Arturo dice que la vida se ve distinta desde el mar. Que mientras todos corren de un lado para otro, entre medio de bocinazos y ruidos, sin darse tiempo para escuchar ni sus propios pensamientos, estando en el agua la realidad cambia, la mente se aclara y el corazón se calma.
Arturo Soto lleva más de la mitad de su vida ligado a las olas. Empezó a los doce años a practicar bodyboard y fue el mar el que amplió sus horizontes. Si no hubiera visto la vida desde el medio del océano, su historia sería como la de tantos otros que han crecido en ambientes de vulnerabilidad y riesgo social. Por situaciones familiares, se fue a vivir con su abuela a una de las poblaciones más complicadas de Antofagasta. Creció rodeado de pandillas y pequeñas mafias, donde la violencia y la plata fácil son el pan de cada día. “Hay mucha gente que se niega a creer que esta realidad existe en nuestra ciudad y está mucho más cerca de lo que nos gustaría”, nos dice Arturo.
Pero Arturo no estaba dispuesto a dejarse llevar y decidió que era él quien iba a decidir su destino y hoy es uno de los cien jóvenes líderes de Chile, según la Revista El Sábado de El Mercurio de Santiago en conjunto con la Universidad Adolfo Ibáñez. Y lo que a mí más me impresiona: descubrió su propia ola, la que bautizó como “Budeo”.
Su espíritu de superación, más el apoyo de su gente, lo han convertido en el articulador de una serie de acciones que buscan posicionar el bodyboard como una disciplina deportiva, ecológica, turística, cultural y de desarrollo social.
En esta cruzada personal, Arturo no está solo y ha logrado conformar un equipo junto a quienes dirige el Club Deportivo Budeo. “En el Club participamos muchas personas, pero somos tres quienes trabajamos de manera permanente. Billy Bown Álvarez es el segundo a cargo y mi mano derecha. A Billy yo le conté de mis proyectos y dejó su trabajo estable en minería para acompañarme en esta iniciativa. Él es ingeniero mecánico de profesión y es fundamental para que la maquinita avance”, destaca Arturo.
El tercero en la historia es “Felipe Briceño, que es el secretario del club. De profesión periodista, es el encargado de llevar al papel nuestras ideas y convertir los sueños en proyectos”.
FESTIVAL
La historia del Mundial de Bobyboarding es igual de fantástica que la vida de Arturo. Practicando un par de palabras en inglés improvisado, logró que Antofagasta fuera la capital del bodyboard mundial, consiguiendo que la International Bodyboarding Association (IBA), considere a la capital regional como la cuarta fecha del Circuito Mundial después de Hawai, Australia y Arica.
¿Qué significa esto?
Ni más ni menos que casi trecientos deportistas de todo el mundo validen nuestra costa y que más de diez mil espectadores disfruten de un espectáculo único, que incluye demostraciones de skate, bmx, parapente, presentaciones musicales conLatin Bitman y Los Tetas, como también de Disparando Cultura, entre otras bandas locales.
Tratar de resumir la aventura que significó este desafío es complicado. Pero basta decir que todo resultó a punta de esfuerzo y convicciones profundas, cuando decidió llevar a toda su escuela a la fecha de Arica, donde a pesar de algunas miradas desconfiadas, Arturo contó su historia llamando la atención de los organizadores, consiguiendo una invitación a Europa, la que fue financiada por el empresario Sergio Manríquez y logrando lo que muy pocos se hubieran imaginado, es decir, posicionar las miradas del mundo en nuestro borde costero y creyendo que son de nivel mundial.
Además de Arturo, Billy y Felipe, en el Festival de Bodyboarding participan Cristian Rudolffi en la producción, Pablo López como diseñador gráfico y expositor, Rinaldo Villegas, encargado de la feria ecológica y cultural, Glen Cuevas como coordinador del staff internacional y Patricio Farías, documentalista, un chico que desde la Población Río Maule y con pura intuición, lleva el registro audiovisual de Budeo, creando material de alto nivel.
“Todos estos personajes trabajaron por amor al arte por muchos meses y, así y todo, hasta hoy, nos quedan muchas cuentas por pagar”, nos cuenta Arturo. “El evento fue intenso y pusimos mucho amor en cada detalle, pero no logramos contagiar a quienes tienen los recursos para que nos apoyen”.
“De todas maneras contamos con algunos auspiciadores, que esperamos continúen con nosotros los próximos años. Es importante darles el reconocimiento al Gobierno Regional mediante el CORE, a la Municipalidad de Antofagasta, sobre todos a los concejales que me han apoyado desde un principio, a INJUV, CREO Antofagasta, Minera Escondida, Gobernación Marítima, CNC Medios, Carabineros de Chile, Jumbo, Revel producciones y a todos quienes aportaron a que esto fuera posible”, aprovecha de agradecer Arturo. “Nuestros auspiciadores son imprescindibles, pero antes que todo, debo agradecer a mis alumnos y amigos por enseñarme y darme la fuerza para seguir perseverando. Y por supuesto, debo dar gracias a mi familia por creer en mí y apoyarme en todos mis sueños a lo largo de los años”.
