Abandonó Santiago y una vida donde todo estaba resuelto para radicarse en la ruta a las Termas El Flaco en la precordillera de San Fernando. De acarrear treinta y seis llaves en subolsillo hoy despierta junto al río Tinguiririca sin ninguna. Este desprendimiento simboliza el acto que redefinió su norte; “nada en mi casa vale la pena de ser robado. Debemos regresar a vivir solo con lo esencial”. Un programa de televisión lo sacó del anonimato y actualmente debe ser el anti-gurú más visitado de Chile.