Tiene noventa años, la memoria intacta y, en su antebrazo, lleva tatuada la historia más triste de la humanidad: el Holocausto. Su paso por los campos de concentración y exterminio de Auschwitz y Birkenau solo por ser judía, forjó en ella un carácter fuerte y aguerrido, que sería clave para sobrevivir a los horrores de la guerra y reconstruir su vida fracturada en Chile. En estas páginas, un canto a la vida, un ejemplo de resiliencia y fortaleza inquebrantable, contados en primera persona.
Vivió todo el 2015 recorriendo Chile arriba de una combi. Su objetivo era descubrir qué hacía felices a los chilenos. En el camino se encontró con grandes personajes, con historias marcadas por la simpleza, la no competencia y la sana relación con el entorno, pero también con un país distinto, con uno que lo hizo replantearse su propia vida. Y que lo hizo ser mucho más feliz.