La oficina de arquitectura que lleva su nombre se ha adjudicado diversos premios, pero él cree que “hacen mal”. Es conocido por ser el arquitecto consejero del Presidente de la República, pero él se considera transversal, y es uno de los más reconocidos del país, aunque él crea que sus pares “no lo quieren mucho”. Así es Gonzalo Mardones Viviani, un irreverente encantador.
Por Monserrat Quezada L. / Fotografía Sonja San Martín D.
Si el nombre o rostro de este arquitecto le parece familiar es porque, probablemente, lo ha visto repetidas veces en los medios de comunicación. ¿La razón? La polémica que generó la remodelación del Estadio Nacional, de la que ha sido protagonista como asesor de Sebastián Piñera y como gestor del proyecto que reemplazará al anterior, al que tildó de "desastre".
Y es que Mardones no tiene pelos en la lengua. Pero no es que ande disparando opiniones porque sí, sino que todas tienen un fundamento y un fin: crear ciudad. "En Chile hay una falta de opinión de arquitectos impresionante; en cambio, los arquitectos en países cultos, como los europeos, tienen mucho que decir porque son responsables de la ciudad y de cómo se diseña".
DULCE Y AGRAZ
"El crecimiento de nuestras ciudades en extensión es sostenido pero insostenible". El twitter de Gonzalo Mardones (@GonzaloMardones) refleja, en sabrosas frases como la anterior, su ágil pensamiento y sus ganas de participar de la vida pública, dándole a la arquitectura el sitio que él considera que merece dada su influencia en la vida de los demás: "Cuando las personas me dicen que han cambiado, que lo están pasando mejor, o, simplemente, que son más felices en su casa, departamento o restorán, lo gozo. Esa es nuestra tarea como arquitectos".
Respaldado por una trayectoria adornada de premios a los que recientemente se sumaron cuatro importantísimos en la Bienal de Miami 2009 y 2010, dice que "los premios le hacen muy mal a la gente. Obviamente tenemos un ego y nos ponemos contentos cuando se reconoce nuestro trabajo, pero creo que estos llegan a ser un nudo en la garganta que a veces te ahorca y te impide crear".
Mardones agrega que ha tenido poco reconocimiento en Chile y que no es amigo de los arquitectos, principalmente porque cuando algo le molesta, lo dice. "Por ejemplo, cuando doy charlas, les pregunto a los alumnos cuántos trabajan y treinta levantan la mano. Si les pregunto cuántos tienen contrato: ninguno. Para mí eso es una vergüenza. Y no es que yo sea de izquierda o derecha, de hecho soy súper transversal, pero hay cosas que hay que decir y eso en el medio no cae muy bien. Me doy cuenta porque, por ejemplo, con mi oficina tuvimos la suerte de ganar cuatro premios en la bienal de Miami (medallón de oro, medalla de oro y dos de plata), lo que es inédito, y los cuatros proyectos fueron presentados en la bienal chilena y ni siquiera clasificaron".
Comenzando con dos premios al mejor proyecto de título, cuando egresaste de la Universidad Católica, en 1980, no has parado de cosechar triunfos, ¿a qué crees que se debe que siempre hayas destacado?
El Beto Acosta, el único jugador que hizo más de cien goles para la Católica, equipo del que soy fanático, me hizo pensar en por qué él sobresalía. Y averigüé que siempre se quedaba tres horas más entrenando, llegaba dos horas antes, y a la hora de almuerzo, estudiaba. Eso me sirvió bastante de inspiración, porque creo que la arquitectura es pasión, amor y dedicación. Yo no me siento un hombre exitoso: me siento un hombre agradecido de la vida, de Dios. He tenido una vida como todos, llena de grandes dolores, pero también de vivencias buenísimas y eso me ha enseñado a hacer sólo las cosas en las que creo. Hemos perdido grandes clientes inmobiliarios, porque hemos optado por hacer arquitectura que le permita a la gente sentirse mejor. Ese es nuestro mayor logro.
El dolor del que habla Gonzalo Mardones fue un episodio que marcó su vida: cuando estaba estudiando primer año en la Universidad Católica de Valparaíso, su padre y sus hermanos hombres perdieron la vida en un accidente de tránsito. Esto lo obligó a continuar sus estudios en Santiago, donde vivía su madre y hermanas. "Mi padre murió a los cuarenta y cinco años y era un arquitecto absolutamente apasionado. Yo, desde muy chico, fui su gran hincha y lo acompañé a todas las obras; por lo tanto, mi sueño siempre fue poder dedicarme a esta pasión, que tiene mucho que ver con poder servir a los demás, contribuir a hacerlos felices, además de pelear por las ideas que uno cree, y tener opinión sobre la ciudad".
¿Eso es lo que más te atrae de la arquitectura?
