A lo lejos, en medio del campo, en pleno invierno pero con el sol brillando, se ve un caballo robusto, grande, entrando con su jinete: Luis Huenchul (38), vestido con camisa, jeans, botas de montar, espuelas y una elegante chupalla. En Hijuelas Norte, San Fernando —a unos cuarenta minutos de Rancagua— se encuentra la viña Casa Silva, y poco antes de entrar, está el picadero y las pesebreras del criadero Doña Dominga, nombre puesto en honor a la marca de un vino de esta empresa. Aquí trabaja Luis, uno de los corraleros más cotizados del momento.
¿No es incómodo andar con esas espuelas?
No, para nada. Es como andar como tú, con la grabadora en la mano.
¿Las usas todos los días?
Todos los días.
¿Cuándo te las sacas?
Cuando duermo.
Así parte esta conversación, de pie, escuchando la sonajera que resultaba de las espuelas con cada paso que Huenchul daba. Y aunque no pareciera una vestimenta muy cómoda, para él es natural, normal; son la ropa y los accesorios que usa para trabajar. Así y caminando por el lugar, conocimos este criadero de caballos chilenos. Quien llegó a formarlo fue Luis, hace diez años. Solo había una pareja de potros y hoy ya se ven treinta y siete caballos en las pesebreras, sin contar los que están en crianza en el sur, en el fundo de los dueños, cercano a Futrono en el lago Ranco.
Nació en el campo, en medio de animales y de la naturaleza salvaje. Proveniente de Panguipulli, sus padres trabajaban con ganado. “Desde chico, siempre estuve al pie de la vaca, como se dice, pero con los caballos sentí un contacto especial”. Fue cerca de su ciudad natal, que tuvo la suerte de conocer a un grande: Juan Carlos Loaiza, el ya ganador de ocho Champions de Chile, marca única conseguida en el país, por lo que es considerado como el mejor jinete de los últimos tiempos, y que también nació en el sur, específicamente en la provincia de Lanco, en Valdivia. “Cuando salí del colegio, hice un curso en enfermería de ganado y pronto me fui a trabajar con Loaiza en el criadero Santa Elba de don Ramón Cardemil”.
En este lugar, aprendió todo acerca de los caballos chilenos. Cuando ya se sintió capaz, como el mismo dice, decidió cambiar de aire; justo lo llamó un amigo para que se fuera a trabajar al criadero Vista Volcán, de Ricardo Walker. “Me acuerdo que ese año corrí con Eugenio Navarrete en una pareja de potros muy buena y llegamos a ser terceros en el Campeonato Nacional”.
Fue su primera vez en este tremendo encuentro, y solo tenía veintidós años. Al año siguiente, también logró correr la final, solo que esta vez llegó a Rancagua y no se fue nunca más. “Vine a correr y me quedé trabajando en un criadero que se llama Talcarehue, de don Francisco Cuevas. Eso fue porque me llamó Francisco Pacheco, que corría los caballos de este señor, y quiso que lo fuera acompañar. De esta forma me radiqué en Colchagua”.
¡A CORRER SE HA DICHO!
En los años venideros la collera siguió siendo Pacheco y Huenchul. Juntos se trasladaron al criadero Claro de Luna, de don José Elías Rishmawi. “Para ese Champion montamos dos potros, “Urallón” y “Plebiscito”, el primero es el reproductor y jefe de raza del criadero en donde trabaja hoy. Ese año, nuevamente lograron el tercer lugar en el Campeonato Nacional de Rodeo.
Aquí en la zona del Colchagua, conoció a Romané Soto y se casó. No podía haber encontrado mejor pareja, ya que esta mujer también es una apasionada por el rodeo, tanto así que también corre y ha sido ganadora en cuatro ocasiones del “Movimiento a la Rienda” en el Champion de Chile.
¿Te gusta que ella también esté en el rodeo?
Ella viene de una familia corralera. Es una excelente jinete y desde el minuto que empecé a pololear con ella tuve que aceptar la situación (se ríe). Nunca estuve en contra, todo lo contrario, la admiro. Me gusta lo que hace porque es muy buena, siempre le va bien, así es que no hay mucho que criticar.
Luego llegó a Casa Silva, acompañado por su collera. Esto fue hace diez años, cuando el criadero en la viña estaba recién empezando. Gonzalo —hijo del dueño de la viña, Mario Silva— ya había entrado en el mundo del rodeo. Con un amigo y socio, José Antonio Urrutia, crearon el corral Torreón que duró una temporada. “Cuando llegué, solo tenían caballos de polo, que es el deporte que a la familia le apasionaba, y don Gonzalo quería entrar el tema del rodeo. Entonces con mi amigo trajimos a un potro, el “Urallón”, para empezar a criar, y cuando José Antonio se fue a Santiago a crear su cuento propio, empezamos a armar el criadero de Casa Silva, Doña Dominga, en honor a un vino que se hace acá”.
Luis partió al criadero, que es parte de la Asociación Colchagua de Rodeo, con esta pareja de caballos, y pronto empezaron a comprar más. Recién el año pasado comenzaron a correr con caballos criados en este lugar, y Luis ya le dio a este criadero sus primeros frutos: el año pasado ganó la serie caballos.
¿Qué es lo que te gusta del rodeo?
Es que uno tiene que vivirlo para comprender. A mí me gustan los caballos, y la competencia que hoy se está mostrando es muy profesional, con excelentes jinetes. Sentir la sensación de correr es un vicio, sano y bueno, del que después es muy difícil salir...
¿Es necesario tener talento para ser jinete?
Sí y mucho. Todos pueden correr, pero los que logran el éxito son pocos. Hay que tener condiciones, ser constante, dedicarse, tener feeling con los caballos, saber interpretarlos, entenderlos, quererlos, y el talento para saber enfrentar y tomar decisiones rápidas durante los campeonatos.
¿Algún accidente mayor?
No. Solo quebraduras en piernas, rodillas, brazos, clavículas...
¿Quién es tu collera en este criadero?
José Omar Sánchez y Gonzalo Silva.
¿A cuántos pasos estás de Loaiza o Tamayo?
Ellos fueron mis profesores, tienen décadas en el ruedo. Trabajan en criaderos con más
de cuarenta años de tradición, donde hay caballos de raza ya definida. Nosotros en Doña Dominga solo tenemos diez años de experiencia, somos más bien nuevos dentro del rubro. De todas maneras, siempre estoy ahí, tratando de pisarle los talones a lo que es la collera más exitosa de Chile y que ya está dentro de la historia del rodeo. Llegar a ser como ellos es una tarea no menor.
¿Tus proyecciones?
Seguir superándome día a día en el rodeo; continuar aprendiendo. Esta es mi pasión, es un cuento familiar, hoy tengo a mi hijo José Domingo, a quien creo que debieran gustarle los caballos, ahí está mi proyección. La idea es poder tener la condición para que en su momento cuente con sus propios caballos. Por ahora tengo dos yeguas de crías y siete u ocho potrillos en mi criadero, que se llama Los Relinchos, en una parcela en el sur. La idea es correr algún día con mi hijo. Y bueno, ser campeón de Chile es el sueño de todo jinete que se dedica ciento por ciento a esto, pero eso es como ganarse el loto; muy difícil...