dejamos a Oti con su paraíso y nos llevamos la candidez de sus atenciones, la lograda sensación del propósito de los Claussen y unas expectativas más que superadas. Simplemente ¡de lujo!
Nuestro dato:
Hacienda Juntas, camino Ovalle a Carén Km 38, Montepatria
Provincia del Limarí
Teléfonos: (53) 2711290 - 2711499