Hace dieciocho años inició un proyecto de vida en un rincón de Quilimarí. Rodeada de naturaleza y sintiendo que este era un punto de partida, instaló, junto a su marido, un centro de retiros para quienes necesiten recargarse, descansar y estén buscando un sentido a su existencia.
La apuesta por el turismo hace años que se expandió más allá de la oferta veraniega de playas y sol en la región de Coquimbo. La industria sin chimenea miró hacia los cielos más limpios del planeta para encontrar respuesta a la necesidad de atraer visitantes durante todo el año, venidos de todo el mundo y sin importar la estacionalidad.