Así se iba a llamar su marca, pero le aconsejaron que usara su nombre. Un nombre que, a punta de esfuerzo y tesón, ha dejado huella en las pasarelas con un discurso digno del mejor tesista. Sus colecciones Dulce patria, Inmersión y Pájaros de fuego han llamado la atención de blogueras, editoras de moda y periodistas especializados, al punto que ya está diseñando su próxima apuesta que presentará en el Fashion Week de Nueva York. Y eso que apenas tiene veinticinco años.
Así reciben a sus fieles clientes, quienes han encontrado en este encantador bar-restaurante una segunda casa. Fundado hace más de ochenta años, se han convertido en lugar de encuentro de los viñamarinos y punto obligado para quienes visitan la ciudad. Gracias a su buena atención, preparaciones típicas caseras y una decoración que, sin quererlo, parece más bien un museo lleno de historias y recuerdos.