Tiene veinte años y una creatividad que le sale por los poros. Creció con la magia a flor de piel entre largas estadías en Chiloé. Creció con sus historias, sus cuentos, sus mitos y leyendas. Creció mirando el bosque lluvioso, montando a pelo y alimentando su imaginación. “De niña siempre escuchaba que las conchitas guardaban a la Virgen en su interior o que no se podía sacar un palo de la playa porque a lo mejor era un tablón del Caleuche”.
Más que playa, este balneario sorprende con atractivos gastronómicos, culturales y hoteleros que no rompen con la paz y el alto estilo que le ha caracterizado desde siempre.