Su especialidad no es de las más comunes: enseña Lengua de Señas. No escucha, pero tiene una mirada que traspasa las barreras. Hablar con ella a través de las manos es casi mágico y nos demuestra que podemos comunicarnos de mil maneras y formas. Y si para el Principito lo esencial es invisible a los ojos, aquí entenderemos que, en realidad, lo esencial supera todos nuestros sentidos cuando nos toca el corazón.
Me encontraba a orillas del lago Pehoe en el parque nacional Torres del Paine, impresionado con los colores del cielo en un atardecer maravilloso. Un sonido de pisadas sobre el camino llamó mi atención. Giré y me encontré con un joven que venía trotando por la orilla del camino. Le pregunté: “¿te preparas para el maratón?” y asintió con el pulgar de su mano derecha.
