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Entrevistas

EDICIÓN | Septiembre 2013

Un entusiasta permanente

Álvaro Fischer, empresario
Un entusiasta permanente

Muy a su pesar es un ser político. Pero además es ingeniero matemático, empresario, director de empresas y seguidor ferviente de Darwin y la evolución. Considerado uno de los hombres que más sabe de innovación y emprendimiento, desde la Fundación Chile ha buscado ser el punto de conexión y coordinación para lograr que las cosas ocurran. “Cuando uno hace muchas cosas las hace todas más o menos... y eso me pasa a mí”. 

por Mónica Stipicic H. / José Luis Salazar A.

urioso personaje Álvaro Fischer. Se reconoce a sí mismo como de derecha, liberal y ateo. Y al mismo tiempo como ingeniero matemático, empresario y fascinado por la ciencia, la tec- nología y la innovación. Varias de esas características parecen incompatibles para transitar juntas en Chile. Él reconoce que puede resultar curioso, pero rápidamente se encarga de eliminar los mitos. “Si ser de derecha y ateo parece contradictorio es solo por una caricatura que se construye en torno al pensamiento de derecha. Es cierto que este sector es, para muchos, más conservador, y eso se relaciona con las restricciones que la religión impone a las conductas de las personas. Pero para mí, la mirada de derecha es aquella que busca privilegiar la autonomía responsable de las personas para elegir cómo desarrollar sus vidas y organizar la sociedad... y eso no tiene nada que ver con conservadurismo moral”, explica.
 
Pero esa es una definición bien teórica, porque en la realidad le toca convivir, trabajar y moverse con personas diferentes. ¿Nunca se ha sentido un bicho raro?
Aunque mucha gente que se define de derecha es conservadora en el Chile de hoy, para mí es más importante rescatar del pensamiento de derecha la preservación de la cultura liberal, de emprendimiento y autonomía para crear riqueza e innovar, que entramparse en el debate sobre temas valóricos. Esos pueden esperar un poco, si es necesario.
 
¿Por eso nunca ha querido militar en un partido político?
Claro, porque la militancia restringe y te matricula en causas con las que uno no necesariamente está de acuerdo. La política partidista no es muy importante en mi vida, pero sí me gusta participar en el debate de ideas. Es una opción personal, pero prefiero no sacrificar la pureza de las ideas solo por alcanzar objetivos de poder.
 
Casado con Ximena Katz y padre de tres hijos, antes de los negocios lo que realmente le quitaba el sueño eran las matemáticas. “Me fascinaba la idea de poder entender y dar explicaciones coherentes a las cosas, con un lenguaje que funciona articuladamente y con gran precisión. La verdad es que yo quería estudiar Matemáticas, así puras y duras, pero mi padre me convenció de que ampliara un poco mis posibilidades y eligiera ingeniería matemática”.
 
¿Y cómo derivó en los negocios?
Estudié en la universidad a principios de los setenta, cuando el tema económico estaba cruzado por una lucha ideológica muy fuerte entre la economía de mercado y aquella centralmente planificada. Me intrigaba por qué gente brillante de uno y otro lado era incapaz de ponerse de acuerdo en cuál era el mejor método para darle prosperidad a un país. Ahí me empecé a interesar en el tema y me di cuenta de que la economía social de mercado se acomodaba más a la naturaleza humana. Después se dieron las coyunturas para transformarme en emprendedor, y con mi amigo Raúl Alcaíno nos ganamos un premio, hicimos una sociedad, empezamos a crear proyectos y la cosa fue agarrando vuelo.
 
No se acerca mucho al estereotipo del ingeniero cuadrado... lo suyo va más por la ciencia social.
Siempre me gustó entender el mundo y eso significaba interesarme en casi todo. Vivo con una curiosidad intelectual permanente, siempre me interesó la filosofía, la lógica, la historia y después de muchos años en el mundo empresarial me conecté con la biología, con Darwin y la evolución, y descubrí una manera de entender el mundo muy poderosa y ordenadora. Y me fasciné nuevamente.
 
¿Cómo se definiría: como un creador innato o como el que es capaz de bajar ideas y ejecutarlas?
Todo un poquito, pero más o menos... Soy más analítico, pero a medida que ha pasado el tiempo he debido aprender a organizar y he liderado grupos de trabajo, aunque reconozco que no es una labor natural para mí.

