Parece un sueño vivir de lo que apasiona, pero en Latitud 90 pudieron hacerlo. Y para eso Felipe Howard y Alberto Gana han pasado de todo: desde proyectos que fracasan hasta grandes ideas, socios que entran y salen y la dolorosa y sorpresiva muerte de uno de los suyos. Pero todo ha sumado en el aprendizaje para transformarse en una empresa que no ofrece viajes, sino que experiencia. De esas que se atesoran por siempre.
Deben su nombre a que se hicieron grandes cuando debutó el nuevo milenio. Para algunos no son más que un montón de niños malcriados; para otros, una generación que sabe vivir, empoderada y astuta. ¿Cómo son nuestros jóvenes y para dónde van? Aquí algunas respuestas.