Junto a su socia, la profesora de literatura Daniela Colombo, decidieron convertirse en libreras. En tres meses y a pulso levantaron Punto & Coma, una librería sin grandes aspavientos, cuyo norte era desafiar a la lectura en una sociedad con cada día menos tiempo para leer. No ha sido fácil, sin embargo este año se ganaron un Fondo del Libro que incluyó un ciclo de charlas con diversos escritores. Sin esa inyección de capital, hubieran tenido que bajar el telón. “Nadie abre librerías hoy en día, porque no es negocio”.
Deben su nombre a que se hicieron grandes cuando debutó el nuevo milenio. Para algunos no son más que un montón de niños malcriados; para otros, una generación que sabe vivir, empoderada y astuta. ¿Cómo son nuestros jóvenes y para dónde van? Aquí algunas respuestas.