Aprovechamos de juntarnos, para esta entrevista, en una de sus tardes de entrena- miento que realiza en el complejo deportivo del Colegio Inglés Católico de La Serena, club al que pertenece y donde ejercita sema- nalmente. De inmediato nos da la impresión que, pese a lo grisáceo de su cabellera y barba, demuestra menos edad de la que tiene. Confirmamos y, efectivamente, sus setenta y ocho años no han pasado sobre él.
Se vino desde Santiago el año ochenta, producto de la faringitis obstructiva de su hijo. Siendo esta su prioridad y buscando un mejor lugar para vivir, en el trabajo le dieron la posibilidad de un traslado a La Serena, así que conservó su cargo de contador general de la entonces Compañía de Teléfonos, esta vez alejado del esmog.
Arribó sin ni siquiera conocer esta ciudad y hasta la actualidad no se arrepiente. Su hijo se recuperó, ahora vive y trabaja acá. “Tomamos una buena decisión y la asumimos en plenitud”, afirma Rubén Urrutia. A su edad sigue vigoroso, tenaz y optimista, cosechando una carrera a la tercera edad.
¿Cómo fue el cambio de la capital a La Serena?
Fue drástico. Veníamos con una actividad rápida y ágil, un dinamismo muy diferente al que, en ese entonces, tenía la ciudad colonial. Cuando llegamos era tal cual como ver Londres; el estilo de vida, la arquitectura y esos faroles que había eran muy hermosos, alumbraban poco, pero era como un espectáculo. Ahora ya voy a cumplir treinta y cuatro años acá.
¿Cómo pasó de la oficina al deporte profesional?
Cuando llegas a esta edad, te das cuenta de los cambios que ha tenido la sociedad y con eso fui obteniendo una visión clara de cómo iban evolucionando las cosas. Dejé de trabajar y tuve que pensar qué hacer, ya que jubilar, significaba buscar una oportunidad; tuve que tomar una decisión. Busqué una filosofía de vida que me hiciera seguir creciendo.
¿Encontró en el deporte esa satisfacción?
En la vida hay dos formas de pasarla bien: pasar la vida y vivir la vida; yo opté por vivirla, haciendo lo que me gusta. Ese algo que nos permite levantarnos al otro día, eso encontré en el atletismo. En cambio, los que solo pasan por la vida no la disfrutan.
¿Cuándo más joven también practicaba?
Creo que en la naturaleza del hombre es innato el deporte. Siempre he tratado de mantener un buen estado físico y practicaba en cada momento que podía. Participé mucho en las jornadas inter escolares; jugué fútbol, básquetbol e, incluso, hice natación.
En su afán atlético, ¿fue sintiendo el paso de los años?
El deporte me permitió conocer mi cuerpo. Llegó un minuto en que tuve que dejar el fútbol, ya que
era muy traumático. Cuando avanzan los años, los golpes y caídas suman por dos. Pasé al baby fútbol, pero era más fuerte; llegué al tenis, sin embargo, siempre dependía de un partner y eso me frustraba. Sé que ya no soy el joven de antes, por eso busqué algo a más transversal.
CORRIENDO AL TRIUNFO PERSONAL
Con doce años entrenando y compitiendo, Rubén siempre ha tenido clara su adicción a la competitividad, eso sí, mirada desde su propio punto de vista. Por eso ya ha participado en varias competiciones que lo han dejado dentro de los primeros lugares del podio. Inclusive, en agosto tiene un campeonato nacional en Antofagasta, para el cual se prepara, mientras no descarta llegar al mundial en Brasil, en octubre próximo.
¿Siempre pensó en competir?
Desde niño he sido competitivo, por eso me fui directo al atletismo profesional. El club donde di mis primeros pasos era afiliado a otros y eso me permitió participar en zonales y nacionales.
¿Es perfeccionista?
Fíjate que no, si uno quiere ser sobresaliente tiene que mejorar constantemente y eso se logra con entrenamiento y comportamiento. Cuando tengo que ganar no es destronar al otro, sino mejorar para ganar.
Con tanta exigencia, ¿ha tenido alguna complicación de salud?
