Terra Incognita Autralis fue el nombre que le dieron los griegos hace más de dos mil años, a lo que es hoy el Continente Antártico. Por ese entonces, pensaban que en el hemisferio sur debían existir grandes porciones de tierras como una manera de compensar las existentes en su propio hemisferio. Esta tierra “teórica” que imaginaban los griegos, fue finalmente descubierta hace tan sólo doscientos años por los primeros expedicionarios que se atrevieron a explorar estos territorios lejanos.
Es así como la Antártica se constituyó en el último continente en ser descubierto. Su toponimia se deriva del vocablo arktikos que significa “de la osa” que alude a la constelación boreal llamada Osa Menor en la que se encuentra la Estrella Polar que señala el Polo Norte. Como estas tierras se ubican exactamente en el extremo opuesto, se le denominó antarktikos que significa “opuesto a la osa”, aludiendo al Polo Sur que se encuentra ubicado en este continente.
Con una superficie de catorce millones de kilómetros cuadrados, la Antártica es el cuarto continente más grande, después de Asía, América y África. Casi el noventa por ciento de su superficie está cubierta de hielo y alberga alrededor del ochenta por ciento del agua dulce del planeta. Es también el continente más elevado con una altitud promedio de 2000 msnm, con rasgos geográficos importantes como el monte Vinson (4900 msnm) o el monte Erebus que corresponde a un volcán activo de 3794 msnm.
Geográficamente se encuentra dividido por las Montañas Transantárticas en dos zonas: Antártica Oriental y Antártica Occidental. Esta última comprende el sector continental donde se encuentra la conocida península que se aproxima al extremo sur de Sudamérica, ubicada a sólo mil kilómetros de la Región de Magallanes, y que corresponde a la prolongación de la Cordillera de los Andes en el territorio antártico. Esta península se caracteriza por una zona de archipiélagos que alberga varios grupos de islas, como las Shetland del Sur, Orcadas y Sandwich del Sur.
Desde el punto de vista geológico, la Antártica fue parte del súper continente Gondwana que incluía, además de la Antártica, a India, África, Australia, Nueva Zelanda y Sudamérica. Gondwana, hace unos doscientos millones de años, comenzó a fragmentarse y grandes porciones de territorios comenzaron su deriva a la posición en que hoy conocemos los continentes. Por mucho tiempo la Antártica permaneció unida a lo que hoy es Australia desplazándose juntos hacia el sur.
Finalmente, hace unos sesenta y cinco millones de años, la Antártica alcanzó su separación total. Desde entonces han acaecidos una serie de procesos que modelaron su superficie y dejaron el continente tal como se encuentra en la actualidad.
Es una tierra inhóspita, fría, ventosa y seca. Sin duda un lugar de extremos, en el que en el Polo Sur, el día dura seis meses y la noche otros seis. Durante el verano austral (enero) el día tiene luz casi las veinticuatro horas y en el invierno los días permanecen en una penumbra prolongada.
Pero esta tierra inhóspita alberga uno de los lugares más sobrecogedores de nuestro planeta. Si bien es cierto, la vida humana autónoma aquí no es posible, este continente tiene una fauna y una flora alucinante. Tres de las diecisiete especies de pingüinos que existen en el mundo basan su ciclo reproductivo en este continente transformándolos en verdaderas estrellas a las que todo el mundo, que tiene la suerte y el privilegio de viajar al Continente Blanco, desea fotografiar. Lobos, focas, elefantes marinos, ballenas, petreles, albatros, gaviotas, gaviotines, entre otros, conforman el cuadro de honor de la fauna antártica.
El 1 de diciembre de 1959, en Washington, se firma el Tratado Antártico que designa a la Antártica como una región de paz y cooperación, estableciendo en un marco general que: “Es interés de toda la humanidad que la Antártica continúe utilizándose siempre exclusivamente para fines pacíficos y que no llegue a ser escenario u objeto de discordia internacional”. Chile fue uno de los doce países que firmaron este tratado.
A la fecha nuestro país mantiene soberanía en la Antártica en función de cuatro bases permanentes, ocho bases de verano y siete refugios. Dentro de las bases permanentes tiene relevancias las bases Presidente Eduardo Frei Montalva y Profesor Julio Escudero, la primera dependiente de la armada y la segunda dependiente del Instituto Chileno Antártico (INACH) ubicadas en la Península Fildes. Mención aparte merece la Villa Las Estrellas que con sus construcciones de colores y equipadas para soportar el duro invierno antártico, da vida a este gélido paisaje y alberga a las familias de los oficiales destinados, a lo menos, un año a la Península Fildes.
Sin duda que el continente blanco es alucinante y cautivador, pero al mismo tiempo duro e inclemente. Esta realidad ha hecho que muy pocos visitantes —la mayoría oficiales y científicos—, se atrevan a explorarlo. Por lo mismo, la categoría de zona prístina y poco contaminada se ha mantenida por siglos. Es de esperar que con la irrupción del turismo antártico este frágil ecosistema no se vea afectado.