En la capital de la región del Libertador, todavía hay algunas puertas de casonas patrimoniales que están allí, desde el siglo pasado; otras, desde mucho antes. Estas puertas —que quizás usted que vive en Rancagua ha visto por el casco antiguo y otras zonas periféricas— cuentan una historia que lo más probable es que quienes viven en las casas que las acogen no la sepan.
Don Guillermo Drago, un gran historiador de esta zona, forma parte del Consejo de la Cultura, además de ser martillero y escritor, es el único que sabe el valor histórico de estas puertas que fueron el acceso a diferentes historias, casi todas enlazadas con la Batalla del Desastre de Rancagua, una de las más potentes que vivió nuestro país durante la Patria Vieja, y la que cambaría el rumbo de la historia de Chile al iniciarse el período de la Reconquista Española.
El tiempo se ha encargado de que el significado de estas casas, junto con sus puertas, se olvide. Las casas se demuelen y las puertas se deterioran para terminar en demoliciones, que don Guillermo recorre para rescatarlas. Aún se pueden ver en su oficina, en el centro de la ciudad, algunas de estas. Allí, en una casona antigua, tiene no solo puertas que datan de los años mil seiscientos, sino que además la colección más grande y única de postales antiguas de la zona, cinco mil libros, la colección entera del Peneca, y libros escritos en la época de la Unidad Popular y que supuestamente fueron quemados durante la dictadura. Además, muebles y objetos antiquísimos, como una serie de maletas, vitrolas de todos los tamaños, cientos de vinilos, teléfonos, enlozados, máquinas de escribir, entre muchos otros.
EL EMISARIO
En este contexto, el investigador nos cuenta los secretos que guardan algunas de las puertas que aún quedan en Rancagua. “Estas fueron el acceso de muchas historias, como por ejemplo aquella que está en una casa ubicada en la calle Bueras con Cuevas, al frente de la Plazuela de los Enamorados. Se dice que por esa puerta escapó el emisario que mandó O’Higgins, llevando con él un importante mensaje para el general Carrera, en donde comentaba la situación y la urgente necesidad de refuerzos”.
SE DEMUELE
Asimismo, existen las puertas coloniales que son de la época de la batalla de Rancagua y que se pueden ver en la casa, que era de la familia de don Rafael Álvarez Castro, ubicada en la calle Germán Riesco. “Esta fue una familia muy influyente de la ciudad, y esas puertas tienen tremenda historia; por los años de existencia. Lo importante es que la casa, hasta hace seis o siete años atrás, se mantenía tal y como era en la época de 1840. Lamentablemente, supe que la remataron y pronto la van a demoler”. De esta forma cuenta el historiador que este inmueble estuvo en uno de los primeros solares —cuadras— que hubo en Rancagua y que, por lo mismo, tuvo gran importancia, ya que en este también vivió mucha gente de renombre de la ciudad. “Aquí se hacían las tertulias, y durante un tiempo incluso vivió el maestro y gran poeta rancagüino Óscar Castro”.
DEL MUSEO
Por su parte, las puertas de las casas del Museo de Rancagua se abrían y se cerraban para las reuniones de los patriotas durante la Reconquista. “Las historias de estas tertulias dieron paso para que el escritor Óscar Castro escribiese el poema El romance de los veinte conspiradores, maravilloso escrito”. Asimismo, la puerta que está a la entrada de la casona del Ochavo —parte del museo— es muy importante, ya que por ahí pasó el mismísimo O’Higgins durante la batalla, aquí se cobijó y se encerró durante días cuando avanzó Mariano Osorio para adentrarse en la ciudad. “Además se dice que aquí vivía la señora Corina Monte Real que, según cuenta la historia, era “pinche” de O’Higgins, pero al parecer también lo era del general Carrera...”.
CUARTEL GENERAL
Las puertas de la Casa de la Cultura están desde que esta fuese propiedad del primer diputado de la zona, don Fernando Errázuriz, en 1811. “Esta casa albergó el Cuartel General del Estado Mayor del coronel realista Manuel Osorio durante el sitio de Rancagua”. La Casa de la Cultura, que hoy se puede ver en la esquina de la calle Cachapoal con Millán, y que se mantiene cerrada por los trabajos de reconstrucción luego de haberse visto muy afectada por el 27F, tendría hasta hoy, supuestamente, las puertas de la época hechas por el año 1740. Era parte de la Estancia del Carmen, la que en sus inicios era bastante más amplia que la estructura que se ve en la actualidad, ya que la de hoy corresponde solo al ala norte de esta.