Tuve que modificar mi forma de alimentación porque hace unos años me dio un infarto al corazón y tengo un bypass. Por suerte, me dejaron impecable; después de eso no he tenido ningún inconveniente.
¿Qué es lo que más le ha costado?
Pienso que no me ha costado mucho, con lo difícil me entusiasmo más. Dejé de trabajar por hacer lo que amo, pero pude haber seguido laborando.
¿Usted viene de una familia deportista?
No la consideraría deportista, precisamente (se ríe). Mi papá practicó equitación y mis cinco hermanos nunca fueron sedentarios. Cuando chicos jugamos a saltar, simulando cabalgar, pero íbamos sin caballo. En la zona de Parral, en verano, siempre hacíamos actividad física.
Su familia ¿qué piensa de esta nueva faceta?
Ya están acostumbrados. Si bien antes no practicaba tanto, nunca lo deseché del todo. Mi señora me conoció en un estado atlético; en ese entonces era bailarín en un grupo folclórico, donde llegué a ser una de las primeras figuras del cuadro. Siempre compitiendo.
ATLETISMO MÁSTER
Pese a ser muchas veces desconocida, esta disciplina ha ido tomando cada vez más espacio en el deporte. Es que personas adultas, incluso de la tercera edad como es el caso de Rubén, están demostrando que al paso de los años queda mucho por hacer. Lamentablemente, como señala este deportista local, el apoyo institucional sigue siendo nulo, ya que los propios competidores deben costear el total de sus indumentarias, entrenamientos y viajes.
¿Por qué eligió las pistas atléticas?
Miré hacia el pasado y recordé lo bien que me iba en el colegio y lo destacado que era por mis habilidades deportivas. Pensé que desde ahora se me daba la posibilidad de realizar lo que no pude hacer mientras estaba activo en el trabajo. Conocí unos amigos que tenían un equipo de atletismo, eso me entusiasmó bastante.
¿En qué año fue eso?
El 2000 entré al Club Atlético de Coquimbo. Un año después de jubilar comencé con esto.
¿Cómo es su vida de entrenamiento?
Contamos con un equipo importante, constan- temente nos estamos preparando para competencias. Practicamos tres veces por semana, pero, muchas veces, durante los otros días seguimos en línea a un ritmo menor, la idea tampoco es fatigarnos ni dañarnos. Sin embargo, los fines de semana son sagrados, dedicados de lleno a mi familia.
¿Cuál es su especialidad?
Yo estoy en la categoría setenta y cinco años. Las carreras que me gustan son los trescientos metros vallas, también me agrada la velocidad, incluso he sido campeón nacional en los doscientos metros planos. También he ganado en los trescientos y en los ochenta metros vallas.
¿Algún otro triunfo?
Siempre quedo dentro de los primeros lugares. Fui campeón sudamericano en Argentina el 2008 en los trescientos metros vallas, donde también obtuve plata y bronce. Partí en Montevideo, el 2004, mi primer sudamericano, allí saqué el tercer lugar en posta; continué en Brasil, el 2006, cuando logré dos terceros lugares, y en nacionales, ya perdí la cuenta de lo que he obtenido.
¿Qué falta para desarrollar mejor el atletismo máster?
Acá en Chile falta gente que dirija como corresponde. He sido presidente de varios clubes, también director de la FEMACHI (Federación de Atletismo Máster de Chile) y en la asociación de la región de Coquimbo estoy de secretario, me gusta esa misión. Por eso sé que los inconvenientes están arriba.
¿Si pudiera, cambiaría algo en su vida?
Cuando hay mayor conocimiento, tienes más formas de pensar. En este mundo todo es práctica, si tú ejercitas lo que sea, serás mejor que antes. Si volviera a nacer, pienso en forma utópica, no cambiaría nada porque tienes que vivir para poder desarrollar y determinar las cosas en su justa medida. A mi edad, estoy viviendo a mi pinta y de manera muy intensa. Soy feliz.
¿Se considera un ejemplo para la tercera edad?
Creo que sí. Mis amigos me dicen “me gustaría estar como tú”, pero qué les falta: voluntad. El que quiere adelgazar dice el lunes empiezo y ese día no llega nunca. El deporte es un aprendizaje y para eso es necesario energía. Pienso que el futuro es el presente y eso me llena la vida.