Esta carismática suiza, que esquía tocando el acordeón como si nada y que fuera instructora del clan Kennedy, divide sus días entre St. Moritz y Portillo hace más de treinta años. Hoy es considerada como una de las figuras más icónicas y esenciales en la historia del esquí en Chile. No por nada fue la primera mujer en unirse al equipo de instructores del centro invernal nacional.
De su padre, Eduardo Rojas, pionero anticuario de la zona, Elsa y Miriam heredaron su oficio y cientos de valiosas piezas cargadas de historia e identidad. Hace más de dos años, cada una formó su propio negocio, decididas a continuar con un rubro del que, simplemente, se enamoraron. Hasta aquí llegan coleccionistas, decoradoras, niños, adultos y matrimonios jóvenes en busca de un objeto único, curioso, pero más aún, con un origen especial.