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EDICIÓN | Agosto 2013

Tradiciones alfareras

Por Mario Henríquez urzúa, arqueólogo, Museo regional de Rancagua.
Tradiciones alfareras

Las tradiciones alfareras vigentes en nuestra región durante el momento de contacto entre las poblaciones originarias y los españoles, mantuvieron su quehacer en los años posteriores. Y si bien la introducción del torno significó una nueva manera de hacer la vasija, permitiendo además aumentar la producción, persistieron las formas y estilos decorativos de raigambre prehispánica.

A pesar de continuar las formas y estilos decorativos ya nombrados, con el transcurso del tiempo también se introducen nuevas tecnologías en el tratamiento de superficie, en la cocción y nuevas formas de las vasijas cerámicas, donde destacan la cerámica mayólica y los vidriados.
La primera es una cerámica confeccionada con torno que se cuece a grandes temperaturas y se caracteriza por ser una pasta relativamente blanda en comparación con la cerámica industrial, y por una cubierta de esmalte o vidriado basada en plomo, opacada por el agregado de óxido de estaño. Este esmaltado le brinda impermeabilidad a las piezas y sobre él, en algunos casos, se aplica la decoración.
 
Diversas excavaciones arqueológicas en la zona central de nuestro país han permitido recuperar bastantes fragmentos de vasijas de mayólica, los que corresponden, básicamente, a fuentes o platos. Hasta ahora no se ha encontrado evidencia que indique la existencia de algún centro productor de mayólica en Chile, de modo que las vasijas encontradas fueron importadas desde otras partes de América o de Europa.

 
CERÁMICA VIDRIADA
 
Durante las primeras décadas de la Colonia, este tipo cerámico fue importado desde otros puntos de América y de Europa, pero, a diferencia de la mayólica, más tarde se establecieron centros de producción en Chile para su confección local. Estas vasijas tienen superficies vidriadas que solamente se logran con cocciones a altas temperaturas. Una vez cocidas las piezas, se sumergen en un baño con una mezcla de sulfuros de estaño, plomo y sílice, cociéndolas posteriormente para lograr su vidriado y, con ello, eliminar la porosidad de la superficie.
 
Esta cerámica tuvo una amplia difusión en América, pues el vidriado permitía que las piezas fueran impermeables, y la obtención de los vidriados era más sencilla que la elaboración de las mayólicas. De excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en los cascos históricos de Santiago y Rancagua provienen varios fragmentos de vasijas, fuentes, platos y ductos de este tipo. Algunas de estas piezas fueron importadas y otras producidas localmente y asignadas tentativamente a la Ollería de los Jesuitas.
 

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