Desde muy niño lo cautivaron los colores, las formas y la música. Siguiendo su propia intuición, desarrolló en el tiempo un estilo particular que hoy es reconocido en la región. No tiene moldes establecidos y le gusta experimentar con sus ideas. Así puede montar creaciones en vivo con sus cuerpos pintados, relajarse dibujando mándalas o simplemente componer música en su taller. Un caleidoscopio creativo que quisimos conocer.
Tiene un poco más de diez mil habitantes, y está ubicado a mil metros de altura. Todos los años llegan unos quinientos mil devotos a sus fiestas religiosas, a venerar a la Virgen del Rosario... a la “Chinita”. El fervor religioso se mezcla con la minería, su principal actividad económica. Los vecinos han sabido cultivar estas dos características, que trazan el desarrollo de su historia y ofrecen una ruta turística que trasciende en la cultura regional.