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EDICIÓN | Agosto 2013

Escultor de pasiones

Néstor Reyes Bucarey, tallado en madera
Escultor de pasiones

Ay, de cuanto conozco y reconozco es la madera mi mejor amiga, dea Neruda en sus Odas elementales. Esta frase identifica profundamente a Néstor Willy Reyes, un artesano cuya pasn le permitió tener un trabajo remunerado en ASMAR, tallando madera a pedido por treinta años. Ahora que está jubilado, se dedica a lo que lo hace más feliz: lo mismo

por Monserrat Quezada L. / fotografía Sonja San Martín D.

Cuenta la historia familiaque la señora de Néstor Guillermo Reyes Bucarey, una vez gauna apuesta gracias al talento de su marido: Una persona pensaba que la cadena que Willy había tallado en una de sus obras no era de madera, sino que era de verdad, pintada y lacada. Tuve que rasparle un pedacito de un lugar no visible para que me creyera, y le gauna comida que después disfrutamos todos.

Y es que la dedicación con la que trabaja cada detalle, y la precisión con la que da cada golpe a su cincel se ven reflejadas en cada cofre, cada imagen religiosa, cada caballo, en fin, en cada una de las piezas que conforman su vasta obra.
 

ÁNGELES

Willy relata sobre sus inicios en este oficio: Comencé desde muy pequeño como un pasatiempo, ya que como me cr sin papás, yo tenía que crearme mis propios juguetes. Hacía palitos de honda, los revólveres, las espadas, diversos elementos para entretenerme. Como vivía en Santa Bárbara, tenía el campo al lado y sacaba troncos de cualquier lugar.

Al principio nadie le ensó, y fue experimentando solo con el material. Pero ya más grande, cuando vivía en Los Ángeles, empezó a relacionarse con artistas reconocidos como Pacheco Altamirano, Nangari Simon, Eliseo Asau y Osvaldo Órdenes. Allá teníamos un grupo de arte donde nos hacían clases de más o menos quince días. Pintaba y el dibujo lo llevaba a la madera, siempre. Pero ahí aprendí a darle perspectiva y volumen a los trabajos.

¿Cuándo empezó a comercializarlos?
Una amiga tenía una librería en Los Ángeles y me pidió uno de mis trabajos para embellecer la vitrina. Fue entonces cuando alguien preguntó por el valor porque quería comprarla y lo hizo, así que así seguimos mostrándolas en su negocio. Al principio, cuando alguien se los llevaba, en vez de estar feliz, me sentía mal porque era algo muy personal, y la verdad es que hasta ahora me sucede lo mismo. Cuando hice a Su Santidad el Papa Juan Pablo II para el Liceo La Asunción, me dio mucha pena desprenderme de él. Les dedico tanto tiempo que hasta sueño con ellos y me encariño, inevitablemente.

Hace más de treinta años se vino a Talcahua- no desde Los Ángeles, buscando más oportu- nidades laborales, y comenzó a trabajar en ASMAR como tallador.
 
 
EXPUESTO
 
Una vez jubilado, empezó a trabajar para sí mismo y a participar en más exposiciones. “La Municipalidad de Talcahuano me pidió realizar una muestra en el Mall Plaza del Trébol y, si bien en ese momento no tuve ventas, me hicieron muchos pedidos. De hecho, conocí a la encargada de las exposiciones en el Mall del Centro e hice otra ahí. En esa sí tuve compradores y contactos para exponer nuevamente. Así se va dando esta reacción en cadena. Creo que he tenido mucha suerte”.
 
¿Qué es lo que más le gusta de trabajar con madera?
El material es adorable, cálido y se entrega mucho; la madera me dice lo que tengo que hacer. Yo pienso la idea y las cosas, básicamente, se hacen solas. Por ejemplo, cuando hago algún cuerpo, es la misma forma del tronco la que le da esa sensación de movimiento. Utilizo principalmente lingue, raulí y castaño.
 
¿Cómo es el paso a paso?
Para construir una figura lo primero es dibujar. Después, la parte difícil es empezar porque no se sabe dónde dar la primera estocada, hasta que, de repente, la madera da la señal y ahí uno sigue fácilmente. Al finalizar se le da un buen barniz. Hay escultores más adinerados que le dan un tratamiento mayor, pero yo no. Yo soy un hombre sencillo.
 
¿Cuánto tiempo le toma cada trabajo?
Me demoro como un mes, más o menos. A veces hago un trabajo a la vez y otras, voy avanzando de a poco en varios al mismo tiempo, todo depende de mi estado de ánimo y creatividad.
 
¿A usted se le ocurren o son por encargo?
La mayoría de mis trabajos son por imaginación, pero también por encargo. Hago hartas cosas religiosas, porque mi mamá era muy creyente y me lo inculcó, además de que noté que cuando hacía un Cristo, una virgen o un ángel, se vendían con facilidad. Aparte, tallo imágenes como, por ejemplo, para rodeos, para los bomberos, Bernardo O’Higgins, Arturo Prat, etc.
 
¿Cuáles considera como sus mayores logros?
En primer lugar, crear el Santo Padre para el colegio La Asunción, que lo terminé al año siguiente de su venida a Concepción. Otros trabajos importantes son los que he hecho para la parroquia La Sagrada Familia en Las Canchas, donde tengo tres santos. También, cuando fui a exponer a la Universidad Católica de Valparaíso, me compraron un mural.
 
¿Cuáles son sus planes?
Si fuera posible, poder recorrer el país mostrando mis obras, ya que las exposiciones de madera son poco conocidas. Me gusta que vayan los colegios y lo vean los niños, porque es un arte hermoso, que está muy relacionado con los recursos naturales de nuestro país, pero que está pasando de moda.

 

 

“Al principio, cuando vendía mis trabajos, en vez de estar feliz, me sentía mal porque era algo muy personal, y la verdad es que hasta ahora me sucede lo mismo. Les dedico tanto tiempo que hasta sueño con ellos y me encariño inevitablemente”.

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