En sus inicios como chef, participó en diversas competencias a nivel nacional e internacional. La primera vez, quedó en- tre los veinte mejores, en un total de novecientos profesionales de la gas- tronomía. En una segunda ocasión, en el año 2002, obtuvo el cuarto lugar de la competencia y su máximo galardón fue años después, cuando se adjudicó el tercer lugar, entre “gigantes” de la cocina.
Probablemente, el padre de Rodrigo Ahumada (36) nunca se imaginó que su hijo llegaría tan lejos. Cuando Rodrigo tenía claro cuál era su vocación, su padre se opuso y tuvo que optar por administración de empresas en la Universidad de Viña del Mar. Egresó y con título en mano, le dijo a su padre que estaba decidido a estudiar gastronomía y dedicarse a ella, con toda su pasión.
Y así fue. En la misma ciudad entró a INACAP, estudió Cocina Internacional y, además, conoció a quien hace más de diez años es su mujer, también chef profesional. “El primer año que estudié me fue muy bien, así que comencé a trabajar part time en diferentes restaurantes. Trabajé los tres años que dura la carrera ad honorem (risas), pero me sirvió mucho, aprendí bastante”, relata Rodrigo.
Afirma que el amor por la gastronomía corre por sus venas. Su abuela, mientras vivió en Los Andes, se dedicó toda una vida a la cocina. No tiene mayores recuerdos de ella, pero de lo que sí está seguro, es de la herencia que le dejó. “A los diez años, cocinaba solo y siempre tuve creatividad para preparar platos, inventaba recetas, mezclaba hamburguesas con almendras... siempre me gustó”.
Al egresar de INACAP comenzó a trabajar en diversos hoteles de Santiago, entre ellos, el Sheraton, Hyatt y Galería San Francisco. “Mi objetivo era conocer las distintas cocinas poderosas de la capital. Finalmente, me quedé seis meses trabajando en el hotel Radisson. Me gustó mucho porque la cocina era estilo yanqui. Acá conocí al reconocido chef Joel Solorza, que además es profesor de filosofía. El veía la cocina desde una perspectiva artística y eso me quedó muy latente... la inspiración que tenía en la cocina me llegó. Me gustó lo que expresaba con sus platos, con sus palabras”.
“En ese entonces, no existía la cocina molecular, ni la cocina en movimiento. Hoy, la
cocina es una moda, son distintos los formatos y nosotros nos vamos adecuando a ellos”.
¿Alguien más te inspiró?
Trabajé con Guillermo Rodríguez, un chef espectacular que me dejó como legado el arte de cocinar.
A pesar de que, en los inicios, Rodrigo no contó con el apoyo de su padre, al tiempo después le ofreció, incluso, financiar una especialización en cocina, pero en España o Francia.
Y ¿te fuiste?
¡No! Mi señora me motivó a que nos viniésemos a La Serena a trabajar, esto fue en el año dos mil. Postulamos, en ese entonces, al Casino de Juegos de Coquimbo, ambos entramos a trabajar, pero con el tiempo me quedé yo, porque necesitaban un solo chef.
¿Y qué pasó con tu señora?
Se ha dedicado a la docencia, hasta el día de hoy. Siempre quiso eso, es lo que más le gusta.
ARTE V/S COSTOS
En el año 2007, la reestructuración del casino trae consigo un nuevo y gran desafío para Rodrigo. Le proponen ser el chef ejecutivo de Enjoy Coquimbo. “No estaba preparado sicológicamente, ni me sentía apto para asumir esta tremenda responsabilidad, así que se lo hice saber a mis superiores. Llegó entonces como mi jefa, una compañera de curso, Náyade Jorquera. Era muy profesional, ordenada, muy recta... aprendí mucho de ella”.
¿Cómo fueron esos años trabajando juntos?
Trabajamos cinco años juntos y obtuvimos importantes logros gastronómicos, como los siete tenedores del restaurante Oire. Aprendí de ella el trabajo en equipo... después, Náyade postuló al Enjoy de Chiloé y en marzo del año pasado se fue.
Con su ida, ¿viene un nuevo desafío para ti?
Con todo el tiempo que pasó, ya me sentía preparado para estar a cargo del personal y de las distintas cocinas del Enjoy. Lo tomé con altura de mira y con posibilidades de crecimiento no solo personal, sino por todo el equipo de trabajo.
Asumes, entonces, como chef ejecutivo
Así es. Fui ascendido formalmente en enero de este año.
¿Cuántas personas integran este equipo?
Son ocho chef y ciento cuarenta profesionales en total.
¿Y todos en la cocina?
(Risas) Es que son siete cocinas distintas, por eso es que tomar un desafío así no es llegar y hacerlo; además, un chef no está orientado solo a la cocina, sino también a los costos. Debemos manejar muy bien los números, para que la cocina sea eficiente.