¿Se entusiasma con facilidad?
Sí, con mucha facilidad.
 
¿Y se le pasa con igual facilidad?
No, ahí me demoro un poco más.
 
¿Pero si algo no resulta es capaz de dejarlo ir fácilmente?
No tanto... pero creo que la gracia de los seres humanos está en poder fracasar. Esa es nuestra gran ventaja frente a las computadoras. Ellas son más rápidas que nosotros y no se equivocan. En cambio, nosotros sí nos equivocamos y eso nos permite cambiar de rumbo. Los fracasos son mejores consejeros que los éxitos, porque implican revisar y corregir, mientras que un exitoso se empieza a creer el cuento y se rigidiza, no modifica conductas y puede ir derecho a un problema sin darse cuenta.

 
INNOVAR EN TODO SENTIDO
 
Innovar no solo tiene que ver con inventar grandes productos o desarrollar tecnologías de punta. Tiene que ver con nuevas formas de organizar los componentes de un sistema productivo. Pueden ser cambios en productos, diseños o procesos, en modelos de negocios u organizacionales. “La innovación opera en la interface entre la ciencia, la tecnología, el emprendimiento y los negocios”, explica Alvaro, quien lleva más de tres años a cargo de Fundación Chile, uno de los epicentros locales de la innovación.
 
¿Cómo se canalizan tantos factores?
Cuando uno hace muchas cosas las hace todas más o menos... y eso me pasa a mí... (ríe). Lo que a mí me gusta de la vida es entenderla como un todo y si uno se enfoca en solo una parte la está parcelando. Mezclar ciencia, tecnología, emprendimiento, negocios, ciencias sociales y comprensión del mundo es una manera de integrar sus distintas facetas, tal como uno no solo trabaja, sino también es padre, lector y observador. La gracia es buscar la coherencia y evitar la disfuncionalidad.
 
¿Cuál ha sido su sello en la Fundación Chile?
Lo más importante es aprovechar lo que se ha construido en treinta y siete años: una gran reputación, credibilidad y prestigio en torno a la innovación tecnológica en emprendimientos productivos nacionales. Y a partir de eso, procurar transformar a la fundación en un articulador del ecosistema de innovación nacional, en que hay muchos más actores que antes, pero todavía falta que se conecten y coordinen mejor. Nosotros podemos bajar lo que los economistas llaman “costos de transacción”, para hacer que las cosas ocurran.
 
¿Es el chileno un emprendedor?
Creo que los seres humanos son mucho más parecidos que distintos y, por lo tanto, lo que hace más o menos emprendedoras a las personas son las condiciones o el sustrato que el país les pone: reglas del juego, incentivos, refuerzos positivos.
 
Reformulemos entonces... ¿es Chile un país para emprender?
Se puede emprender y también hay problemas. Hay trabas burocráticas, pero se ha avanzado
mucho tratando de simplificar la creación de empresas. Pero, ojo, el emprendimiento requiere una disposición a tomar riesgos, que no todos tienen, porque implica incertidumbre, posibilidades de fracasar, hacerse cargo del trabajo y el sueldo de otras personas... Los emprendedores que ven puros problemas y no los resuelven no son, en realidad, emprendedores.

 
EL PAÍS DE HOY
 
Aunque fue parte de los grupos Tantauco para proponer desarrollo en temas de ciencia y tecnología, es también crítico del estado actual de las cosas. “Ha habido un esfuerzo grande por mejorar las condiciones para el emprendimiento, la CORFO también ha hecho mucho por ordenar el sistema y concentrar los esfuerzos de mejor forma, pero no ha habido una señal presupuestaria que lo acompañe”, aclara.
 
Y específicamente en ciencia y tecnología... estamos bastante al debe respecto a los países de la OCDE
Es un hecho que se ha avanzado, se ha ido sofisticando y es un área que se está tratando de organizar institucionalmente, pero ni este gobierno ni los de Lagos y Bachelet pudieron aumentar signi- ficativamente el presupuesto como lo prometieron. La política ha sido más fuerte.
A este gobierno le ha tocado lidiar fuertemente con el movimiento estudiantil, que está íntimamente ligado con áreas como la ciencia, la tecnología y, por qué no, con la innovación. La gente que tiene talento para la ciencia y la tecnología seguramente va a navegar el sistema y lo va a conseguir. Pero para que todo funcione de manera armónica tiene que haber avances en distintos frentes y lograr construir una red armónica. El problema es que hemos estado discutiendo la forma de organizar laeducación como una industria, hablando de cómo se financia, quién es el dueño y si tiene o no lucro, pero esa es una discusión incompleta, porque a continuación hay que preocuparse de que lo que ocurra dentro de una sala de clases sea de mayor calidad, por avanzar en áreas como ciencia y tecnología, donde si no tenemos profesores buenos, hay pocas posibilidades de que se aprenda.

