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EDICIÓN | Agosto 2013

El señor de las piedras

Vicente Gajardo, escultor
El señor de las piedras

En pleno campo, sector Doñihue, región del Libertador, vive Vicente Gajardo. Aquí está su casa y su taller. Nada más impresionante que estar en este lugar, y nada más enriquecedor que conocer y conversar con este grande de la escultura en Chile y en el mundo.

por María José Pescador D. / fotografía Danny Bolívar U.

áginas y páginas son las que contienen el currículum de Vicente, quien se ha destacado por sus enormes esculturas en piedra. Podemos decir que ha ganado dos veces el premio Altazor de las Artes Nacionales, el premio Nacional de la Crítica, que ha expuesto en todas las galerías y museos de Chile, además de España, Perú, Nueva Zelanda, Alemania, Canadá, Hungría, Italia, Rusia, Finlandia, México, Francia, Japón, Argentina, y Portugal, entre tantos otros.
 
Pero para llegar a ser tan reconocido en este arte, Vicente tuvo un arduo camino. Nació en Tomé, región del Biobío, allí vivió su infancia, para luego estudiar arte en la Universidad de Concepción. “No tengo mucha claridad de dónde viene esta veta, pero lo que sí recuerdo es que mi familia, por un tema de vivir alejados de la ciudad, lo hacían todo de forma artesanal. Mis abuelos eran artesanos, que creaban ellos mismos todos sus enseres: construían sus herramientas, arados, yugos, además tejían. Eso me llamaba profundamente la atención”.
 
En la universidad, y luego de incursionar en la pintura, conoció el arte de la escultura y con esta la curiosidad sobre la forma nació espontáneamente. “El descubrir que en este hacer sencillo, casi artesanal, hay algo de gran valor, fue muy gravitante”.
 
Así estudió, por ejemplo, el trabajo de Henry Moore o Constantin Brancusi, escultor rumano considerado el pionero del modernismo. Con el tiempo, a Eduardo Chillida, escultor vasco, considerado uno de los más destacados del siglo XX. “Su concepto es de una escultura abierta, la escultura de la calle, que tiene un poder más allá de lo estético”.
 
De esta manera, y junto con el descubrimiento de más artistas e investigando, el crecimiento de Gajardo fue monumental. “Este espacio es muy definido, va creciendo de manera en que voy descubriendo cosas y va variando. Hay miles de artistas que me interesan”. Dentro de estos, sus maestros Eduardo Meissner y Enrique Ordóñez, quienes, según dice en uno de su catálogos, lo inclinaron hacia un arte abstracto. Un arte de la piedra que proviene de la madre tierra y que la trabaja en grandes bloques que interviene, pero con respeto, dejando que, en cierto modo, se vea la irregularidad o la forma primitiva del material. Otras veces trabaja con el ensamble, y en sus colecciones hay un potente encuentro con la repetición, la escultura hecha una y otra vez de la misma forma, y el volumen.

 
EL SILLAR Y LA CANTERA
 
Como él mismo lo describe, su opción ha sido distinta: “Yo he optado por otra cosa que quizás muchos artistas no ven como elección, que es el no conceder, por lo que he tenido la fortuna de poder vender mi obra o ganar concursos con lo que yo he querido hacer, no con lo que otros quieren que haga. Así, he tenido la oportunidad de hacer varias cosas porque ya llevo treinta años en la escultura”.
 
¿En qué minuto la piedra?
Fui uno de los primeros alumnos en salir de la Universidad de Concepción. En ese entonces, la escuela era bastante modesta y lo único que teníamos para trabajar era greda y la piedra que nosotros mismos íbamos a buscar en carretillas. Y aunque no pude en ese entonces trabajar la piedra como yo quería, busqué otros caminos.
 
¿Por qué llegaste a Doñihue?
Quise trabajar en una cantera, y llegué a trabajar con los canteros de La Rinconada de Doñihue. De esta manera pude conocer los sillares, piedras de gran tamaño que deben retirarse con maquinarias. No fue nada de fácil, por la rudeza de los trabajadores.

 
LA INDIFERENCIA DE LA OBRA
 
Varios libros y catálogos han escrito sobre las diferentes colecciones y obras de este escultor, y en donde se aprecia el verdadero trabajo de este hombre. Un trabajo que empieza por un estudio del terreno de la zona y la cultura de la gente donde se erigirá la labor. Además de un sondeo del área en donde se extraerá el material. Vicente realiza dibujos y una maqueta real en tamaño pequeño de cómo va a ser la obra definitiva. “La escultura depende mucho de la forma de la extracción, hay un respeto por la característica formal de la piedra. En el norte se extrae de forma cuadrada, no tiene curvatura como la de Doñihue. Hay que partir desde la esencia”.
 
Hoy Gajardo trabaja en el proyecto MURO, obra que se adjudicó a través de un concurso realizado por el MOP el 2012 y que se emplazará en Copiapó. Debe estar lista el septiembre de este año y tendrá una dimensión de veinte y cuatro metros de largo, por nueve de alto y tres metros con cincuenta centímetros de ancho, además de un peso cercano a las quinientas toneladas de mármol travertino extraído en Calama. (www.vicentegajardo.cl).
 
¿Cuál fue la referencia en que te fijaste para proponer MURO?
Tomé como referencia los vestigios arquitectónicos preponderantes a lo ancho y a lo largo del norte grande. Como las construcciones en piedra y adobe que fueron utilizadas en las quebradas altas con elementos propios del medio y que hasta hoy perviven como testigos inmóviles de nuestra historia. De allí son mis referentes más cercanos: de las chullpas de piedra y adobe, de los pukará y construcciones públicas, habitacionales, ceremoniales y mortuorias, de los pueblos primarios del norte.
 

“He optado por otra cosa que quizás muchos artistas no ven como elección, que es el no conceder, por lo que he tenido la fortuna de poder vender mi obra o ganar concursos con lo que yo he querido hacer, no con lo que otros quieren que haga”.

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