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EDICIÓN | Septiembre 2013

Sombra y luz

Ewa Okolowicz, pintora e ilustradora
Sombra y luz
Polaca, dueña de una imaginación y don imperante para el ejercicio de sus pasiones: una artista visual que desprende su magia tanto en la pintura, como en el dibujo y la animación. Estudió arte en Cracovia, continuó sus estudios en Valencia y hoy está radicada en Rancagua. La sombra define su arte polaco; la luz, la salida de su país. 

por María José pescador D. / fotografía Danny Bolívar U.

La veta por el arte de Ewa (34) viene por part de su familia  paterna,  con un bisabuelo pintor y un abuelo arquitecto. Cuando llegó la hora de estudiar, decidió que sería arte en la Academia de Bellas Artes de Cracovia. Esto significó salir de su ciudad natal, Szczecin —al nort de  Polonia  cercana  a la frontera con Alemania—. “Mi bisabuelo, Norbert Okolowicz, era pintor, propagador y coleccionador de arte y fundador del Museo de Artesanía de Huculy—ubicado en Ucrania, y que se desmanteló luego  de  la  guerra—. No llegué a conocerlo, pero crecí con esos objetos que alguna vez fueron parte de un museo, sus libros, sus cuadros…”.

Decidida llegó al internado de la institución, en donde tuvo que vivir en una habitación con dos personas más. Gracias a la ayuda de sus padres pudo pagarse las necesidades básicas. No estaba del todo cómoda, y menos lo estuvo cuando se dio cuenta que era la única mujer en su curso. “Me sentí un poco marginada  del  resto,  y que  siempre  para los profesores todos hombres también—fui invisible, nunca miraban mi arte. Hasta que realicé mi proyecto de fin de año cuando estaba en tercero de la carrera, y fue un profesor el que se fijó en mi trabajo, pero a esas alturas yo ya tenía otros planes”.

Esos otros planes” no estaban en Cracovia. Cada vez que podía y como una forma de intercambio, la escuela mandaba a los mejores de cada clase a realizar un workshop—talleres o seminarios activos e intensivos—. Es así como en una de estas experiencias realizada en Alemania, conoció a Michael Keating, pintor y profesor de Arte en el Sierra College Nevada County Campus en California. Para Ewa,  Keating  fue  quien  la  descubrió y quien la ayudó a salir de Polonia. Yo ya estaba aburrida de la vida en Cracovia, todo es muy frío, la vida es muy gris. Quería sol, calor, cambiar de aire. Por otra parte, no quería seguir pintando naturalezas muertas y figuras humanas. Allá la escuela es mucha práctica, se trabaja bastante con modelos”.

Fue así como este profesor, el 2002, le dijo que se fuera a vivir a Valencia, España, junto a una pareja amiga de él quienes la acogerían por un tiempo, mientras se acomodaba a la nueva vida. También le recomendó que siguiera sus estudios en la Universidad Politécnica de Valencia, una escuela que la propia Ewa define como más teórica y libre en cuanto a la técnica y el aprendizaje.
 

NO MÁS GRIS

Cuando llegó a Valencia, Ewa no tenía idea de hablar español. Como no entendía nada, estuvo un año trabajando en diversas cosas para pagarse sus gastos mínimos y aprender castellano. Luego de este tiempo y ya más acostumbrada a su nueva vida, entró a la universidad. Con algunos compañeros arrendaron un pequeño departamento. Para pagar su estadía, Ewa trabajaba como mesera.
En la facultad conoció a su profesor de animación, Miguel Ángel Guillem, quien la empujó a que se especializara en esta área. El 2004 realizó el corto animado Rey Popiel, que fue seleccionado para exhibirse en diversos festivales internacionales: Animadrid, Holland Animation y el Festival o Anifest India. “Rey Popiel, es mi adaptación humorística de una leyenda popular polaca, contada con humor y con una expresiva línea dibujada con lápiz”.
 
El 2006 y en una fiesta, Ewa conoce a César, un ingeniero chileno, que estaba de vacaciones. Se enamoraron y se fueron a vivir juntos. Un año después esta mujer se graduó y se casó. Junto a su marido vivieron once años en Valencia en donde además tuvieron a sus dos hijas: Weronika (5) y Helena (1).
En esta ciudad, además, realizaron trabajos artísticos juntos, crearon el “Espacio Santísimo”: “una galería underground, ubicada en el pleno casco antiguo de Valencia, donde exponían artistas emergentes internacionales, dándoles una alternativa para presentar sus trabajos”. 
 
¿Tus exposiciones más importantes?
El 2010, realicé una exposición individual de pintura, dibujo y animación llamada Ryby (Peces) en la Galería Color Elefante, Valencia. En colaboración con escritores y diseñadores, creamos un catálogo de la serie. Y luego, el 2011, en la Galería Kessler Battaglia hice Fugas pictóricas. Concierto cromático para un lienzo en blanco. Un proyecto bastante complejo, pues constaba de diversos óleos de gran formato y animación. En este colaboraron músicos, como el alemán Martin Rettschlag y el francés Eiffelo Digger. Además de escritores, críticos y una diseñadora gráfica, con los que editamos un precioso catálogo-libro.
 
