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EDICIÓN | Agosto 2013

Artista onírico

Lobsang Durney, pintor y arquitecto
Artista onírico
Impresos en PVC, luces led y texturas agregadas, todo sirve para fundir la pintura tradicional y la mecanizada
de este artista porteño, en cuya obra aparecen gatos, perros, cerdos, gaviotas, palomas, gallos, ratones y especies marinas. Todos fusionados en una energética muestra de color y contenido. 

por Maureen Berger H. / fotografía Vernon Villanueva B.

Un enorme caballo se funde perfectamente con las casas, ascensores, escaleras, botes, planchas de zinc y recovecos de algún cerro porteño, dando lugar a un ser nuevo que, tal como otros animales, representan en esta obra la esencia del sentir de Lobsang Durney (36), pintor orgullosamente enamorado de Valparaíso, que no se agota de plasmarlo en sus cuadros.
 
“El arte debe explicarse por sí mismo”, sostiene varias veces, mientras conversamos en un entorno perfecto, el Bar Farewell de Sheraton Miramar, admirando el mar porteño desde muy cerca. El artista está exponiendo en este hotel, hasta principios de julio, la muestra Animalparaíso, con el apoyo de Galería de Arte Bahía Utópica. “Los pintores modernistas del ayer quizás necesitaron explicar el por qué de su estilo rupturista. Pero desde que esto se institucionalizó, ya no fue necesario. Creo que todo ese excesivo discurso teórico, en el fondo, se hizo para decir que cualquiera podía hacer arte, aunque no supiera dibujar, porque por último iba a saber defender su obra en forma retórica”.
 
De profesión arquitecto, de la Universidad Técnica Federico Santa María, Lobsang emplea cada conocimiento técnico, matemático y del dominio del espacio en función de sus obras, que usando el óleo, a veces pinta en telas y otras en PVC. También ha ejercido su carrera universitaria, ligado al campo de la restauración patrimonial y otras áreas.
 
¿Qué eres primero, pintor o arquitecto?
Sin duda pintor, lo he sido desde muy niño, influenciado por mi papá, el pintor Luis Durney. Él se dedicó también a la serigrafía y por años tuvo junto a Liliana Sepúlveda, mi mamá, el taller Publisol en Quilpué, donde yo —desde chico— alucinaba viendo y practicando la magia del estampado, el trabajo con las tintas y las múltiples reproducciones que permite la serigrafía. Al salir del colegio, estudié construcción civil, me cambié internamente a arquitectura y, de manera paralela, hice cursos humanistas ligados a la plástica.
 
¿Y por qué no estudiaste derechamente pintura?
Estuve menos de un semestre en la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar y me salí, pues comprobé que en la academia intentan inculcarte conocimientos universales, parámetros pre establecidos muy conceptuales y ligados a épocas pasadas. Los viejos saurios enseñan lo que para ellos fueron modas. Yo no quería que me dijeran lo que tenía que hacer, deseaba expresarme libremente.
 
 
ANIMALPARAÍSO
 
Los animales marcan una tendencia en la historia plástica de este pintor surrealista. Los cerdos de Valparaíso en 2009, los Embajadores ensubidores en 2011, Transportravestivalpo en 2012 y este año Animalparaíso, son exposiciones que incorporan a gatos, perros, cerdos, gaviotas, palomas, gallos, ratones y especies marinas, entre otros, todo presente en su sitio www.durney.cl.
 
¿Cuál es tu vínculo con los animales?
Lukas dijo: “los cerros parecen retorcerse en el barro y en cualquier momento se sacuden del polvo del viento”, en el fondo quiso decir que los cerros porteños tiene vida, idea que comparto. Paralelamente, siempre me han gustado los perros y gatos y siento que no se les ha dado la importancia que merecen. Suelen ser vagos, estar abandonados y a
maltraer, no hay cultura de preocuparse de ellos. Mi manera de relacionarlos con la vida del puerto es fundiéndolos con la ciudad que habitan cotidianamente. Fusionar, a través de un espejo, a estos seres inferiores con un ente superior que es representado por la ciudad viva, dando lugar a un híbrido singular.
 
¿Qué conocimientos arquitectónicos aplicas al pintar?
Varios, por ejemplo, dentro del surrealismo me gusta que si hay un elefante que está parado sobre una casa, se note que ese inmueble está recibiendo la carga del animal, distorsionándose y curvándose por culpa del peso. O que las proporciones sean las adecuadas y que, tanto el animal como los otros elementos, estén todos bien pintados, jamás a la ligera.
 
 
DIGIÓLEO
 
Desde su muestra 10 Megapinceles, en la Ante Sala Viña del Mar (2006), Lobgsan pone en práctica lo aprendido de niño en el taller de serigrafía de la familia, experimentando con el dibujo y las posibilidades gráficas digitales. Más tarde, sin abandonar el óleo, incursiona sobre tela PVC parcialmente pre diseñada (digitalmente), buscando fundir la pintura tradicional con la pintura mecanizada. El resultado, lo expuso el 2009 en la exhibición Cerdo led.
 
“Hay diferentes procesos en esta técnica denominada digióleo. Primero hago el óleo en tonos base o blanco y negro, lo escaneo y en el computador le voy agregando elementos. Más tarde se imprime en plotter en alta calidad. En Cerdo led, y otras exposiciones, he invertido los pasos y termino pintando con óleo sobre el impreso en PVC, añadiendo textura, interviniéndolo con luces led (alimentadas con un sistema de mini paneles solares) y otros elementos que lo realzan”, explica.
 
¿Te asusta enfrentar la tela en blanco?
La verdad es que le hago el quite, me molesta. Cuando hago clases a mis alumnos universitarios o particulares, les aconsejo no partir así, pues el blanco total en la tela es súper agresivo. Además, el arte nunca tiene un punto de partida tan en blanco, tan en cero, siempre hay algo previo.
 
¿Es posible aplicar esta fusión de animales y ciudades en otras regiones de Chile?
Hoy estoy viviendo en Santiago, donde instalé mi taller. Me entusiasma pintar quizás esta ciudad de noche, cuando para el bullicio, en aquellas horas en que uno puede ser realmente dueño del espacio. Y me encantaría viajar más por el país, hoy siento que cualquier hito arquitectónico urbano de cualquier ciudad, en base a mi estilo, se puede transformar en un ser vivo plasmado en una obra.

 

 

“Mi manera de relacionar a los animales con la vida del puerto es fundiéndolos con la ciudad que habitan cotidianamente. Fusionar, a través de un espejo, a estos seres inferiores con un ente superior que es representado por la ciudad viva”.

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