EMPRESA SOCIAL
“Desde que descubrí el mar, nunca más pude alejarme”, recuerda Arturo.
¿Así de potente?
Sí, así de potente. Yo siento que el mar me daba la fuerza. Cuando era más chico y ni siquiera tenía la plata para comprarme trajes o tablas, buscaba la forma de ir al mar igual, con frío o a las siete de la mañana, antes de ir al colegio. Mi vida la centré en el mar hasta cerca de los veintiún años, cuando pensé en buscar una alternativa más estable de ingreso. Yo estudié en Inacap e ingresé a una empresa contratista de minería. Estuve cuatro o cinco meses y aunque el cambio fue terrible, al menos me sirvió para decidir que iba a seguir mi propio sueño, costara lo que costara.
Debe haber sido terrible estar en el cerro...
Conocí gente muy buena y, además, aprendí algunas cosas claves sobre planificación. Y sobre todo, tuve tiempo para pensar bien lo que quería para mi futuro. Así nació la Escuela de Bodyboard Budeo, en honor a la ola que descubrí en el sector de las petroleras, en el sector norte de la ciudad.
¿Y te resultó la idea de la escuela?
Como idea era súper buena, pero mis primeros alumnos no fueron precisamente los que podían pagar, sino más bien mis propios vecinos más chicos, cuya situación era tan vulnerable como la mía cuando era niño.
Obvio que nos les ibas a cobrar...
No había cómo. Pero no me iba a rendir porque, además, me vi reflejado en esos primeros alumnos. Dejarlos sin clases no era opción. Así que partí haciendo mi primer “refugio”.
Lo desmantelaron entero. Lo rearmé una y mil veces. Mis amigos estuvieron a punto de rendirse, pero me vieron tan convencido que siguieron a mi lado. Y la comunidad también nos apoyó, porque los vecinos vieron que, a pesar de todo, seguimos trabajando, nos vieron llegar a las siete de la mañana y quedarnos hasta la noche.
¿Crees que esa perseverancia ha marcado la diferencia?
Es que estoy convencido de lo importante que es nuestra tarea. Supera todos los individualismos y es una acción concreta por una mejor sociedad. Lo veo en mis alumnos que hoy tienen nuevos valores y han conocido otra forma de ver el mundo. Todos podemos hacer lo que sea que nos podamos imaginar. Eso es lo que nosotros transmitimos a los niños, que puedes vivir de lo que a ti te gusta, que puedes conseguir todo lo que tú quieres y que las metas no deben ser materiales, sino de calidad de vida. Ellos conocen el lado más feo de la vida, donde están las verdaderas necesidades, entonces cuando les muestras otra parte, puedes crear líderes muy positivos para la ciudad y para el país.
¿Cómo logras mantener la escuela y generar nuevos proyectos?
La verdad es que es con mucho esfuerzo. Pero estoy convencido de que cuando uno tiene un objetivo claro, dan lo mismo los obstáculos que aparecen en el camino, porque es como si uno flotara encima de ellos. A veces es agotador ir a una y mil reuniones sin que nos den respuestas concretas, pero bajar los brazos no es nuestro estilo y estamos dispuestos a dar la pelea. Lo que soñamos en mucho más importante que cualquier otra cosa.
¿Es muy difícil que las empresas entreguen apoyo?
Yo creo que más que difícil por recursos es porque no logran visualizar la seriedad de todo esto. El bodyboard es mucho más que un deporte, es un estilo de vida que implica muchas otras áreas de desarrollo. Nosotros sabemos que somos un aporte para la sociedad porque la disciplina que implica, se traspasa a la educación, al trabajo. Yo les transmito a mis alumnos que dominar una ola es un ejemplo de cómo se puede dominar cualquier cosa; a veces cuesta mucho, pero si uno le pone empeño, se logra.
¿Cómo piensas financiar los futuros proyectos?
Queremos conformar una empresa social, que nos permita generar utilidades que puedan reinvertirse en nuestra escuela. Con este proyecto queremos potenciar Antofagasta en lo cultural, lo turístico y lo medioambiental, demostrando que tenemos un borde costero riquísimo en paisajes y potencialidades. Los que no lo ven es porque no quieren. La belleza está ahí y queremos que todos quienes viven en nuestra ciudad o la visitan, la puedan conocer. Si con eso, además, logramos recursos para recibir a más niños, es un negocio redondo.
Armar una empresa es un desafío mayor ¿estás dispuesto?
Yo nunca me he desmoralizado, aunque reconozco que a veces siento impotencia cuando me cierran las puertas en la cara. O peor aún, me dicen que sí y después nunca más devuelven las llamadas. Por eso nació la idea de la empresa social. No queremos hacernos ricos, sino más bien lograr independencia. Yo aprendí a mirar Antofagasta desde otro punto de vista y saber que aquí existen recursos increíbles. Espero compartir esa mirada con todo el mundo. Ese es mi objetivo.