Los compra como chatarra, desmantelados, completamente destruidos y los convierte en lo que alguna vez fueron: unos lujosos autos de la época. Aunque este reconocido empresario no lo reconozca, su taller es un verdadero museo. Hace cinco años, una nueva manera de ver la vida lo llevó a incluir esta afición dentro de sus prioridades y, desde entonces, ya ha restaurado diez autos. Su único propósito, tal como él afirma, es “salvar estos cacharros” y el destino de este tesoro no le preocupa, pues está seguro de que algún día quedarán en buenas manos.