Sí. Creo que el fin último de ésta es lograr que la gente sea más feliz y que la ciudad sea más coherente y bella. A mí se me va la vida por las cosas que yo creo que realmente hay que hacer, pero en Chile es difícil lograrlo, porque se privilegia a los arquitectos comerciales. Acá no se opta por la buena arquitectura, sino por lo que "rinde", cuestión que es un gran error y una contradicción tremenda. Recién ahora se está notando un cambio, pero todavía los arquitectos somos, para nuestra sociedad, seres extraños, sin mucho poder de decisión.
LA LUZ ARQUITECTÓNICA
Si hay un elemento protagonista de los proyectos de Mardones, es la luz. "Cada ciudad tiene una iluminación característica. En la arquitectura, yo entiendo la luz como el material más importante, mucho más que cualquier otro. Estamos acostumbrados a la luz horizontal, que no siempre es la mejor, sobre todo considerando que la luz vertical ilumina cinco veces más que la luz horizontal. De ahí la importancia de poder abrirse al cielo. Nuestro máximo interés es el tratamiento certero de la luz, su materialidad, su corporeidad y su control".
En ese sentido, es que el arquitecto está trabajando con tres conceptos: la quinta, sexta y séptima fachada. La quinta se refiere al uso del techo y es un término acuñado por Le Corbusier, maestro del modernismo en la arquitectura. "En este caso, dándole uso a la cubierta, conquistas la ciudad, los cerros, el mar, el río. Es la apertura total. Es lograr observar toda la geografía que circunda a la obra. La sexta fachada es el concepto de soterrarse, enterrarse bajo la luz y meterse en sótanos, que ya no son lo obscuro y lúgubre que nos imaginamos, sino que luminosos y útiles. Aquí, al contrario de lo que pasa en la cubierta, lo que predomina siempre es el cielo enmarcado. Esto tiene mucho que ver con la vida y la muerte, tiene una cuestión poética súper profunda y rica. Y la séptima fachada es repensar la pandereta o más bien eliminar el concepto. En nuestras obras, el medianero es usado arquitectónicamente. Lo incorporamos de mejor manera, porque no he visto nada más horrible que estos bloques de cemento que nos dividen".
En tu twitter dijiste: "Para pensar en una ciudad más bella debemos empezar proyectando el vacío". ¿Qué significa eso?
El vacío urbano es lo primordial. Los arquitectos normalmente pensamos sólo en nuestra obra y nos olvidamos de lo más importante que es hacer ciudad, que se configura con los espacios: plaza, parque, bulevar, un lugar donde estar y pasear. Debemos pensar qué es lo que queremos regalarle a la ciudad con nuestro edificio. Acá se han adoptado modelos norteamericanos que niegan la conformación urbana y este fenómeno no produce una ciudad o un barrio coherente, ni grato. He visto que no hay una voluntad política por hacer ciudad, no lo veo como prioridad de las autoridades. Pensemos en esta mancha de aceite que es Concepción, Santiago o Valparaíso: donde hubo campo y sembramos lechugas, hoy día sembramos casas y edificios de la misma manera. Eso es un desastre que produce suburbios pro-delincuencia, pro-drogadicción. Tiraron a los más pobres a la periferia, ¡qué inconsciencia! Si son los que menos recursos tienen y los que más deben gastar en movilizarse y el fisco tiene que gastar millones de dólares en llevar infraestructura. Si hubiera una ciudad coherente, continua, si se hubiera pensado el vacío, en el espacio, la gente estaría mucho más contenta.
ESTADO DEL ESTADIO
No puedo dejar de preguntarte sobre el tema en boga, ¿Qué crees que sucedió con el proyecto del Estadio Nacional? ¿Por qué fue el "desastre" que dices que fue?
El gran error de la remodelación del Nacional es que se llamó a una licitación a empresas constructoras sin proyecto. Increíblemente, el escenario deportivo más importante de nuestro país no tiene arquitecto, no tiene proyecto ni autor responsable. Se hicieron muy mal las cosas. Hay que destacar que el Presidente, en su inauguración, se comprometió a recuperar el estadio con todas las condiciones que debe cumplir.
Tu oficina está trabajando para mejorar estas condiciones, ¿cómo van a hacerlo exactamente?
Nosotros entregamos un proyecto que mejora las instalaciones, recupera el aforo a setenta mil personas de las cuarenta y seis mil actuales. Se cubre (se techa) un porcentaje importante de las tribunas y galerías, y se elimina el foso de seguridad que fue hecho a la manera de los romanos para protegerse de las fieras. Además, se entierra la cancha, de manera de acercar el público con la idea de recuperar la condición de local que todo estadio de nueva generación debe tener.
"Pensemos en esta mancha de aceite que es Concepción, Santiago o Valparaíso: donde hubo campo y sembramos lechugas, hoy día sembramos casas y edificios de la misma manera. Eso es un desastre que produce suburbios pro-delincuencia, pro-drogadicción. Tiraron a los más pobres a la periferia, ¡qué inconsciencia!".