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EDICIÓN | Agosto 2013

Pasión ovalada

Rodrigo Tobar, rugbista
Pasión ovalada

Capitán de la selección chilena de rugby, hoy defiende los colores de Old John’s con la misma fiereza y categoría que lo ha mantenido por nueve años en el primer equipo de Los Cóndores. 

por Érico Soto M. / fotografía Sonja San Martín D.

Como el menor de tres hermanos, Rodrigo Tobar (27) compartió tempranamente el deporte familiar: el rugby. Formado en Los Troncos, club en que militó por nueve años, su solidez en la tercera línea lo ha convertido en protagonista en todos los clubes por los que ha pasado, incluida la selección chilena.
Actualmente defiende la camiseta de Old John’s, en un presente que lo encuentra en su madurez deportiva. Las lesiones y los diferentes desafíos le han puesto pruebas en el camino, pero los ha sabido sortear con trabajo y categoría.
 
Pero no fue el rugby el único deporte en su vida, pues “Titi” debió bajarse de la bicicleta para recalar en los tackles y tries. Durante años practicó mountainbike, modalidad cross country, destacando en competencias locales. Cuando apareció el rugby y la posibilidad de integrar una selección menor, vino la primera gran decisión de su vida.
 
¿Cuál fue tu primer deporte?
Cuando era chico practicaba ciclismo de montaña, sobre todo en los veranos, cuando no había rugby. Y en el invierno, por el barro, volvía al equipo. Así lo estuve haciendo hasta los dieciséis años, hasta que tuve que decidirme por uno de los dos porque quería tomar el deporte en serio, y ambos eran incompatibles.
 
¿Te alcanzaste a entusiasmar con el ciclismo?
Sí, la decisión no fue fácil, sobre todo porque en el cross country competí y gané varias fechas. Además, son deportes muy disímiles en cuanto a lo físico; yo pesaba sesenta y ocho a setenta kilos, porque llegaba bien entrenado a una competencia de mountainbike, pero en el rugby pesar eso es imposible, menos en mi puesto (tercera línea), porque sin envergadura no tengo ninguna opción. Por lo tanto, al decidirme tuve que partir desde muy abajo desde ese punto de vista.
 
¿Nunca te arrepentiste?
La dudé en un momento, porque soy un agradecido del ciclismo. Como deporte individual me disciplinó mucho en todo lo que es el entrenamiento. Alcancé un buen nivel, e iba a correr a Pucón, Cañete, Arauco... Pero no me arrepiento.
 
¿Cuándo aparece el llamado de Los Troncos?
Llegué el año noventa y cinco, junto con los hermanos Mainguyague, a las divisiones infe- riores del club. Estuve nueve años que fueron de mucho enriquecimiento. 
 
¿Qué influyó para que te decidieras por este deporte?
Fui convocado a la selección menores de diecinueve. Yo era un año menor del límite, y aún así estaba muy por debajo de la media en el físico, producto del ciclismo. Tuve que cortar el pedaleo y meterme a entrenar de manera muy intensa. Fui en diciembre del 2003 a la selección, y me nominaron para participar de la pretemporada, con proyecciones para el Mundial 2004 de la categoría, que sería en Sudáfrica, lo que era todo un sueño. Desde ahí no paré hasta lograrlo. Me puse muy contento y me cegué con el tema, me concentré para lograr el objetivo de ir al mundial.
 
Dedicación exclusiva...
Exacto. Me fui a vivir a Santiago, y ahí estuve en el Centro de Alto Rendimiento (CAR), con Javier Valderrama. Entrenamos muy duro, desde muy temprano, a veces en triple jornada. Me marca mucho haber tenido la posibilidad de estar con los mejores. Conocí a Cristián Escalante (pesista), quien me ayudó mucho con su entrenador y me hizo comprender el deporte de alto rendimiento. Aprendí de alimentación, disciplina. Me dieron a entender que si quería ser deportista con proyección, tenía que sacrificar cosas.
 
¿Cuáles fueron los pasos de tu consolidación?
Ya había debutado en la primera de Los Troncos, y logramos clasificar al Mundial de Sudáfrica, lo que fue espectacular. Era muy chico y lo veía como un sueño. Fue de las experiencias más lindas que viví, porque además salimos terceros, un tremendo resultado. Luego de eso volví a Los Troncos, cuando cursaba cuarto medio, convencido de llegar a jugar el próximo mundial, pues tenía un año de ventaja. Y finalmente lo volví a lograr: fuimos el 2005 de nuevo. Hasta hoy sigo siendo el único jugador de Troncos que fue a dos mundiales.
 
¿Qué recuerdos te llevas de tu paso por ese equipo?
Recuerdo con mucho cariño a Simón Berti, nuestro entrenador. Me puso de titular desde muy chico, siendo yo muy inferior físicamente a los rivales de turno. Le tengo que agradecer que confiara en mí, en mi inicio como jugador. Allí estuve hasta el 2006.
 
¿Cómo se produjo tu salida?
El 2005 llegó Juan Martin González como entrenador asistente, para luego asumir como director técnico del equipo. Yo era seleccionado Sub 21, y daba buenos resultados, pero no tuve el apoyo que buscaba, ni buena relación con él. Eso repercutió en mi salida.
 
