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EDICIÓN | Septiembre 2013

Talento innato

Carolina Budge, escritora infantil
Talento innato

En sus inicios escribir era solo un pasatiempo, de hecho, su primer cuento estuvo años guardado antes de ser publicado. Fue recién cuando llegó a vivir a la Ciudad Jardín que decidió llevar su pasión a otras lides. El resultado: tres libros que con gran imaginación fascinan a los niños. Su perseverancia ha sido clave en esta exitosa aventura literaria. 

por Francisca Cafati D.G. / fotografía Vernon Villanueva B.

Carolina Budge, es una mujer como muchas, está casada y tiene cuatro hijos (21, 19, 15 y 12 años), y como tantas chilenas compatibiliza su rol de madre y esposa con la empresa fami- liar. Todo eso la hace
parecer una persona común, sin embargo esconde una pasión que la hace especial. Un don, como ella lo cataloga, que la ha llevado a escribir tres libros de cuentos infantiles: Una aventura en la buhardilla y otros cuentos (2000), Mi amiga gitana y otros cuentos (2003) y La fábrica de nubes y otros cuentos (2012). Y aunque cuando terminó el primero pensó que no podría escribir otro, hoy su imaginación parece no tener límites, no solo su última publicación fue seleccionada por el Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura, sino que además trabaja en un cuarto proyecto, del cual prefiere reservar los detalles hasta que tome forma definitiva.
 
De profesión publicista, encontró en la literatura infantil una afición que toma muy en serio. “Me siento responsable de usar bien el don que Dios me dio. Por eso lo sigo trabajando”.
 
 
ROLES EN PARALELO
 
Desde muy joven le ha gustado escribir. Y a pesar de que había asistido a talleres literarios con Enrique Lafourcade, no consideró mayor- mente esta habilidad hasta que llegó a vivir a la Región de Valparaíso. “Viña me dio la oportunidad de escribir. El hecho de tener más tiempo, más espacio y más tranquilidad me motivó”.
 
Se vino porque a su marido lo trasladaron desde Santiago. Confiesa que le costó tomar la decisión, pero que primó su opción de hacer familia, “escogí casarme y ser mamá, mi prioridad es estar al lado de mi marido y de mis hijos”. Hoy afirma que la Ciudad Jardín entrega cosas que no están en la capital. “Va mucho más allá del aire puro, está la calidad de vida y el mar es maravilloso, lo admiro, me
encanta verlo y caminar por la orilla, todavía me llama la atención”. Claro que de Santiago no se ha podido desligar por completo, tiene familiares y amigos allá y viaja seguido porque le encanta la cultura, “me apasionan los museos, el ballet, los conciertos”. También la cautiva leer novelas históricas, le fascina ver películas, conocer lugares nuevos y realizar actividades en familia.
 
El hecho de trabajar con su marido en su importadora de semillas y fertilizantes orgánicos le ha simplificado bastante la tarea en ese sentido y tenerlo como jefe ha sido una buena experiencia, “obviamente tiene sus altos y bajos como cualquier relación laboral, pero aquí uno lucha por un solo bolsillo y eso hace la diferencia”.
 
Escribir es parte de su vida cotidiana y lo realiza en paralelo a todas sus obligaciones. Para la escritora, su familia es de gran ayuda, recurre a ellos para que opinen sobre sus cuentos, “les pido que me digan la verdad, si los entretiene o lo encuentran aburrido”.
 
Obviamente, son sus críticos predilectos. Confiesa que no escribe de forma rigurosa, y que se distrae con facilidad, por eso el proceso creativo se complica cuando está rodeada de los suyos; no en vano anhela tener una casa en la montaña o en la playa donde junto a una vista espectacular y buena música, idealmente clásica, pueda dar rienda suelta a su pasión.
 
 
FORJANDO A LA ESCRITORA
 
Su primer cuento La hormiguita amarilla lo escribió sin ninguna pretensión, cuando aún era soltera y vivía en Santiago. El interés por el público infantil (entre siete y ocho años) se manifestó de inmediato. “Siempre me han gustado los niños, me encanta la fantasía que tienen, su manera de ver las cosas y su ingenuidad me asombran”. Con sus diferentes historias y diversos personajes, quiere transmitirles valores básicos como no robar, no mentir, ser buena amiga, ser estudiosa, etc.
 
Ese primer cuento estuvo varios años guardado, pero cuando llegó a Viña, lo desempolvó y lo mandó a una editorial. “Me lo devolvieron con correcciones, las hice y lo volví a enviar; ahí decidieron publicarlo”.
 
