Su sueño era recorrer el mundo sobre una tabla de surf. Algo que, finalmente, ha logrado descorchando botellas. Vendió confites, fue salvavidas y colectivero, antes de ser elegido mejor sommelier de Chile, en dos ocasiones. Fiel a sus raíces, desde hace un año y medio es propietario de una tienda de vinos en Pichilemu, balneario en que creció, entre las olas y el viento, y al que espera aportar con los mejores aromas y sabores de su oficio.