Llegó del viejo mundo para quedarse. Con sangre inglesa y de Nueva Zelanda, Jane logra impactar a cualquiera con sus dibujos coloridos y creaciones, que van desde cojines, piedras y hasta cucharas de palo pintadas.
Fue un monasterio de los jesuitas, hasta que la familia Ovalle decidió comprar la propiedad que ya llevaba unos años abandonada para crear un hotel de lujo. Aquí en la región del Libertador se encuentra lo que fuera un santuario convertido en un divertimento para toda la familia.