¿Fue fácil aceptar que te lo corrigieran? ¿Sentiste que no tenías talento?
Te pasa de todo por la cabeza, pero uno aprende que eso tiene que ocurrir y es bueno que suceda, de hecho eso me impulsó a escribir dos cuentos más para enviar algo que tuviera más peso.
Así surgió su primer libro: Una aventura en la buhardilla y otros cuentos, un compilado de esos tres escritos independientes. Al tiempo publicó el segundo libro y luego el tercero. Y aunque cada vez que termina uno duda si podrá escribir otro, sigue adelante. Cuenta que la oportunidad de conocer otros lugares, otros paisajes y otras personas la ha ayudado bastante a potenciar su creatividad. Dice que la inspiración la obtiene de la observación, se detiene a mirar a la gente, a sus hijos y a los amigos de sus hijos. “Ando siempre con las antenitas paradas. Es una condición especial en mí porque soy sensible al entorno y me percato de situaciones que otros no”.
 
¿Cómo aterrizas esas ideas?
Todo requiere un esfuerzo, no considero que las cosas salgan por arte de magia. Hay que trabajar las ideas. No poseo la capacidad de que todo me fluya, tengo que pensarlas y desarrollarlas.
 
En ese proceso, ¿eres disciplinada?
He aprendido a serlo, porque nadie me ha enseñado. Es importante tener una disciplina, pero también lo es dejar que tu mente vuele y no exigirte. Planifico un día para dedicarme, pero no tengo uno fijo.
 
 
PÁGINA EN BLANCO
 
Para Carolina, enfrentarse a una página en blanco es un desafío y una exigencia. “Tienes que pensar y divagar al mismo tiempo para hilar las ideas, hacerlas correlativas y que entreguen un contenido”. Terminar un cuento puede demorar dos a tres meses, los lee y corrige hasta quedar conforme, “uno se equivoca bastante, por ejemplo puedes empezar con una niña con chaqueta roja y terminas con una de chaqueta azul, siendo que es la misma niñita. Esos detalles hay que cuidarlos”.
 
Sus dos primeros libros fueron publicados por Editorial Andrés Bello; sin embargo el último lo editó con Ediciones Universitarias de Valparaíso (dependiente de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso). “Tenía ganas de hacer algo en Viña. Pensé si estoy viviendo acá, voy a intentarlo acá. Fui a la Universidad Católica y ellos me propusieron hacerlo a través del FONDART”.
 
Esta decisión marcó un hito en su carrera de escritora, su tercer libro no solo fue financiado por el Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura que entrega el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, sino que además su lanzamiento se realizó con bombos y platillos en la 31a versión de la Feria del Libro de Viña del Mar.
 
¿Esperabas ganar cuando te lo planteó la PUCV?
No. Se presentó mucha gente. Me tiré a la piscina como cualquier otro postulante. Pero cuando me llamaron y me dijeron que había ganado, fue una alegría enorme, todavía me emociona acordarme. Son cosas importantes porque escribir cuesta y este libro, en particular, fue difícil.
 
Efectivamente, publicar su tercer libro le significó sobreponerse a la frustración. Cuando solo tenía un par de cuentos escritos, la llamaron de una importante editorial para reclutarla entre sus filas; al principio estuvo reticente al proyecto porque implicaba escribir con pie forzado y en un tiempo limitado, requerimientos a los que no estaba acostumbrada. Pero finalmente aceptó. “Era un desafío y una oportunidad. Me puse a escribir, se armó la maqueta y firmamos contrato. Repentinamente cambiaron a la editora juvenil y la persona que la reemplazó, desconoció el acuerdo”. El hecho le dio bastante rabia, pero no se dejó abatir, tomó el material y lo llevó a la PUVC. “Para que veas cómo son las cosas, hay personas que te dicen: ‘olvídate, no tienes ninguna posibilidad’, y hay otras que te dice que sí. Por eso, nunca hay que dejar de perseverar”.
 
 
TAREA ADICIONAL
 
Su afición por la literatura no se queda solo en escribir cuentos infantiles, sino que también le interesa que los niños lean. Y para ello se ha dado a la labor de motivarlos personalmente, visitando diferentes colegios para conversar con ellos. Experiencia que define en una palabra: “¡fantástica!”. “Los niños de hoy son increíbles, súper vivos. Te hacen unas preguntas con las que tienes que irte con cuidado. Realmente piensan lo que van a preguntar”. Para ella “es fundamental acercar a los niños a la persona que ha escrito algo”.
 
Tienes tres libros publicados y un cuarto en carpeta, ¿qué reflexión puedes hacer cuando miras para atrás?
Que siempre hay cosas para escribir. Cuando publiqué el primer libro nunca me imaginé que iba a seguir el segundo ni un tercero. Pero las cosas van fluyendo porque uno quiere, perfectamente me podría haber quedado solo con el primero. Pero pude y puedo seguir.

 

 
“Viña entrega cosas que no están en la capital. Y va mucho más allá del aire puro, está la calidad de vida y el mar es maravilloso, lo admiro y me encanta verlo y caminar por la orilla, todavía me llama la atención”.

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