La distancia, las pérdidas y finalmente las ganas de vivir la vida de manera total, llevaron a esta ingeniera a dejar los números y tomar los pinceles. Encontró en el realismo la manera de expresar su arte y en escenas cotidianas el espacio para echar a volar su imaginación.
La vieja puerta de entrada a la ciudad de la luz, frente al canal de L’Ourcq, antiguo lugar de desembarco y abastecimiento de los parisinos, es hoy el punto de partida de un casual y sencillo panorama para hacer en familia. Al norte, justo antes de que termine la capital, el Barrio XIX supo reinventar sus viejas construcciones y transformarlas en atractivos focos de diversión y cultura. El baile, el arte, la comida, el café, la música, los deportes acuáticos, el cánopi, las bochas y el ajedrez son algunas de las opciones para pasar un día con historia.