En el camino de esta artista visual se apareció la cerámica gres y con ella una vuelta mágica a lo originario. Una materialidad que la conectó con lo más propio de nuestra tierra y que por estos días la lleva a París, a representar a Chile en la exposición Art in Action.
Se dice que Julio Cesar peleó para tenerlas y que su belleza era tal que los romanos las bautizaron como “Las Islas de los Dioses”. En la Edad Media, distintas órdenes religiosas, cautivadas por la quietud y la cercanía de sus paisajes, levantaron allí sus monasterios; pero el silencio terminó con la llegada de los piratas, quienes rápidamente se volvieron una amenaza, obligándolos a partir. Recuperada la paz de antaño, la clase alta española de los sesenta regresó a este paraíso marítimo para descansar y, después de cinco décadas de turismo, la pureza de sus playas sigue cautivando a miles de personas que buscan un espacio de calma, a menos de una hora de la ciudad.