IGLESIA DE LA MERCED
Las puertas que alberga esta iglesia están desde antes de la época de la batalla, y fue por allí que O’Higgins subía las escaleras hasta el campanario para ver si venían las tropas enemigas. Por aquí seguramente vio cómo avanzaba Osorio y quizás fue también aquí en donde gritó la frase que hasta el día de hoy lo recuerda: “Vivir con honor o morir con gloria, el que sea valiente, sígame”.
BRUJERÍA
El investigador, en su oficina, tiene dos puertas del siglo XVIII que estaban en una casona camino La Cruz, en donde se dice que hacían brujerías. En ese sector, aún quedan casas del 1800, que tienen puertas maravillosas, sin grandes historias, pero muy lindas. En esta zona estaba la casa de la bruja Domitila, donde se hacían aquelarres y ese tipo de cosas. “A mí me las vendió una nieta de la bruja, y ya las limpié con azufre”, (ríe).
PODRIDAS
En una bodega que tiene el investigador, también guarda unas puertas que están podridas, pero que para don Guillermo tienen gran valor histórico. Las fachadas de las casas donde estaban sí existen en la actualidad. “Esas puertas existieron para la batalla y fueron forzadas por el general Ambrosio, el segundo más importante luego de Osorio, y se dice que los patriotas que vivían en esas casas, que eran unos españoles, escondieron en una de sus murallas una caja con monedas de oro. Esa casa quedó después de la Independencia.
Lo entretenido es que por allá por 1830, después de veinte años de la batalla, llegó un español, que habló con la dueña de la casa y se la arrendó por tres meses, los que pagó de una sola vez. De repente se veía al señor ir y venir, pero dejaba la casa cerrada y nunca vivió en ella. Hasta que simplemente desapareció y no volvió nunca más. Así que la dueña forzó la puerta y al entrar se encontró con un forado en una de las paredes, en donde se veía que alguien había sacado una especie de caja...”.
EL CASTILLO
En la población Centenario se encuentra abandonado el famoso Castillo Butrón. Mandado a construir por el español radicado en Rancagua, en 1945 aproximadamente, sus puertas cuentan historias “paranormales”, según los vecinos del lugar. Esta casona era la entrada al fundo de Butrón, quien tenía una pequeña viña y dice la historia que los lugareños iban a comprar vino y se morían de miedo. Supuestamente, rondaba la propiedad el mismísimo diablo; además, desde la calle se podía ver cómo había niños muertos que colgaban en el tercer piso del castillo. Por cierto, no eran niños muertos colgando, sino las patas de jamón serrano que el dueño curaba.“Hoy el castillo fue vendido por los herederos a una constructora que lo va a demoler para hacer edificios. Yo soy parte de un cabildo que lo componen los chicos de la organización M.A.R. (Movimiento Artístico Rancagüino), para ver alguna solución como que, por ejemplo, se lograra que la casa fuese patrimonio nacional. Es una maravilla arquitectónica”.
LA HISTORIA NO IMPORTA
¿Nadie resguarda las casas históricas de Rancagua?
No, no existe eso aquí. Han demolido un montón. A nadie le importa. De hecho lo que hoy se ve de Sewell es la tercera parte de lo que era realmente.
¿Además de puertas que más ha recuperado?
Los pilares antiguos de la casa del Ochavo del Museo de Rancagua; eran de piedra, ya no existen así. Una la compró Rafael Castro y otra Ricardo Claro, debe estar en su museo.
¿Qué pérdida grande ha tenido Rancagua en términos de patrimonio?
La fábrica de conservas de Juan Nicolás Rubio, era la más grande de Sudamérica y quebró en los años treinta. Eso se debería haber resguardado. Me puedo imaginar lo que sería tener hoy, in situ, ese galpón de museo, entero equipado con máquinas del siglo XIX. ¡Una maravilla!
Aproveche y haga sus descargos
Solo decir que ojalá que este reportaje sirva para que la gente se preocupe de, por lo menos, antes de demoler algo, sacar muchas fotos y de esta manera dejar un recuerdo de aquello, y que las puertas se guarden para que las gente las conozca y sepa que son estas las que dejan entrar y salir la historia. Para entender el presente es necesario conocer el pasado.