¿Cree que estamos en uno de esos períodos en que todo se remece y del que salen cambios importantes?
Es un minuto de mucho cuestionamiento, pero no hay ninguna garantía de que eso se transforme en soluciones. Los cambios importantes en las sociedades complejas del siglo XXI no se logran con tomas, marchas o alardeos sobre la base de eslóganes. Queste cuestionamiento se traduzca en mejores soluciones va a depender de cómo se canalicen estas fuerzas renovadoras y eso está por verse no hay claridad para dónde va. Chile es un país al que la ha ido bien en los últimos veinte años. Y cuando a ti te va bien, piensas que va a seguir así sin importar lo que hagas. Se ha perdido el sentido del riesgo.

¿Ve en los candidatos actuales propuestas para lograr esos cambios?
No si las propuestas de los dos grandes conglomerados recogen bien el lenguaje moderno, del siglo XXI. Lo que se nos viene por delante es un mundo global, digital, tecnológico y competitivo… nada de fácil. La gente quiere tener las cosas fáciles: todo gratuito, menos horas de trabajo, menos exigencias, más uniformidad, y ese no es el camino  para  transitar hacia el mundo que viene. El país tiene que aprender a transitar y aprender a manejar su éxito, porque esa es la base de gran parte de nuestros problemas. Si tenemos un problema de financiamiento en la educación superior, es porque hay mucha gente en la educación superior. Si hay problemas en el retail o con los intereses, es porque hay muchas tarjetas de crédito y más opciones para comprar.

Usted  es  director  de  empresas, entre las cuales hay farmacias Isapre.  ¿Cómo  se mantiene una visión crítica desde adentro de algunos de los sectores más cuestionados?
Hay una cierta caricatura respecto de los esfuerzos que hacen las compañías para entregaloservicios qudanporque además de los casos de colusión o las alzas de  planes que   provocan molestiashay tremendos esfuerzos por tratar de satisfacer las necesidades de las personas.

O sea, ¿cree que estas críticas son injustas?
No, son correctas y las empresas tienen que hacerse cargo. Pero quienes critican no saben q hay detrás. Que exista colusión en las farmacias es algo que no se puede aceptar y está muy bien que s haya  sancionado; recuerda que más allá de la anécdota de las clases de ética para los ejecutivos, las multas en lo civil fueron severísimas. Lo que quiero decir es que el mundo es más complicado que las caricaturas con que se le quiere describir. Y lo que hacen las compañías, a veces bien y otras mal, es un esfuerzo tremendo que no siempre es apreciado. Hay mucha gente que se saca la mugre todos los días pensando en cómo hacer las cosas bien.

Entonces el problema es comunicacional, porque lo que sale a la luz es algo totalmente distinto…
Es complicado. Las soluciones pasan por cambiar el modelo de golpe, para algunos, o ir corrigiéndolo, para otros, entre los que me incluyo, y esa corrección siempre se va haciendo sobre la marcha y permanentemente. Yo soy partidario de fomentar la competencia y poner mejores reglas institucionales para corregir los problemas de asimetría entre conglomerados y consumidores. La otra opción es cambiar todo y proponer, por ejemplo, farmacias estatales, sin tener en cuenta que esos intentos ya han fracasadoEs muy difícil transmitir la idea de que en un ambiente de competencia, preocuparse del beneficio propio produce beneficios sociales, como dijo Adam Smith. Ese hallazgo, completamente contra intuitivo, uno de los s importantes de las ciencias sociales, sigue estando vigente.

 

 

“La gracia de los seres humanos está en poder fracasar. Esa es nuestra gran ventaja frente a las computadoras. Ellas son más rápidas que nosotros y no se equivocan. En cambio, nosotros sí”.

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