Hacia la vereda de enfrente...
No fue tan así. Cuando llegué al primer mundial, con diecisiete años, Los Troncos fue a una gira a Inglaterra. Pero muchos de los estandartes de ese equipo no aparecieron más durante el resto del año. Entonces, a pesar de ser muy chicos, varios jugadores tuvimos que cubrir a los que no estaban. Recibimos varias palizas por parte de los otros equipos, de gente grande que nos trataba muy duro en los partidos, pero de todos modos representamos lo mejor que pudimos al club, porque sabíamos que eso nos iba a servir más tarde. Posteriormente, con la llegada de refuerzos, el equipo comenzó a rendir muy bien, lo que nos permitió clasificar a las semifinales. Sin embargo, se presentó este problema puntual que mencioné, que incluso me hizo replantearme en el rugby. Luego, en diciembre me llamó Manuel Gurruchaga para invitarme a entrenar con Old John’s y acepté.
 
¿Cómo fue la recepción?
A pesar de los innumerables roces anteriores con jugadores de Old John’s, fue muy buena. Al principio me sentía un marciano entre medio de todos mis ex rivales, pero encontré un gran grupo de personas, sobre todo los compañeros que me acogieron. Había algunos, como el “Mono” Benavente, con los que nos pegamos varias veces, pero afortunadamente todo eso quedó atrás y fue algo muy positivo.
 
 
LESIONES Y JINETA
 
La carrera de Rodrigo Tobar estuvo emparejada siempre con la selección nacional, pues luego de integrar los representativos menores, durante nueve años ha defendido a Los Cóndores en distintos frentes internacionales. Su regularidad y experiencia lo erigen como el portador de la jineta de capitán del quince nacional.
 
El único año que Rodrigo no vistió la roja de la selección, aparte de las ausencias por lesiones, fue el 2008, cuando se embarcó en el proyecto del equipo penquista Los Viejos Galos, formado por ex alumnos del Lycée Charles de Gaulle de Concepción, que compitió en la segunda división. El salto le costó perder nivel competitivo y la iniciativa tampoco prosperó.
 
¿Por qué falló ese intento?
Fue un proyecto para reunir a los ex alumnos del colegio francés, pues en un momento éramos doce o trece en Los Troncos. Pero significaba jugar en segunda división, a un nivel distinto, por lo que arriesgamos mucho y solo duró un año. No recibí el compromiso que esperaba del grupo. Ante eso, mejor volví a un equipo de primera división y desde el 2009 no me muevo de Old John’s.
 
¿Sufriste lesiones importantes?
Tengo seis operaciones. La más importante fue el 2007, en un momento personal muy bueno y en que el equipo venía de doce victorias consecutivas; jugábamos las semifinales del torneo central, algo histórico para Old John’s. Hubo un receso de tres semanas y yo paré porque venía con una pubalgia. Una semana antes, en un amistoso contra un equipo argentino, en una jugada sentí como que se rompía una tabla. Jamás pensé que era yo. Pisé de nuevo y me caí: luxofractura de tobillo. Me perdí las semifinales y ese año entero. He tenido muchos golpes también. El 2009 me fracturé dos veces. Y el año pasado me operé la rodilla, una cirugía reconstructiva, porque el desgaste pasa la cuenta.
 
¿Qué etapa destacas de tu trayectoria?
Ha habido momentos muy buenos. El 2011 jugamos la final y este año ganamos la liga, por ejemplo, pero son etapas distintas, tanto grupal como individualmente. Aparte, yo juego en la selección desde el 2004, siempre presente en las convocatorias, con todo el sacrificio que implica que los entrenamientos sean en Santiago.
 
¿En qué pie se encuentra hoy la selección?
El 2008 partió un ciclo con Daniel Graco, entrenador argentino, con proyección para las eliminatorias. Esa camada muy joven trabajó bastante bien y tuvo avances notables a nivel internacional. Lamentablemente, Daniel se fue el año pasado, y el ciclo se terminó. Llegó un entrenador nuevo (Omar Turcumán), con todo lo que conlleva el cambio: tiempo, adaptación, nuevo estilo. Pero estoy convencido de que podemos ir a un mundial, por los números y el avance que hemos tenido. Para eso nos estamos preparando.
 
¿En lo personal, está el desafío de jugar afuera?
Sí, sería interesante. Lo he pensado y hay opciones. Me gusta el rugby de Europa, como el de Francia o Bélgica. No es imposible jugar afuera, no lo veo como algo muy alejado, pero antes de eso quiero dar mi examen de grado para titularme de la carrera de Derecho (U. San Sebastián).
 
¿Cuáles son tus próximos objetivos?
Dentro de Old John’s, estamos mentalizados en el torneo, y siempre tratar de llegar lo más adelante posible. Y a nivel de selección, sacarle provecho a la próxima gira por Europa, porque sabemos que en este deporte el apoyo es escaso.

 

 

“Llegó un entrenador nuevo (Omar Turcumán), con todo lo que conlleva el cambio: tiempo, adaptación, nuevo estilo. Pero estoy convencido de que podemos ir a un mundial, por los números y el avance que hemos tenido. Para eso nos estamos preparando”.

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