Háblanos de tus caminos
Se pueden distinguir tres caminos paralelos en mi trabajo y que se caracterizan por usar diferentes medios de expresión, como dibujo con tinta y aguadas, pintura al óleo y dibujos animados. El dibujo me permite hacer apuntes rápidos e instantáneos de las ideas que se me ocurren, me gusta el dibujo con gesto, la frescura, la simpleza, que todo sea una síntesis de una idea. La pintura al óleo requiere otro pensamiento, el proceso es más lento y es este el que es más valioso y enriquecedor para mí. También está mi faceta de los dibujos animados —animación—, que siempre me ha fascinado por el factor de movimiento y tiempo que no tiene la pintura tradicional y por la música que siempre ha sido gran inspiración para mí.
 
¿Qué tan importante es la música en tus exposiciones?
Según Kandinsky “el alma es el piano con muchas cuerdas. El artista es la mano que por esta o aquella tecla, hace vibrar adecuadamente el alma humana”. Para mí la música siempre ha sido gran inspiración, los sonidos despiertan sentimientos y aparecen imágenes. Desde hace tiempo colaboro con el músico berlinés Martin Rettschlag, con quien desarrollo proyectos para un excelente bajista polaco: Marcin Pendofsky y vocalista Mateusz Krautwurst. Aquí en Chile tuve el placer de colaborar con Marcelo Díaz (director Orquesta Barroca de Rancagua). Me gusta acompañar la pintura con la música, se complementan. En el caso de las animaciones, busco paisajes sonoros que puedan “dibujar” los sonidos.

 
CRUZANDO EL ATLÁNTICO
 
Luego de once años de trayectoria y vida en Valencia, la familia decidió que ya era hora de volver a Chile, y hace algunos meses se radicaron en Rancagua donde viven los padres de César. La idea era buscar nuevas proyecciones y además alejarse de la crisis que vive España.
 
Aquí Ewa ya realizó su primera exposición, Transatlantyk, con el apoyo de la embajada de Polonia. “Quiero agradecer a la embajada por la confianza en mi proyecto y sobre todo por la presencia de su gente en la inauguración”. En esta presentó nueve cuadros de formato mediano, y trece pequeños realizados en técnica mixta con óleo y acrílico. La perspectiva era más abstracta y expresionista con algunos dibujos que representan peces y el mar. La muestra fue acompañada con una proyección de animaciones, y música electrónica que iba tocando un amigo dj directamente desde Berlín de forma online. “Fue una exposición que representaba lo que es para mí la unión entre dos continentes, que se dividen y conectan con el mar”.
 
¿Un artista polaco y otro chileno?
Polaco contemporáneo, Wilhelm Sasnal. Y chileno, Gonzalo Díaz. 
 
Define tu arte
Mi arte representa lo que yo siento, por eso diría que es expresionista, no quiero reflejar fielmente mi alrededor sino los sentimientos. Por lo mismo, mi arte es como autobiografía, pero sobre temas tan universales como el amor con su erotismo y sexo, la soledad, la ira, y últimamente también la maternidad.
 
¿Tus proyecciones?
Siempre me ha gustado trabajar en proyectos con otros artistas, por eso en un futuro me gustaría seguir en este tema. Tengo iniciada una serie de dibujos de desnudos que quiero llevar a formatos grandes, y también he trabajado algunas sinopsis para la animación. Pronto nos iremos a vivir a Santiago, donde César ya está trabajando y viaja todos los días a Rancagua. La idea es continuar perfeccionándome.
 
¿Tus sueños?
Tener mi taller con vista al mar. Viajar por Chile y por toda Sudamérica.
 
¿Tus anhelos?
Seguir trabajando y exponiendo por todo el mundo.
 
¿Te sientes distinta en un país como Chile?
A veces. Cuando los niños hacen apuestas para saber de dónde soy, o cuando el señor de la verdulería me dice “hello” o “bye”. Pero aparte de la apariencia no me siento muy distinta, todo lo contrario, muy acogida.
 
¿Qué te atrae de nosotros?
Me atrajo mi marido por simpático, caballero y atento (además de ser un morenazo) y eso lo veo en mucha gente de aquí. Además, ustedes son cariñosos y muy familiares, parecidos a la gente de Polonia.
 
¿Qué no te gusta de nosotros?
Que piensan en comer carne todo el día... (ríe). 

 

 

“Me atrajo mi marido por simpático, caballero y atento (además de ser un morenazo) y eso lo veo en mucha gente de aquí. Además, ustedes son cariñosos y muy familiares, parecidos a la gente de Polonia”.

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