Producen agua “prístina”, como le gusta adjetivar a su creador. Tiene calidad de montaña, es decir, es como agua de vertiente, pero sin contaminación de la agricultura o la minería. No necesita cloro y puede ser obtenida en cualquier lugar. Todo lo que se necesita es aire y esta máquina, desarrollada por tres profesionales chilenos, que reproduce el ciclo del agua en su interior.
La vieja puerta de entrada a la ciudad de la luz, frente al canal de L’Ourcq, antiguo lugar de desembarco y abastecimiento de los parisinos, es hoy el punto de partida de un casual y sencillo panorama para hacer en familia. Al norte, justo antes de que termine la capital, el Barrio XIX supo reinventar sus viejas construcciones y transformarlas en atractivos focos de diversión y cultura. El baile, el arte, la comida, el café, la música, los deportes acuáticos, el cánopi, las bochas y el ajedrez son algunas de las opciones para pasar un día con historia.