por María Inés Manzo C. / fotografía Vernon Villanueva B.
Oriundo de Lontué, desde pequeño supo de esfuerzo, de trabajar para poder comer; pero sin duda lo que más recuerda de esos años es cómo compartía con sus diez hermanos, de los cantos en familia, de la cueca, las ramadas en su casa, de la chilenidad. Parte de los que nos contó mientras nos tomamos un café en el Hotel Gervasoni de Valparaíso y mientras se encuentra preparando una nueva Fonda Guachaca (17 y 18 de septiembre en la Estación Mapocho, Santiago).
Las ganas de llamarme Domingo o Cuando Dios vino al sur, fueron sus primeros discos¿en qué está hoy la música?…
Como me llamo Dióscoro siempre piensan que soy folklorista, creo que lo mismo le pasaría a un Dionisio (ríe). Soy compositor, y aunque no soy gran cantante, me apasiona y ahora tengo ganas de volver a grabar un disco e invitar a otros intérpretes. Espero de aquí a fin de año hacer un pequeño concierto. Tengo muchas canciones que no he mostrado.
¿Qué lo enorgullece?
Hay tres cosas que las he realizado con toda la fuerza del corazón, la primera es el Canto Nuevo, una canción más sencilla y poética que venía desde La Nueva Canción Chilena. Lo segundo es La Negra Ester, fui unos de los primeros que tuvo la idea de que esta obra tenía que darse a conocer, antes que la dirigiera Pérez, un gran orgullo. Y por supuesto, la Cumbre Guachaca.
¿Cuál es el aporte de los guachacas?
Los guachacas han generado una chilenidad distinta, son un reflejo del chileno del siglo XXI. Hemos recogido valores propios como la cocinería, la cueca brava, el cariño de la gente, el bolero, la cumbia, todas esas expresiones que teníamos escondidas. Todo eso se revivió en La Cumbre, y ese creo que es el sentido de este país tan bonito, como decimos: “humilde, cariñoso y republicano”. Hemos recorrido Chile hasta lo más profundo de su gente, por eso al hablar de él nos emocionamos tanto.
¿Cómo nacieron?
Entre historias y tonteras surgieron los guacha- cas. Siempre fue una fantasía, pero justo en ese tiempo vino La Cumbre de las Américas y nos dijimos “nosotros vamos a hacer una cumbre también”, ese es el hito que comenzó todo.
¿Y la reina?
Cómo éramos tan feos nadie nos “pescaba” (ríe). Nos dimos cuenta que para llenar el Mapocho, teníamos de que hacer propaganda, mostrarnos a la sociedad; porque no teníamos recursos y la gente no lo sabía, entonces inventamos a la reina guachaca. La mujer chilena ha cambiado mucho desde los noventa: es moderna, trabajadora, madre, está a la par con la pareja, esa es la verdadera reina.
¿Cuándo se incorpora el rey?
Cuando hicimos la revista El Guachaca, que estaba dirigida por una periodista, y se nominó a un rey feo. Orgullosamente, puedo decir que Felipe Camiroaga fue el primero, el que más nos ayudó desde la televisión y con la campaña de Un calzoncillo largo pa’ Chilito, para las personas del Hogar de Cristo. Era muy comprometido.
¿Todos pueden ser guachacas?
Nosotros creemos que ser guachaca es ser chileno. Una vez llamaron a Bianchi a la radio y le preguntaron por qué solo elegíamos a rubias, con nombres gringos, y el dijo: ¿Y por qué los hijos de españoles creen que ellos solamente son chilenos? Eso es bien cierto, ¿por qué la Doggenweiler o la Matilda Svensson no pueden ser chilenas? Nosotros no estamos para dividir, al contrario, en este paraguas cabemos todos.
Además de la Cumbre realizan su famosa fonda en Fiestas Patrias…
Sí, pero las primeras fondas que hicimos no fueron masivas. Comenzamos con el Hogar de Cristo, porque nos dimos cuenta de que ninguno de los hospedados celebraba el 18. Después de tres años con ellos, decidimos hacer una también para todos los guachacas. Pero esto ha sido natural, no entendemos el marketing. Nosotros lo hacemos del corazón, es una fonda para la gente, buscando su felicidad.
¿Cómo nace este espíritu solidario?
Hemos aprendido que la solidaridad es parte de la fiesta. La cena de Pan y Pebre es una tremenda celebración, con cuatrocientos viejitos, donde van muchos jóvenes a bailar con ellos. Para alguien que está en el Hogar es maravilloso sentirse parte de la patria.