Practica Balance, una disciplina que mezcla Tai Chi, Yoga y Pilates, y se va feliz en bicicleta a la oficina. Son momentos de necesaria distracción y actividad física, ya que, una vez dentro de su oficina, Michelle Orthusteguy se aboca a su desafiante labor de aliviar, aunque sea un poco, una difícil realidad que enfrentan muchos chilenos: la discapacidad.
Michelle es abogada de la Universidad de Concepción y posee una trayectoria dedicada, principalmente, al servicio público, donde se ha desempeñado en distintas instituciones a lo largo de su carrera. “He ejercido de manera independiente en el sector privado, pero lo que más me gusta es el servicio público”, enfatiza.
Antes de asumir su cargo actual, trabajaba como asesora jurídica del Programa Chile Califica, de la Comisión de Desarrollo Isla de Pascua CONADI, perteneciente a la Seremi de Gobierno del Biobío. “Estuve cerca de cuatro meses en Rapa Nui, en lo que fue una experiencia hermosa y enriquecedora”, cuenta.
Actualmente, ha asumido con fervor su compromiso con la discapacidad, trabajando de manera intensiva por la construcción de un Chile más inclusivo.
CHICA DE TV
Pero, como en todo, hubo un camino antes de llegar a donde está, y el de Michelle incluye un interesante y largo paso por los medios de comunicación: “Cuando era más chica hice televisión y radio, y creo que eso me ayuda cuando hay que difundir alguna información públicamente. No me incomoda la exposición que uno tiene a veces en cargos públicos”.
Probablemente fue su poderosa y atractiva perso- nalidad, lo que la llevó, a sus veinte y tantos años, a involucrarse en ese mundo mientras estudiaba, trabajando en la empresa de la familia Mosciatti—actual Bío Bío Comunicaciones—, tanto en Canal 9 regional, como en Radio Gabriela.
En televisión realizó programas de magazine, condujo El tiempo, e hizo entrevistas, pero señala que lo que más le apasionaba era la radio: “Ser locutora es una de las mejores cosas que he hecho en la vida; me pagaban por escuchar música que era lo que a mí me gustaba”.
Llegó al medio a través de una amiga que la llevó a un piloto, pero finalmente, la que quedó fue ella. “Recuerdo que don Nibaldo Mosciatti me pasó unas revistas para que leyera, y me insistió en que siguiera en eso, que no me perdiera. Yo estaba en la universidad, pero una vez a la semana me arrancaba e iba a hablar con él, una persona maravillosa, muy inteligente, con quien podías conversar de lo humano y lo divino. Entonces, un día estaba el locutor al aire y don Nibaldo me hizo participar. Fue una tremenda experiencia”.
Desde entonces trabajó durante años por una hora diaria, a media tarde. “La salida fue igual de estrepitosa que mi entrada; un día dije al aire ‘buenas tardes, amigos, nos vemos mañana’, y al salir del locutorio, me enteré de que la radio se había vendido y que ya la habían sacado del aire, porque entraba la Punto Siete. Fue heavy.
¿Y no pensaste en dedicarte a las comunica- ciones?
Mucha gente me lo decía, e incluso, tiempo después me metí en cursos de doblajes de películas, pero en ese entonces se contrataban actrices y, además, era imprescindible estar en Santiago, lo que me complicaba aún más, así que no seguí en el tema.
Si te gustaba ese medio, ¿por qué habías decidido estudiar derecho?
Me motivó entrar a la carrera porque en esa época existía la posibilidad de, en tercer año, irse a la Universidad Andrés Bello a seguir la carrera diplomática, y yo quería viajar. Finalmente, cuando llegué a ese momento, ya habían cambiado las reglas y tenías que estar titulada para irte, y como ya había pasado mucho tiempo, no era el momento. Pero no me arrepiento y estoy feliz de ser abogada. De hecho, me ha servido mucho para este trabajo, porque es una labor que está establecida en una nueva ley que hay que llevar a cabo.
LA VIDA EN SENADIS
El trabajo en el Servicio Nacional de la Disca- pacidad se divide entre la línea de oferta programática de fondos concursables, la entrega de ayudas técnicas —como sillas de ruedas, software especiales para no videntes, implementación de centros de salud, etc.— y la solución de casos particulares. “Hay mucha gente a la que le vulneran sus derechos a diario, tanto en la micro, como en la calle, en el colegio, en el trabajo, etc. Ellos requieren de nuestro apoyo y respuesta en sus solicitudes”.
¿Cuál es, específicamente, el rol del SENADIS?
Es un rol articulador con otros servicios y ministerio. Trabajamos con diversas seremis, como la de transportes, haciendo gestión interministerial. También en red con las universidades, promoviendo campañas para crear conciencia y entender cómo vamos creando inclusión. Por ejemplo, hay algunos proyectos en carpeta para que las instituciones de educación superior se preparen para el ingreso de estudiantes discapacitados. La idea es trabajar con todos y, sobre todo, escuchar, porque los mejores proyectos nacen a partir de los mismos afectados.
¿Qué significa discapacidad?
La discapacidad es la interacción negativa entre las características de las personas el medio. Esa es la definición actual. Según eso, el transporte hoy es una barrera, entonces al adaptarlo correctamente, desaparece la discapacidad. Por eso es tan importante el trabajo intersectorial, con ministerios, municipalidades y privados, y la difusión pública, porque despierta en la gente la sensibilidad. Yo creo que quienes discriminan no lo hacen por maldad, sino por ignorancia.
¿Dónde ves que hay más discriminación?
La gente reclama por el trato que se les da, la displicencia y desprecio con que se les mira en algunas oportunidades. Hay barreras físicas que derribar y barreras de actitud, y esas son las que más cuesta romper. Es por eso que es harta la pega y bien desgastante, porque estás todos los días cerca de mucho dolor, y sometida a burocracia y centralización que no te permite avanzar todo lo rápido que quisieras. Agradezco el poder contar con mi equipo; cuatro personas que son un tremendo apoyo, muy trabajadoras y eficientes y, por otra parte, el tener una relación súper colaborativa con otros servicios como el FOSIS, la Seremi de Transportes, el INJUV, el SERNAM, el SENCE, entre tantos otros.
¿En qué proyectos están trabajando actual- mente?
Vamos a instalar casas de inclusión en Cura- nilahue y Concepción, a través de convenios con las municipalidades. Ellos ponen el bien raíz y nosotros los recursos para que se implementen y contraten profesionales y todo lo que las organizaciones vayan necesitando. Lo bueno es que nació de la gente y es fruto de la demanda social. Pronto también habrá cupos de micro emprendimientos a través del FOSIS, y seguiremos trabajando en equipo para ayudar y crear más accesos y alternativas de trabajo independiente para las personas con discapacidad, por lo que se requiere harta gente que coopere y colabore.
Quizás por su labor, en que tiene contacto cercano con personas que por un accidente o un error vieron truncados sus planes de vida, Michelle Orthusteguy disfruta cada minuto de su vida. “Me gusta bailar, ir a conciertos, salir a comer. Trato de vivir el día a día y me encantan los cambios. Todos los días me voy a la oficina por caminos distintos”.
Michelle sabe que su trabajo es remunerado, pero también entiende que en él tiene la suerte de poder mejorar, aunque sea en algo, la vida de muchos. Por eso, está consciente de que la razón por la que se levanta a diario tiene que ver con el futuro de todos, sobre todo de sus tres hijos y el mundo que les está heredando.