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Columnas » Brújula Porteña

EDICIÓN | Septiembre 2013

A la deriva

Por Carolina Arias Salgado, info@bazarlapasion.cl, ilustración: María de los Ángeles Pradenas M.
A la deriva

Una vez más miramos impotentes arder la Iglesia San Francisco. Pero no tengo que extrañarme, el patrimonio se hace cenizas. Desaparece el adobe, las fachadas de latas, desaparece el comercio ancestral, ese comercio que hace unos años fue catastrado como “Lugar Valioso”, porque aporta a la identidad, porque es la forma cotidiana en la que vivimos y nos relacionamos, porque pese a sus años están vivos, porque son útiles e irremplazables.

Así ando a veces, me siento frente a la pantalla y divago, qué vivencias nuevas les puedo contar, en qué estilo, ¿como una crónica? Muchas veces mientras escribo, recuerdo que soy periodista y que aprendí a hacerlo bajo un formato específico que tanto detesto, y termino un poco confundida. Antes de la pantalla me he enfrentado a mi cuaderno de notas, uno muy antiguo con hojas ya amarillas. Todo lo mío es así, antiguo, como Valparaíso, y solo recibe la tinta azul medio calipso de mi lapicera Parker 51. Reviso todos los apuntes posibles del mes, algunos bien absurdos, otros bien espesos. No quiero equivocarme.
 
Esta falta de rumbo es porque decidí vivir en Valparaíso y Valparaíso completo permanece a la deriva. Te pienso Valparaíso, te padezco Valparaíso.
 
El mes pasado les escribía; las sirenas suenan en Valparaíso cuando está ardiendo o cuando se inunda. Esta vez, ardió. Una vez más miramos impotentes arder la Iglesia San Francisco. Pero no tengo que extrañarme, el patrimonio se hace cenizas. Desaparece el adobe, las fachadas de latas, desaparece el comercio ancestral, ese comercio que hace unos años fue catastrado como “Lugar Valioso”, porque aporta a la identidad, porque es la forma cotidiana en la que vivimos y nos relacionamos, porque pese a sus años están vivos, porque son útiles e irremplazables. Desaparece la arquitectura y aparecen galpones de metal gigantes llenos de ellos mismos.
 
Entonces me pregunto cuál era el plan, que de pronto quedamos todos a la deriva. Oye Municipio, escúchame que te estoy gritando, yo no quiero que reemplaces los lugares valiosos por chumbeques, ni farmacias, ni tiendas asiáticas. Te pregunto: ¿por qué entregas tan fácilmente permisos para destruir y pones tantas trabas para resguardar? Yo quiero a Valparaíso como estaba antes, yo quiero cada una de sus esquinas, rincones y escaleras, quiero sus barrios y sus espacios públicos, quiero un Valparaíso valioso.
 
Oye Dirección de Obras, escúchame que te estoy gritando, yo no quiero un mall gigante en la costanera que me avergüence, yo no quiero alturas infinitas que me tapen el mar. Yo quiero a Valparaíso como estaba antes, con sus fábricas construidas en los años veinte, esas que fueron declaradas Monumentos Históricos, como el edificio de Chiletabacos y que tú no luchaste para salvarlo.
 
Entonces, administradores de Valparaíso, les pido no nos sigan ofendiendo y les pregunto, ¿es que acaso ya no lo quieren que lo ignoran tanto?
 

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