Su arte es tan único y tan fino que nadie podría creer que sus esculturas están hechas de clavos, tuercas, y todo tipo de desechos de fierros que consigue en desarmadurías y bodegas de chatarras. El resultado, cuadros con personajes espectaculares y pequeñas figuras que surgen de su eterna imaginación, esa que nace en el taller que creó en su casa en San Francisco de Mostazal.
Infaltable como todos los años es esta fiesta que, por sexagésima quinta vez, se vivió a fines de marzo, en la Medialuna de Rancagua, pero que sin dudas es comentada en todo el país, sobre todo por los adeptos a este deporte que durante todo el año se preparan para llegar a este tremendo evento de la región del Libertador. Aquí, una muestra de lo mejor de nuestras tradiciones: artesanía, gastronomía típica, juegos criollos, folklor y mucho, pero mucho rodeo.