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EDICIÓN | Agosto 2013

Pasos con identidad

Oscar Barrios, artesano
Pasos con identidad

Calzados de diversos colores, diferentes formas y tamaños son una invitación a conocer el mundo de Oscar Barrios, que por treinta y siete años se ha dedicado a la confección de zapatos Aexclusivos y contenedores de un gran valor identitario.

fotografía y texto: Soraya Valdivieso V.

A sus cincuenta y siete años de edad, Oscar Barrios no se deja timar por las modas; ni siquiera el boom cibernético ha logrado cautivar a este hombre que no piensa dejar de hacer lo que más ama en la vida: la confección de calzado.
 
Hijo de padres artistas, heredó en los genes el amor por el arte y la creación. Es el tercero de siete hermanos, todos artistas en diferentes áreas; su padre fue astillero, trabajó ejemplarmente los
metales y fue él quien inspiró a este hombre que a la corta edad de catorce años decidió tomar rumbo propio y crecer de lleno junto a la naturaleza, el trabajo de la tierra y los materiales naturales.
Después de diversas excursiones por áreas artísticas, a los veinte años, gracias a unos amigos, conoció el arte de confeccionar calzados. Hoy suma treinta y siete en la labor y no niega que su obra es ciento por ciento apreciada.
 
¿Cuál es el proceso creativo de sus obras?
Todo comienza en la imaginación; primero visualizo el calzado que quiero hacer en la mente, después intento llevarlo a moldes que confecciono en base a cartón. Luego, escojo el tejido que voy a incorporar, que generalmente viene de los aguayos, que son estas mantas gigantes en que las mujeres andinas cargan a sus niños. Esa elección es también un proceso, porque los colores son parte de un diseño que tiene perfecta armonía con la forma del calzado. Posteriormente, procedo a cortar el cuero, afinar los detalles y, por último, a ensamblar el zapato hasta que quede en perfectas condiciones y listo para el uso.
 
¿Cuánto tiempo dura un par de estos zapatos?
Toda la vida, o por lo menos eso me han dicho algunos clientes. Yo trabajo con materiales de buena calidad; el cuero lo escojo yo mismo y lo compro en Perú, mientras que el aguayo lo voy a buscar a Bolivia. Con respecto a la suela, creo que durante mi carrera he adquirido los conocimientos necesarios para hacer un zapato a prueba de todo. Creo, también, que la producción en serie tiene muchos más errores que la producción manual.
 
 
VIAJE PERSONAL
 
“Creo más bien que mis obras cuentan la historia de mi vida, dedicarme a esto ha sido parte de un crecimiento personal importante. La muerte de mi madre cuando yo tenía catorce años marcó mi camino a recorrer; a esa edad decidí marcharme de casa y fue desde ese periodo que comencé un viaje retrospectivo que mostró mi talento innato”. Oscar nació en Valparaíso, vivió varios periodos en los alrededores de esa región y en Santiago, hasta que se vino a radicar al norte.
 
¿Cuál cree usted que es su talento?
Ser un artesano. Y no precisamente por lo que hago, sino porque lo que hago, lo realizo con pasión. Siempre que elaboro una pieza es una obra propia de mis manos.
 
¿Hay prejuicios con los artesanos?
Se tiene la idea de que el artesano es una persona que le gusta la vida simple y la jarana. Sin embargo, yo soy el testimonio en vida de que el verdadero artesano no lleva una vida simple, sino que colmada de trabajo y que se debe cuidar en todos los aspectos de la vida, ya sea física, mental y espiritualmente.
Oscar comienza a contarnos aspectos personales y profundos, que dejan en evidencia a un hombre tranquilo, apasionado por su trabajo, y que vive en comunión con sus pares. De modo que muchas personas se acercan a su pequeño local ubicado en la Feria de Artesanos, a un costado de Baquedano, la avenida peatonal más importante de la ciudad. Hasta ahora cuento más de diez personas que observan, preguntan y aprecian el trabajo de Oscar.
 
Tus obras son dignas de exponer en una muestra de arte. ¿Con qué sueñas?
(Sonríe) Despierto, a veces me imagino hacer crecer mi producción, pero por otro lado, no ha aparecido alguien que se encuentre interesado y me dé confianza como para enseñarle y trasmitirle mis conocimientos.
 
¿Y sus hijos?
Betania, mi hija menor, demuestra ser una artista. Al igual que yo, lo lleva en su sangre, pero ahora está en la universidad y vive en Santiago. El tema de estar lejos es también un poco desalentador, todos los veranos, cuando me visita, deja rastro de sus obras.

 

 

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