¿Tienes que recorrer todas las cocinas durante el día?
Sí. Entre una cocina y otra hay una cuadra (risas).
¿Cuál fue tu primer aporte a este cambio?
Crear una nueva carta en restaurante La Barquera. Todos participamos, porque mi objetivo era incorporarlos en el arte de cocinar.
¿Qué marca la diferencia?
A la mayoría de nuestros clientes les gusta lo convencional. Un chupe de jaiba, por ejemplo, tiene que estar en la carta... no tiene competencia, tal vez presentado de una manera distinta, con otros sabores, pero tiene que estar el producto. Los pescados son infaltables en nuestra carta.
¿En qué se inspira la propuesta?
Es una propuesta de la fusión ítalo-mediterránea. Mucha pasta. Usamos productos de origen ciento por ciento italiano. Este formato ha cautivado a nuestra clientela, así como también las pizzas, pescados y mariscos. Incorporamos también productos regionales como la papaya, el choclo, etc.
¿Cómo han sido estos meses?
Ha sido muy duro. Nuestro fuerte son los eventos de fin de año; contrario a lo que se cree, el verano es más relajado. En un servicio de evento no puede existir margen de error, debe salir todo perfecto.
¿Cuáles son tus prioridades hoy?
Por ahora, hacer un cambio en la cocina del restaurante Hanami, crear una cocina de vanguardia asiática. Que sea más atrevida, trabajar con sabores tailandeses, frutas, picante, salado, ácido, hacer mezclas para que nuestros clientes queden impactados.
¿Cuál ha sido la mayor crítica que has recibido?
Preparar un plato que pude sacar en el momento, pero que en eventos masivos resulta muy difícil. Para diez personas está bien, pero para quinientos ¡no!
¿El mejor piropo?
Ser tercero en la competencia de chef a nivel nacional. Competí con personas veinte años mayor que yo en experiencia y fui el único de la zona norte que clasifiqué.
¿Piensas jubilar en la cocina?
Sí, pienso independizarme en unos diez años más. Por ahora me falta mucho por aprender. Mi idea es quedarme en La Serena.
MENÚ DEL CHEF
Rodrigo, además del arduo trabajo que le ha significado asumir como chef ejecutivo del Enjoy, se da el tiempo para cultivar, entre los estudiantes del Instituto Juan Bohon de La Serena, toda su experiencia y conocimiento. Hace diez años se dedica a la docencia, incluso afirma que tuvo el honor de crear la malla curricular de la carrera Cocina Internacional de este establecimiento y estar a cargo, por cuatro años, de su jefatura. “Que mis alumnos sean reconocidos en el medio, es una gran satisfacción y un logro personal”.
¿Un chef trabaja más de lo normal?
En lo personal, tengo horario libre. Yo soy dueño de mis tiempos, lo importante es organizarse.
¿Hay tiempo, entonces, para compartir con la familia?
Si mi señora no fuese chef, ya no tendría esposa (risas).
Cuando los demás disfrutan, ustedes trabajan...
Año nuevo, Navidad, dieciocho de septiembre, día del padre o de la madre... nosotros trabajamos, pero se aprende a vivir con eso.
¿Qué plato no pondrías nunca en una carta?
Las pantrucas, lo siento pero no me gustan, ¡next!
¿Tu favorito?
Los curry... los picantes dulces ¡me encantan!
¿Cocinas en tu casa?
En casa de herrero, cuchillo de palo. En la casa somos anti cocina. Prefiero comprar comida china o un pollo asado (risas). El gran drama de los cocineros es buscar una alternativa de comida en tu propio hogar.
¿Pero habrá alguna ocasión para lucirse con los amigos?
La verdad, no mucho (risas).
¿Tu hijo, tiene también los genes de la gastronomía?
¡Sí! (se cubre el rostro) Hace alfajores, galletas de Navidad... pero ¡no, por favor!
¿Por qué?
Porque es un trabajo incomprendido.
Pero a ti te ha dado grandes satisfacciones
Es cierto, en esta zona me he sentido muy reconocido.
¿Aún piensas estudiar en el extranjero?
Más adelante me gustaría ir a España o Francia. Allá están las mejores escuelas de gastronomía.
¿Has tenido la posibilidad de viajar?
He viajado harto por Sudamérica.
¿Te han ofrecido otros trabajos?
Muchos, pero acá me han tratado muy bien.
¿Qué te hace tan cotizado?
La trayectoria y la alegría. Es gratificante hacer lo que me gusta. Soy feliz y me siento muy privilegiado que, además, me paguen por mi pasión.
¿En qué piensas cuando cocinas?
En la libertad... cuando cocino me libero.